sábado, 9 de abril de 2022

Time Square

Hay monumentos que no son de piedras. Hay monumentos vivo. Podríamos llamarles socioculturales. He visitado algunos en mi vida. Y no me refiero a las que se desarrollan con motivo de una fiesta como puede ser la Feria de Sevilla, el Carnaval de Río, o la Feria de la cerveza de Múnich; sino a los que se desarrollan en determinado espacio durante todo el año y que son fundamentales por las actividades que desarrollan en él las personas tanto del lugar como los foráneos. Me refiero a La Plaza de Tiananmén de Pekín, la Plaza Yamaa el Fna de MarraKech, la Fontana di Trevi en Roma. Todos los lectores podrían añadir más de este estilo. Yo señalo algunos de los que he visto en diferentes continentes. En este viaje he añadido otro, el Time Square de Nueva York.

¡Es preciosa! Por el decorado de pantallas gigantes en las fachadas de los edificios donde los rostros y productos que proyectan lo llena todo y, sobre todo, por personal que la hace y la vive. Hay todo tipo de personas, de todos los colores, edades, vestimentas, nacionalidades. 

Con sus miles de luces y enormes carteles publicitarios, Times Square se ha convertido en la imagen más conocida de Nueva York. El centro neurálgico de la zona es la plaza, en el cruce de Broadway con la 7ª Avenida. 

En Times Square se agolpan bares, restaurantes, teatros, museos y ambiente, mucho ambiente. Al caer la noche, las luces de Times Square lo iluminan todo, y no hay viajero ni neoyorkino que no se rinda al encanto de la plaza más famosa de la ciudad. Visitar Times Square es algo imprescindible en cualquier viaje a Nueva York. Escenario de numerosas películas y series, la plaza más bulliciosa de Manhattan conforma el centro de la ciudad. Si tenemos que poner una pega, en Times Square se agolpa tanta gente que a más de uno le podrá resultar agobiante pero, si lo pensamos detenidamente, ese es el propio encanto del lugar. 
No siempre fue así, pero hoy es un lugar único y recomendable el visitar.
Y una recomendación. Nos pasó a Saraney y a mí. Íbamos como catetos en una gran ciudad. Y al llegar al Time Square lo notaron, aquellos y ¡aquellas! que nos vieron llegar. Una foto basta para ver como caímos en sus manos. Pongo la foto de él. ¡Besitos, abrazos y... pasta! Las simpáticas nos pidieron 20 $ por cabeza. Yo pude librarme de pagar al señalar a mi amigo del alma como el que llevaba el dinero. Dijo que les dio quince. Una puñalada fraterna ¡qué son las peores!

¡Hasta la próxima, primero Dios!


