
La caseta es el punto de reunión de familias y amigos, allí se come y bebe. La caseta es el alma de la feria. Es donde se realiza la convivencia, donde se baila y canta. También están las calles por donde se realiza el tradicional paseo de caballos, y se encuentra la iluminación típica tanto sobre las calles como sobre las aceras, los célebres farolillos. Como sevillano fui a la feria desde chiquitito. ¡Herencia familiar! Y continuo yendo.
Al instante un muchacho de dieciocho años, que iba junto a nosotros, al acercarse a la acera mete el pie en el agua que quedaba cerca del bordillo despues de que hubiera rociado el suelo la empresa de limpieza. Su zapato se había manchado. El chaval se inclina sobre mí jurando en hebreo. Yo lo rodeo con mi brazo para que no se cayera. Él me mira y me hace una expresión de fastidio. Yo le digo: "Estamos en la feria. ¡No te enfades! ¡Qué todo lo que te pase en la vida sea eso!" Me sonrió y se despidió con un saludo con el brazo.
Cuando volvimos a la caseta de Ybarra me encontré con un gran grupo de jóvenes de Madrid. Hablé con algunos de los muchachos un buen tiempo. Me acuerdo de tres nombres: Gabi, Juan y Jacobo. Encuentro muy agradable.
Estando hablando con ellos viene una muchacha al grupito, me la presentan y ella me abraza. Le pregunté si también era de Madrid y noto que está algo bebida. Se me queda abrazada un tiempo y se va. Entonces le agarro y le dije al oído: "¡No bebas más!" Ella me miró y asintío. ¡Uno no puede dejar de ser como es, ni en la feria!
La fería es un lugar de encuentro, de alegría, de pasarlo bien comiendo, bebiendo, bailando, paseando, de charlar... con amigos, con amigos de amigos, con familiares, incluso con gente que no conoces de nada. Es un buen momento para la fiesta.
¡Hasta la próxima, primero Dios!






































