Dicho esto quiero subir esta crónica para expresar algunos momentos importante que viví ayer. Me reuní con mis amigos Manolo y Fátima, Silve y Paco con su hija y sobrina. Más tarde se añadió Antonio.
Al salir encontramos una pareja riñendo. Como la calle estaba llenísima de gente pasamos muy cerca de ellos. Y ella me mira y me dice; "¡Me está riñendo!" Los miré y me dirigí a ellos, y les dije: "!Os queréis!" y ellos me dijeron que sí. Pero de una manera normal, sin ningún tipo de sentirse ofendidos por meterme en sus asuntos. Y continué diciéndoles que en dos personas que se aman no debe haber riñas de uno a otro. Hay diálogo y se hablan los problemas, pero desde el cariño que es incompatible con los gritos. Se miraron se abrazaron y se despidieron con una sonrisa hablando entre ellos. Cuando me encontré con mis amigos les dije que les había dado un cursillo prematrimonial en plena feria.
Al instante un muchacho de dieciocho años que iba junto a nosotros al acercarse a la acera mete el pie en el agua que quedaba cerca del bordillo despues de haber rociado el suelo la empresa de limpieza. Su zapato estaba manchado. El chaval se inclina hacia mí jurando en hebreo. Yo lo rodeo con mi brazo para que no se cayera, el me mira, me hace una expresión de fastidio y le digo: "Estamos en la feria. No te enfade. ¡Qué todo lo que pase en la vida sea eso!" El me sonrió y se despidio con un saludo con el brazo.
Cuando volvimos a la caseta de Ybarra encontré con un gran grupo de jóvenes de Madrid. Hablé con algunos de los muchachos un buen tiempo. Me acuerdo de tres nombres Gabi, Juan y Jacobo. Encuentro muy agradable. Estando hablando con ellos viene una muchacha al grupito, me la presenta y ella me abraza. Le dije si también era de Madrid y noto que está algo bebida. Se me queda abrazada un tiempo y se va. Entonces le agarro y le dije al oído: "¡No bebas más!" Ella me miró y asentío.
¡Uno no puede dejar de ser como es, ni en la feria!
¡Hasta la próxima, primero Dios!





