miércoles, 6 de abril de 2022

Amigos

La elección de los sitios a los que he ido a EEUU, ha sido porque en ellos viven  amigos míos. Amigos que hice en Huehuetenango mientras vivían en la Casa Miller, de la Salle, y que ahora están trabajando en el país del norte. Es increíble cómo ha emigrado tanta juventud guatemalteca a él. Un dato lo confirma. Es el segundo país, después de México, que recibe más remesas, señal de la cantidad de nacionales que viven en él. Ninguno está "legalmente" en él. 
El primero que visité, José, intentó por ¡seis veces! entrar en el país. Lo detenían y lo devolvían a México. La primera vez retornó a su casa. Está casado y tiene dos hijas. Las otras cinco veces lo intentó de forma reiterativa. Lo devolvían y volvía a intentarlo. Ya desistía cuando su hermana, que está en el país, le pidió que volviera a hacerlo. Y esa vez, pasándolo mal andando, de ellos dos días sin agua y sin comida, pudo pasar el desierto. Una vez lo persiguió la guardia fronteriza. Comenzaron a correr. De unos seis sólo llegaron dos.
Ahora está trabajando de jardinero en una empresa en la que trabajó su padre y trabajan hermano y cuñado. Tiene que pagar al coyote que lo pasó, enviar dinero a su familia, ahorrar, y vivir. 
Vive en un pequeño pueblo el sur del Estado de Pensilvania. En la casa, donde viven de alquiler, habitan 8 otros familiares. En total unos ocho sin contar otra familia que vive en el piso superior. Son la etnia Mam idioma que hablan entre ellos.
Pude estar con él tres días ya que le dieron permiso para no trabajar, y no ganar, el viernes y el sábado. Fuimos a Nueva York.
El domingo me invitó a almorzar con su hermana, su cuñado, su sobrino, su hermano y él. Una comida de familia cerca del pueblo donde vive. Los conocía a todos de la fiesta de graduación de él. Precioso ese momento. Precioso los momentos de intercambio de vivencias.
Desde Nueva York fui a Saint Louis. En el aeropuerto me esperaba Juan, sus hermanos Heriberto y Juan Carlos, y su primo Jorge.
En la casa viven los tres hermanos. Jorge vive con su esposa e hija en otra casa. Todos trabajan en el mismo restaurante mexicano. 
Con Juan he viajado varias veces durante mi estancia en Guatemala. Me une una fuerte amistad y nuestra relación es continua a través del wasap. Es muy del Barça.
Los tres llegaron por el desierto. Son "ilegales". ¡Una sociedad que necesita mano de obra, pero no le da legalidad! Los mantiene ocultos como el dinero negro. La única identidad legal se la da su consulado. Una especie de carnet de emigrantes. Y es la que muestran cada vez que les piden que se identifiquen. Pero ella no le permite sacar el carnet de conducir, tener cuentas bancarias, hacer contratos...
Estos hermanos, bajo la dirección de Juan, el mayor, tienen muy claro la razón de estar en EEUU. Juan, que dejó en su pueblo a su mujer,  lleva unos seis años y los otros menos. Juan Carlos llegó al terminar secundaria. Siempre recordaré las palabras que dijo como resumen de su paso por el desierto:
"Entré en él como un niño y salí como un hombre".
Ahorran como buenos emigrantes. Ya han construido en el pueblo en Guatemala la casa de sus padres, la de Juan, la de Juan Carlos y ahora van a comenzar la de Heriberto. Éste llego el último. ¡Y todo lo pagan entre los tres! Se nota mucha madurez en sus comportamiento.
Estaba junto con Juan y, en un momento de silencio, mirando algo, Juan me pregunta: "¡Te preocupa algo, Alfredo!". Me encantó ese detalle. Estuvimos dos días recorriendo el Estado de Illinois paralelamente al Mississippi.
Con ellos vive un mexicano, Fernando, que trabaja en el mismo restaurante. Algo que me llamó la atención es que entre los cuatro hablaban el mismo idioma maya: El Chuj. Y lo mismo pasó cuando fuimos al restaurante con otros amigos. Curioso. Al crearse los estados la frontera separó a las etnias. Ellos son antes Chuj que guatemaltecos o mexicanos. Curioso. Es más cuando la guerra civil los guatemaltecos cruzaron la frontera hacia donde vivían los chuj en México. La relación del Estado mexicano con los chuj ha sido siempre conflictiva.
El tercer amigo es Enrique. Vive en un pueblo de Georgia. Vino porque su mujer llegó con el hijo de ambos, pidió asilo y le concedieron la nacionalidad. Después llegó él. Más tarde se separaron. Ahora tiene otra mujer, hijas de guatemaltecos, nacida en EEUU, que está apunto de dar a luz una niña.
Enrique comenzó de pintor y ya tiene una pequeña empresa. Le va bien. También pasó lo suyo emocional y económicamente.
Aunque cobran relativamente suficiente, trabajan hasta doce horas. Vinieron a recogerme al hotel sobre la nueve de la noche del viernes al terminar de trabajar. Llegamos pasadas las diez al pueblo. Habían salido de sus casas a la seis de la mañana. Eran Sergio, Miguel, Manuel, Cristofer y Alexandro al que conocí hace cuatro años. Todos jóvenes. En la furgoneta llevaban una caja de cerveza. Al llegar al pueblo siguieron bebiendo sin parar.
Al día siguiente, con la mujer, fuimos los tres a Ruby Fallas,  unas cuevas preciosas que están al lado Chattanooga en Tennessee.
Por el estado de ella no pudimos estar más tiempo juntos. Pienso que Enrique se quedará ya para siempre en EEUU. (Cuando transcribo esta crónica ha nacido la niña). Él y algunos de sus empleados son de etnia Q'anjob'bal. Hace tres años lo vi jugar en un equipo de futbol en la que todos eran de su pueblo.
Aunque siempre es un placer viajar, hacerlo con el motivo de estar, acompañar, compartir, animar a personas ya adultas, pero que conocí cuando apenas tenían dieciocho años, añade un plus muy especial al viaje. Ser acogido como parte de su familia, invitarme a sus bodas, presentarme a sus amigos como el "amigo del alma"... te hace sentirte muy a gusto. Verlos que tienen un futuro más o menos claro es también motivo de felicidad a pesar que están lejos de su tierra, de sus gentes, e incluso de sus familias. ¡Gracias hermanos!
!Hasta la próxima, primero Dios!

