lunes, 1 de junio de 2026

La crónica que no pudo ser

 

¡Sí! Esparaba poder realizarla el lunes pasado. Todo estaba preparado. La salida para Palma de Mallorca estaba para el sábado a las seis de la tarde. La vuelta el miércoles, 27 de mayo, a la misma hora, más o menos. Mi gran amigo Ismael ma había sacado el boleto. ¡Me lo había regalado! Íbamos a pasar unos días juntos, situación que los dos gozámos. La amistad nos une desde hace bastante años. Me encanta estar allí.

Llegué sobre la cuatro de la tarde al aeropuerto con la pequeña mochila a cuesta. Felix me acompañaba para dejar mi coche en el barrio. llego y veo que la salida hacia Palma de Mallorca era sobre las nueve. Recibí un mensaje en el se me informaba que el avión en vez de las seis salía a las siete. Estaba un poco desconcertado. Fui al mostrador y les pregunté si podía pasar el control, aunque el avión estaba previsto para unas horas más tarde. Sería más cómodo esperar dentro. Una azafata me dijo que lo intentase.

Me acerco al control, poso mi móvil con el QR de mi pasaje en el lector y sonó un ruido desagradable y una luz roja en el aparato. Lo vuelvo a pasar y otra vez el ruido y la luz roja. Este sonido atrae la atención de una asistente que estaba en la línea de control. "¡Qué te pasa, cariño!" Y me agarro el móvil y lo pasa ella. Luz roja y sonido desagradable. 

Ella se quedo mirado el boleto en el teléfono y tras verlo con atención me dice: "¡Este boleto es desde Palma de Mallorca a Sevilla!". Yo pensé que Ismael me había mandado equivocado el billete. Lo llamo, le explico y me dice espera un momento. Me vuelve a llamar y dice que había sacado el boleto como si fuera para él. La ida desde Palma a Sevilla y la vuelta de Sevilla a Palma. Ismael me dice que aproveche el vuelo del miércoles y ya sacaría el de vuelta. Pero no podía ser. El siguiente fin de semana estaba ocupado como contaré en las próximas crónicas. 

No pasa nada. Cuando no puede ser, no puede ser. Le agradezco a la señorita su amabilidad y decido llamar a Felix para que viniera a por mí. Aceptar la vida como viene, y cuando no tiene solución, preocuparse no tiene sentido.

Como sé que leeras esta crónica, solo te puedo decir Gracias y enviarte un fuerte abrazo.

¡Hasta la próxima, primero Dios!


El viaje a Lleida

Programé el viaje a Lleida para tener tiempo para disfrutar del mismo y a la vez no sentirme agobiado. La distancia sería de unos 700 km. Y el tiempo unos nueve horas y media. Como lo veía muy exagerado hacerlo de una vez, decidí salir un día antes, el jueves, quedarme a dormir en Madrid y continuar el viernes para llegar a media tarde a Balaguer, dónde había reservado el hotel, y hacer lo mismo a la vuelta. No hacer el recorrido de regreso de un golpe, sino pararme otra vez en Madrid y viajar el lunes hacia San Nicolás. y deternerme allí donde veía algo interesante para visitar.
Y el viaje me resultó maravilloso. El de ida hacia Madrid tarde nueve horas. Antes de llegar a Mérida giré hacia Alange, pasando por Medellín y Don Benito, redorrido que no había hecho nunca. En Alange fui a ver donde se encontraba el balneario. Algún día volveré a disfrutar de ello. En Medellín me acerqué a ver el Castillo que se ve imponente desde lejos. En Medellín hay un teatro romano que habrá que visitar. Por la hora en la que llegué no pude visitarlo. Y de paso, ya hacia la autovía pasé por Don Benita. Pero ese viaje a Alange y a Medellín está en el pensamiento.
En todo el viaje la velocidad media era de ciento diez kilómetro por hora. Eso me me permitía entrar en otras localidades como Escuriel, dónde almorcé en un parque lo que traía desde casa. Entrar en esos pueblos, solitarios a esas horas,  paseando por sus estrechas calles, viendo las inmensas iglesias, los muros de sus casas, me da una sensación de traqnuilidad y serenidad única.
Lo mismo me pasó volviendo en un pueblo pacense cerca de Santa Cruz de la Sierra, no me acuerdo del nombre, donde me impresionó su plaza mayor. 
¡Qué preciosidad de monumentos y espacios tienen escondidos cualquier pueblo de nuestro país!
Llegué a casa muy tranquilo y con esa sensación de haber vivido unos días maravillosos.

¡Hasta la próxima, primero Dios!