miércoles, 3 de junio de 2026

Celia

El motivo de este viaje era celebrar en Albesa, el pueblo de Celia, su setenta aniersario. Nuestra estrecha relación durante tres años en Huehuetenango hizo que naciera una amistad fundamentada en los objetivos comunes que teníamos profundamente arraigados en nuestros valores. Su proyecto de hacer una residencia para que las niñas nativas de aldeas y pueblos dispersos por la geografía del departamento, que no tenían medios económicos para que pudieran completar sus estudios de secundaria no obligatoria, me pareció, y me sigue pareciendo, una idea magnífica. Y su constancia en coseguirlo, implicando a ciento de personas en el proyecto, totalmente laudable. Mi implicación en él me ayudó a comprenderlo y a sustentarlo. Ixmucané hoy es una  realidad maravillosa que está dirigida por Noelia, una de las chicas que estaban allí, de interna, en los años que yo estaba en la residencia. 

Ella me había comunicado esta fiesta hacía unos meses y yo, desde el primer momento, me reservé esa fecha y me puse a programar cómo hacerlo, algo  que ya he descrito en crónicas anteriores. estuve cenando el viernes por la noche y volví a Albesa el sábado al mediodía para la celebración. Maravillosa la acogida por parte de todos los que estaban allí. Me encontré con Pepi, con Toni, con Julia, con Varela... Personas que conocí allí y con los que compartí muchos momentos. 

Me gustó mucho ir. Guardo un excelente recuerdo de mi estancia en Guatemala, de mi tarea como voluntario en Ixmucané, de los amigos que hice allí, de mi experiencia pesonal que me transformó y me hizo tal y como soy ahora. Mi confirmación actual a esa decisión que tomé en ese momento es total. 

¡Hasta la próxima, primero Dios!


martes, 2 de junio de 2026

Balagüer

Ya sé que esa palabra no tiene diéresis, pero ha sido mi rebelión, suave, al hablar con los que conocí en el hotel Sant Miquel donde me alojaba.

Hacía años que no iba a Cataluña. Me llamó la atención un cartel que está en la carretera de Lérida a Balaguer: "Balaguer. Municipio de la República Catalana".

Entraba en un sitio en el que debería poner mucha atención en lo que decía para no tener ningún problema con nadie. No era sólo el cartel, en la misma ciudad la bandera de la estelada está en un mastil en una de las calles principales de la localidad.

Me alojé y me fuí a Aldesa a unos dieciocho de Balaguer. Cuando volví al hotel, sobre las doce de la noche, ya cmabiado, bajé al restaurante entrando por un puerta interior. Ya estaba cerrado pero dentro estaba el dueño, Guillermo, el maestro de infantil, Jordi, y otro joven, Alex, de nacionalidad rumana, pero que hablaba muy bien el castellano. Estos último mostraban que estaban un poco bebidos. Pedí un ron con coca cola y entonces empecé a interactuar con ellos. Todos se mostraron en todo momento muy respetuosos.  Al saber que era del Sevilla, pusieron el himno del centenario que se sabían prácticamente de memoria.  En un momento Guillermo se fue a Lërida con unos camareros dejándole las llaves a Jordi. 

Me invitaron a otro cubata y Jordí en un momento con su brazo sobre mi hombro comienza a cantarme una canción independentista que se metía con los españoles. No había una actitud agresiva. Él se estba riendo.

Yo comencé a decirle que eramos los españoles los que pedíamos la independencia de Cataluña, que nos domina y que está oprimiéndonos. Las risas saltaron enseguida. Alex mantenía una posición contra los independentistas metíendose con Jordí. Pero el ambiente era muy agradable. Era la primera vez que vivía una situación así. Todo terminó en un gran abrazo. Aunque no los ví al dia siguiente a estos dos, con Guillermo sí que hablé. Estaba super atento a mí, cuando el sábado bajé a cenar. 

  Creo que ha sido uno de los encuentros más agradable que viví en el viaje con personas en principio totalmente desconocidas. El abrirse a los demás lleva, muchas veces, a tener, a disfrutar, estas vivencias.

¡Hasta la próxima, primero Dios!


lunes, 1 de junio de 2026

La crónica que no pudo ser

 

¡Sí! Esparaba poder realizarla el lunes pasado. Todo estaba preparado. La salida para Palma de Mallorca estaba para el sábado a las seis de la tarde. La vuelta el miércoles, 27 de mayo, a la misma hora, más o menos. Mi gran amigo Ismael ma había sacado el boleto. ¡Me lo había regalado! Íbamos a pasar unos días juntos, situación que los dos gozámos. La amistad nos une desde hace bastante años. Me encanta estar allí.

Llegué sobre la cuatro de la tarde al aeropuerto con la pequeña mochila a cuesta. Felix me acompañaba para dejar mi coche en el barrio. llego y veo que la salida hacia Palma de Mallorca era sobre las nueve. Recibí un mensaje en el se me informaba que el avión en vez de las seis salía a las siete. Estaba un poco desconcertado. Fui al mostrador y les pregunté si podía pasar el control, aunque el avión estaba previsto para unas horas más tarde. Sería más cómodo esperar dentro. Una azafata me dijo que lo intentase.