Un poco de tensión

Estoy viajando desde Charlotte a Nueva York. Son las 11:16 del 4 de abril. Desperté a las 4,50 de la mañana. Llevo 7 horas vividas intensamente. Había preparado la maleta antes de dormirme. Con media hora tenía bastante. Recibo la factura del viaje que iba a realizar al aeropuerto en un coche UBER y que había contratado tres días antes. En la factura ponía el servicio desde el hotel hasta el aeropuerto. También la hora de recogida, las 5:20 am.
Voy a recepción con diez minuto de antelación. Pasan unos minutos y llega un coche. Le pregunto si era un UBER y me dice que sí. Voy a entrar, me pregunta algo que no entiendo, le digo mi nombre y me indica con los dedos que espere un poco. Otro señor se adelanta y se mete en el coche. Le pregunto cómo puedo conectar con el mío, y me dice en inglés que llega en un minuto.
¡Ya pasó la hora! En esto llega un taxi. ¿Un milagro? El hotel está en una zona cerca del aeropuerto pero muy aislado. No hay casas ni comercios. Por eso contratar al UBER. Las enseñanzas recibidas de mi amigo Yonathan. Son las 5,30. El avión a Charlotte sale a las 6,38. Le digo al taxista: ¿Uber? Y el me lo niega. Se me queda mirando. Yo también lo miro, y le digo: ¿Aeropuerto? Y me meto con la maleta en el taxi. Ya en marcha me dice "Tuenti dólar".  Le contesto "OK. Tuenti dólar".
Pienso que tenía que haber salido antes. Cuando veo en "Llegadas" la cantidad de coches y taxis que están delante nuestro le hago una señal al taxista de que me bajo. El me dice que América Air line está mas adelante. Lo intuyo.
Llego, hago el Che King en un ordenador. Veo algo raro. Uno de lo billetes no es tal. Hay algo escrito en inglés. Al doblar el pasillo que me han indicado, la cola en zigzag para pasar el control y el escáner es grandísima. Tardo unos 20 minutos en llegar al control de la policía. Perfecto. Meto la maleta, los zapatos, la correa, el costalito negro, la gorra, las bragas... en las bandejas y paso el control que parece una radiografía. Ese que te meten en un cilindro de cristal y tienes que poner las manos por encima de la cabeza. Perfecto.
Voy a recoger mis bandejas. Recojo todas pero la de la maleta es echada a parte en otra cinta. Hay más en esa cinta. Una policía las va revisando con toda la lentitud del mundo. Ella no tiene prisa. Saca botellas de agua, cebollas de flores para plantar, móviles... de las maletas anteriores a la mía.
"¡El ordenador!" Ya sé por qué me la han apartado. Exactamente. Abre la maleta. Pone el ordenador en otra bandeja y lo lleva otra vez a escanear las dos bandejas: la del ordenador y la de la maleta.
Son las 6:14. Pasa la del ordenador, pero la de la maleta no. Otra vez a la cola con tres maletas antes que la mía para revisar. "Los líquidos", pienso yo, aunque he tenido la precaución de que sean pequeños.
Ella busca otra cosa. Y va por un recuerdo de Nueva York, macizo, que me regaló Saraney. Lo ve y me da la maleta.
Corro a una pantalla donde veo las salidas. D 21. ¡Las prisas no son buenas!
Corro hacia el tren que une las terminales. Tarda, viene, me monto, pasa la T, la A, la B, la C y me bajo en la D. Subo a la puerta D 21. No hay nadie. Le pregunto a la azafata de la puerta de al lado. Mira el billete. Puerta T 12 me indica con el dedo y lo rodea con un bolígrafo. Lo miro otra vez. 
