jueves, 17 de septiembre de 2026

Final del verano

Durante estos días de septiembre, a pesar del calor extremo que hemos tenido, he disfrutado bastante en mi casa de San Nicolar. En la imagen un tomate del tipo corazón de buey que es que he sembrado en mi pequeño, diminuto, huerto. Me hizo sonreir cuando, entre los que cogía, apareció este con una carita que me decía que lo arrancara ya.
El huerto me ocupa relativamene poco tiempo una vez plantado. Más me ocupan las macetas. Todo los días disfruto cuidando el jardín, quitando flores marchitas, cambiar plantas, regarlas. Eso, tan simple, me llena de paz. Disfruto de las terrazas en ese momento que lo hago.
También ha sido unos días para recibir amigos en mi casa.  El hacer la comida, preparar la mesa, cuidar que la bebida esté fresca y regar el suelo es algo que realizo con ganas.
Preparar el jacuzzi es algo casi diario. hay que pasr el limpia fondo y  rellenarlo. Hay que atender que esté lo suficientemente caliente, poniendo la bomba de calor antes de que llegen los invitados. Quitar las hojas y los insectos que se encuentran en él.
En fin eso es casi diario. Otra cosa es el mantenimiento que realizo según la estación: pintando paredes y barandas, barnizando los bancos, podando los árboles o preparando la tierra para volver a sembrar. 
Nunca fui un manita. Nunca he estado cecano de las cosas del campo. Nunca he hecho nada de lo que ahora es mi tarea diaria. Considero que he encontrado en estas tareas reducir  el estrés y mejorar mi estado de ánimo, actuando como terapia natural.
Pienso que la jardinería ayuda a mi salud física, ya que implica una actividad moderada, que a veces me parece bastante, y me aporta una satisfacción añadida al ver crecer las plantas. Y en ese sentido también me aporta vivir y sentir el silencio, poder meditar, ser agradecido y contemplar y meditar desde ello.
Vivir en San Nicolás, sobre todo en verano, es una vivencia muy especial, ya que el pueblo se llena de vida.
¡Hasta la próxima, primero Dios!

jueves, 3 de septiembre de 2026

Amar de verdad también significa soltar

Estuve ayer en Las Navas en la novena a la Virgen de Belén. ¿Qué pueblo, qué población más cercana y cariñosa? Alguien me dijo qué recordaba con mucho cariño cuando acudía al pueblo desde San Nicolás para realizar las celebraciones con ocasión o bien de la marcha de un compañero o para cubrir las vacaciones de otros o para iniciar el Junior. Al salir del templo tenía más invitaciones a una cerveza de las que podía atender. 

Me paré en la puerta trasera con Lolo, con Manu y con Amador. Tres de los muchos a los que considero amigo naveros. Ya todos casi rondando los cincuenta, casados, con hijos. Y hablando recordamos la cantidad de momentos que habíamos vividos juntos. 

En esa conversación me recordaban cómo les gustaba verme en estos momentos, aunque sea de otra manera. Y yo les dije que a veces, para mantener el amor a lo esencial, hacía falta alejarse. Y después recordé que eso lo había hecho varias veces en mi vida. Y aunque lo había hecho consciente y con decisión, no dejaba de ser doloroso. Y era consciente también que eso también era amar. Querer mantener una amistad con un compañero, restar importancia a mantener una buena situación económica, ser fiel a mis convicciones más profundas, estar cómodo en un buen destino.

Hoy, mientras barría las hojas en las terrazas, escuché el título de esta crónica en una canción. Me ha servido para dar gracias y que poder haber sido consciente de ello me ha mantenido firme y seguro de quién soy y de quien quiero ser. Lo importante es seguir amando a tus convicciones.

¡Hasta la próxima, primero Dios!