Vuelvo corriendo otra vez al tren. Allí veo la hora. 6: 35. Tarda. Llega. Corro. Llego. ¡Vuelo cerrado! 
Le doy a una de las azafatas, que aún están en la puerta, mi boleto. Sin decirme nada comienza a teclear, sin mirarme. Al cabo de un rato me da dos billetes, para Charlotte y para Nueva York, ya actualizado. Perfecto tengo tiempo para enlazar con el vuelo de Iberia a las cinco de la tarde.
Me tomo una super madalena con un jugo de manzana y voy a esperar en la puerta. Hay tiempo. Miro el billete y observo que no tiene impreso el asiento. Voy donde las azafatas, lo miran, y me hacen señal que después. No entiendo. Cuando comienzan a llamar por grupos, vuelvo a ir y una de ellas me dice "Estambay". Esa palabra aparece por la pantalla con una lista. La había visto durante la espera. La observo y no llego a comprenderla. Había cuatro letras mayúsculas y un número de orden.
Y al cabo de unos minutos lo entiendo. Yo estaba en ella en el puesto 11 con las letras: DELA. Ese era yo. En los billetes no aparece González, se creen que es mi segundo nombre, ya me pasó en el aeropuerto de Kuala Lumpur en el 1991, y aparece el segundo con la inicial de mi nombre.
Poco a poco comprendo que soy el undécimo de la lista de espera. Fue unos momentos increíbles. La azafata de las pestañas postizas empezó a contarnos en la fila de los que esperábamos. Yo entraba en el avión por el momento. Pero llegaban pasajeros con asiento e iban quitando gente de la cola de la lista de espera.
Ya se acercaba a mi. Pero otra azafata, la del chaleco amarillo, se acercó. Me dio el identificador de maleta, esas de las que bajan a la bodega del avión en el último momento. Ésta me dijo que me metiera en el pasillo que lleva al mismo. Cuando ya andaba, la de las pestañas me dijo que me parara. Me paré. Pero se dedicó a las que venían detrás de mi y seguí.
(Ahora hemos aterrizado en Nueva York. Son las 12:31. Aunque Nueva York tiene una hora más).
Ya en la puerta del avión estoy en la cola de los entran en él. Un trabajador me agarró la maleta. Llega la azafata susodicha y se pone entre la familia que estaba delante mía y yo. El trabajador me devuelve la maleta. Mi corazón late un poquito acelerado. En la puerta del avión y sin saber si iba a entrar.
Al momento la azafata del chaleco me hace el gesto de que pasara y le doy mi maleta al que debe ponerla en la bodega. Estoy dentro del avión. ¡Hurra!
He titulado esta crónica "un poco de tensión". Juzguen ustedes, amigos.
Pero no había terminado el día. Esto se ha repetido camino de Nueva York,  aunque más suave. Al llegar a la puerta para embarcar hacia Nueva York era el séptimo del la lista de espera. La maleta, me dijeron, iba ya en el avióna Nueva York desde Atlanta. Me han llamado por mi nombre cuando había entrado ya más de la mitad del pasaje. Me he puesto muy contento. No habrá problema para conectar con mi vuelo a Madrid. "¡Bien! Respira Alfredo que llegaras 
a tiempo". Esta situación ha sido un poquito más suave.
Lo único que he ganado es que me han puesto en butacas con más espacio. Una vez donde está las salidas de urgencias y otra en la separación entre turista y zona vip. 
Ya continuaré describiendo éste magnífico viaje.


¡Hasta la próxima, primero Dios!


jueves, 24 de marzo de 2022

La Campana de la libertad

Ayer, en mi primer día en EEUU, al llegar me quedé en un hotel a unos ochenta kilómetros de Nueva York. Aunque el avión llegó a su hora, los trámites del control de entrada son demasiado largos. Después el encontrar el medio de llegar al punto de alquilar el coche, hacer las gestiones pertinente con una persona que no sabe castellano, ver cómo funciona éste, hizo que tardara más de dos horas en el aeropuerto. Pero todo se desarrolló de forma normal. ¡No hay que tener prisa! ¡Ya se sabe lo que hacen las prisas!

Casi no dormí. ¡Es lógico! Todo es nuevo, sobre todo el horario. El "décalage" es de cinco horas. Así que cuando me eché a dormir era casi tiempo de despertarme. Así que adelante el programa, hay que adaptarse a las circunstancias y así llegar a mi destino con menos prisa. Es admirable lo fácil que se acostumbra uno a conducir el coche automático. ¡Éste es inmenso!

Salía desde el camino que tenía proyectado: pasar por Filadelfia antes de llegar al próximo hotel. Lo había marcado en el móvil y me dirigí a ella. El motivo de esta visita era ver solo un objeto: la campana de la libertad.

La Campana de la Libertad (en  inglés: Liberty Bell), es una campana de gran importancia histórica. Es quizás uno de los símbolos más prominentes asociados a la guerra de la independencia de los EEUU. Esta campana es también uno de los grandes símbolos abolición de la esclavitud, carácter de la nación y libertad del país, y ha sido usada como un icono internacional de libertad.​
Con su toque más famoso, el ocho de julio de 1776 convocó a los ciudadanos de Filadelfia para la lectura de la Declaración de la Independencia. Antes, había sido tocada para anunciar la apertura del Primer Congreso Continental en 1774 y en otros acontecimientos previos a la independencia. 
Filadelfia dedica un gran espacio a la Independencia.
La Campana de la Libertad fue  adoptada por la Sociedad Americana Antiesclavitud como un símbolo del movimiento abolicionista. Había explicado esto muchas veces en mis clases de historia al hablar del nacimiento de ésta nación. ¡Así, que tenía que entrar en la ciudad a verla!
Era la primera vez, en este viaje que entraba en una gran ciudad (un millón y media de personas) y conducía por sus calles hasta llegar al centro histórico de la misma. Un gran logro poderla ver. 
Lugar donde se celebró el segundo Congreso Continental en el que cincuenta y seis delegados firmaron la Declaración de Independencia.
Y después ocurrió lo narrado ayer. Pero fue a peor. Al llegar el móvil no se abría, estaba "knock Out". ¿Y si no despertaba? ¿Cómo viajar? ¿Cómo ir a los hoteles? ¿Y al aeropuerto? A unas dos horas puede ser que se cargara. Después con el ajuste, !yo que no entiendo nada! Fue poco a poco abriéndose y tras cinco horas volvió a estar como antes del apagón, gracias a Dios. ¡Otra noche en blanco! Voy a acabar con las interjecciones del ordenador.
Así que casi a las ocho de la mañana termino esta crónica dispuesto a visitar Washington tras el desayuno.

Hasta la próxima, primero Dios!

miércoles, 23 de marzo de 2022

Un día de 29 horas

No es la primera vez que algunos de mis días tiene más horas de las veinticuatro. Lo mismo que hay otros que tienen menos. Cada vez que voy al continente americano pasa eso. Si vas para allá o si vienes pasa eso. Escribo esta narración  al día siguiente que llegué a Nueva York.

Y lo hago cuando acabo de pagar por una acción que no pensé demasiado al irme a comprar un enchufe americano, los que las espigas metálicas son planas. Traía uno y sirve, pero no para los enchufes con las varillas más gruesas, como las del ordenador; no entran. Fui al Walmart. Como siempre valiéndome del servicio que me presta el móvil. Traje también de España un cargador que funciona bien en el coche. Al salir esta tarde, ya madrugada en Sevilla, no lo traje conmigo. Y sucedió lo que en ese caso suele ocurrir. 

Después de la gran superficie, donde no encontré lo que buscaba, decidí pasarme por el centro del municipio donde está el motel. Al dejarme en el mismo, el localizador dejó de funcionar. ¡Pánico a bordo! ¿Cómo llegar al hotel? Es de noche, no hay muchos latinos por esta parte del País y si hay no están a esta hora en la calle... 


Siempre me he situado bien. El centro estaba hacia el oeste de donde se encuentra el hotel, pues cuando llegaba por la carretera de doble carriles a éste, la indicación de Elkton señalaba seguir adelante.  Volví a la entrada de la ciudad por donde había entrado. La hallé, pues reconocía una iglesia episcopal muy bonita por la que pasé al entrar en el pueblo. Me acordaba que para ir al Walmart había cruzado la carretera y no la había vuelto a cruzar. Así que a encontrar esa carretera siguiendo la que me llevó a la Elkton. 

Seguí esa carretera y la crucé porque no la reconocí. Había mucha oscuridad. El cruce donde estaba el motel tenía varios establecimiento con muchas luces y en el que yo pasé estaba muy oscuro. Al seguir la carretera observé que entraba en otro municipio. Di la vuelta. Y efectivamente cuando llegué al cruce anterior giré a la izquierda y a unos kilómetros reconocí de lejos el cruce donde estaba el Motel. 

Este error ha sido lo que más me ha inquietado en estas veinticuatro horas que llevo en EEUU. Unos han sido debido al inglés: en el control de pasaporte, en la búsqueda del lugar donde se encontraba la empresa del alquiler del coche, en el autoservicio donde almorcé. Otros el de aprender en un segundo a conducir coches automáticos o cuando hay cinco o más carteles de tráfico inmediatamente a la salida de un peaje de la carretera y ni te ha dado tiempo de leer ninguno... Y todo, como digo, se resolvió sin ningún problema. Es muy peculiar el paisaje de la parte este de éste país.

¡Hasta la próxima, si Dios quieres!

Elkton tiene un puerto que le da vida a esta pequeña localidad del Estado de Maryland.


sábado, 12 de marzo de 2022

Afianza tu ser


Estoy ocupando mi tiempo en lo que alguien llamó parte de la vivencia de un acto que aún no se ha realizado. Experimento ya lo que será. Son los momentos previos de un viaje. Es una parte del mismo. Se trata de que hay un previo, una realidad y un post-viaje. Y que se disfruta en los tres momentos.

Se siente felicidad planificándolo aunque haya una pizquita de duda sobre si se realizará tal y como lo piensas al no saber muy bien cómo lograrás salir del aeropuerto o cómo encontrarás el mostrador de alquiler del coche que acabas de reservar. Te lo imaginas a partir de lo conocido, pero hay muchas posibilidades que no sea así. Como por ejemplo cuando llegamos a Atenas, en septiembre pasado, y no veíamos el logo de la agencia donde habíamos alquilado el coche. Tras encontrar a alguien que nos informara, supimos que había que salir al aparcamiento para encontrar a un microbús de esa empresa que te llevara a la agencia que habíamos contratado a unos kilómetros del aeropuerto.

 

Viajar es un momento de adquirir algo que no son cosas. Es ampliar la memoria a lo que haces cotidianamente. Te afianza tu fortaleza personal. Contemplas otros paisajes personalmente respirando y sintiendo lo que le rodea. Conoces otras costumbres probando sus comidas y bebidas. Descubres el colorido de sus trajes y cómo lo portan sus propietarios... No es lo mismo haberlos vistos, e incluso estudiados, que contemplarlos. Realizas algo que habías deseado con gran ilusión. He visto muchas veces la estatua de La libertad o la Quinta Avenida, pero no he sentido la brisa que aquella debe soportar ni me he comido un perrito caliente en ésta. Viajar te aporta algo nuevo en tu personalidad. Te hará descubrir y ampliar tu concepto de la sociedad mundial.

Me preguntan normalmente si viajo sólo. Y normalmente viajo sólo. Así he recorrido el mundo. Eso a veces me sitúa en situaciones difíciles, algunas de las cuales ya he narrado en estas crónicas. Y en determinados momentos me hago acompañar por amigos. Ahora tengo un hándicap. No hablo nada de inglés. Y como en otros viajes a países anglófonos, o países de lengua árabe, no he tenido grandes problemas. 

Hay que también que echar mano tu templanza, paciencia,  a valerte de todas las herramientas sociales y emocionales que has coleccionado en tu viva y aplicarlo. Incluso las malas experiencias que nos ocurren durante un viaje terminan siendo positivas. Recuerdo que viviendo en la casa de un amigo lo único que podía hacer al estar frente a su madre era sonreír igual que hizo ello. Hay un lenguaje universal que nos hace entender al otro sea quien sea.

He estado pensando sobre todo ello y la razón de mi tendencia a viajar. He partido de mi experiencia en ellos. Han contribuido a forjarme tal y como yo soy hoy. 

Y concluyo:

* En todo viaje pueden existir imprevisto. Dejarse llevar y aceptar aquello que no es reversible de una manera razonable es lo más conveniente, pues de lo contrario puedes afectarte todo el viaje.

* Abrirte a los demás te ayudará a experimentar situaciones positivas. Mi compañero de asiento en el avión me proveyó, a pesar de una azafata que no hablaba ni español ni francés, de todo lo necesario al traducir al inglés todo lo que yo deseaba.

* Al viajar sólo puedes ser como tu eres. Nadie tiene referencia de ti. Esto de ayudará a afianzar el ser que tu quieres ser.

* También viajar solo puede hacer más flexible. Aunque hayas programado al máximo el viaje, puedes, perfectamente, cambiarlo si así lo decides.

* Siempre al viajar aumentas la confianza en ti mismo, pues las distintas decisiones que tomas van convenciéndote que puedes hacerlo. 

* He escrito que lo hago ahora que puedo. Mañana no sé si podré. Pues eso, ¡Hay que vivir el presente! Y también sirve para el futuro, pues de cada viaje vuelvo con más vida, que en los momentos de rutina me harán sentir también más vivo.



¡Hasta la próxima, primero Dios!


Fotos del viaje a Grecia.




miércoles, 2 de marzo de 2022

Lágrimas y rabia

Se me llena el corazón de lágrimas y rabia cuando veo las ciudades bombardeadas y los ucranianos huyendo de sus casas y ciudades para ponerse a salvo. 

Una invasión es una acción militar que consiste en la entrada de las fuerzas armadas de una entidad geopolítica en el territorio controlado por otra entidad semejante, normalmente con el objetivo de conquistar el territorio o cambiar el gobierno establecido.

¿Quién ha dicho o que ideología propugna que una nación puede ser agredida, invadida, por otra simplemente porque ésta ha decidido cuál debe ser la orientación de la primera? Hoy he leído que ya van dos mil personas muertas por esta agresión, y son incontables los ciudadanos que han perdido este nombre y lo han cambiado por el de refugiados. Además los destrozos de edificios son incontables. ¡Qué poco cuesta destruir y cuánto el construir!

El domingo estaba en el derbi gozando del desarrollo del mismo y mi mente me decía que algo no funcionaba bien. Había personas, en mi mismo continente, que vivía momentos de sufrimiento, que nunca se habían imaginado, afligido por extraños que interrumpieron en su vida normal por motivos que racionalmente no llego a admitir. ¡Y no dejo de pensar en ello! 

Y encima siento personalmente la amenaza de que si otros países intervienen esta a mano el botón de las armas nucleares. Así de simple y así de preocupante es la forma en la que se juega en el tablero de ajedrez de este mundo por parte de las grandes potencias. No deseo considerarme en ningún momento ficha manejada por otros, sea quien sea. La desesperación, la suerte de los ucranianos, la rebeldía de éstos me hacen estar unidos a ellos y sentir una rabia inmensa. 

                                 ¡Hasta la próxima, primero Dios!