Me acerco al control, poso mi móvil con el QR de mi pasaje en el lector y sonó un ruido desagradable y una luz roja en el aparato. Lo vuelvo a pasar y otra vez el ruido y la luz roja. Este sonido atrae la atención de una asistente que estaba en la línea de control. "¡Qué te pasa, cariño!" Y me agarro el móvil y lo pasa ella. Luz roja y sonido desagradable. 

Ella se quedo mirado el boleto en el teléfono y tras verlo con atención me dice: "¡Este boleto es desde Palma de Mallorca a Sevilla!". Yo pensé que Ismael me había mandado equivocado el billete. Lo llamo, le explico y me dice espera un momento. Me vuelve a llamar y dice que había sacado el boleto como si fuera para él. La ida desde Palma a Sevilla y la vuelta de Sevilla a Palma. Ismael me dice que aproveche el vuelo del miércoles y ya sacaría el de vuelta. Pero no podía ser. El siguiente fin de semana estaba ocupado como contaré en las próximas crónicas. 

No pasa nada. Cuando no puede ser, no puede ser. Le agradezco a la señorita su amabilidad y decido llamar a Felix para que viniera a por mí. Aceptar la vida como viene, y cuando no tiene solución, preocuparse no tiene sentido.

Como sé que leeras esta crónica, solo te puedo decir Gracias y enviarte un fuerte abrazo.

¡Hasta la próxima, primero Dios!


El viaje a Lleida

Programé el viaje a Lleida para tener tiempo para disfrutar del mismo y a la vez no sentirme agobiado. La distancia sería de unos 700 km. Y el tiempo unos nueve horas y media. Como lo veía muy exagerado hacerlo de una vez, decidí salir un día antes, el jueves, quedarme a dormir en Madrid y continuar el viernes para llegar a media tarde a Balaguer, dónde había reservado el hotel, y hacer lo mismo a la vuelta. No hacer el recorrido de regreso de un golpe, sino pararme otra vez en Madrid y viajar el lunes hacia San Nicolás. y deternerme allí donde veía algo interesante para visitar.
Y el viaje me resultó maravilloso. El de ida hacia Madrid tarde nueve horas. Antes de llegar a Mérida giré hacia Alange, pasando por Medellín y Don Benito, redorrido que no había hecho nunca. En Alange fui a ver donde se encontraba el balneario. Algún día volveré a disfrutar de ello. En Medellín me acerqué a ver el Castillo que se ve imponente desde lejos. En Medellín hay un teatro romano que habrá que visitar. Por la hora en la que llegué no pude visitarlo. Y de paso, ya hacia la autovía pasé por Don Benita. Pero ese viaje a Alange y a Medellín está en el pensamiento.
En todo el viaje la velocidad media era de ciento diez kilómetro por hora. Eso me me permitía entrar en otras localidades como Escuriel, dónde almorcé en un parque lo que traía desde casa. Entrar en esos pueblos, solitarios a esas horas,  paseando por sus estrechas calles, viendo las inmensas iglesias, los muros de sus casas, me da una sensación de traqnuilidad y serenidad única.
Lo mismo me pasó volviendo en un pueblo pacense cerca de Santa Cruz de la Sierra, no me acuerdo del nombre, donde me impresionó su plaza mayor. 
¡Qué preciosidad de monumentos y espacios tienen escondidos cualquier pueblo de nuestro país!
Llegué a casa muy tranquilo y con esa sensación de haber vivido unos días maravillosos.

¡Hasta la próxima, primero Dios!



domingo, 17 de mayo de 2026

Familia, playa, votaciones y permanencia.

 


Con ocasión de la venida de la familia de Madrid nos reunimos Los González en una cena este viernes pasado. Éramos treinta y uno. Faltaban cuatro a los que les era imposile asistir. Una familia unida crea un legado de amor, donde cada generación hereda el valor de apoyarse y cuidarse mutuamente. En un momento determinado me señaló David, mi cuñado, cómo Candela y Olivia estaban jungando juntas. La primera de cinco años, hija de mi sobrino Alfredo, y Olivia de diez años, hija de mi sobrina Lorena. Y prácticamente no se han visto ya que viven una Madrid y otra en Sevilla. Y su cercanía es muestra de la alegría que en el ambiente se vivía en ese encuentro. 

Si eso era el viernes por la noche, al día siguiente tenía una cita con mis amigos Manolo y Fátima en su casa de Conil de la Frontera. Hacía tiempo que esa visita estaba planeada. Ellos están muy presentes en mi vida. Conil es un municipio de la provincia de Cadiz situado en el litoral con unas playas magníficas. Y es uno de los pueblos dedicados a la pesca del atún, auténtico maravilla de la gastronomía local. 

Y al mediodía volví a San Nicolás del Puerto para participar en la votaciones para el Parlamento de Andalucía que es el que elige al presidene de Gobierno autónomo de Andalucía. Cuando estoy escribiendo esta crónica ya se conocen los resultados de estas elecciones. Donde no se asegura la mayoría absoluta del PP que disfruta con el 42% de los votos, sube un partido de izquierda andaluza, baja en dos diputados el partido socialista, partido del gobierno estatal, con el 23% de los votos. El partido de extrema derecha desacelera su crecimiento.

El tener que votar me impidió estar en el Estadio del Sevilla que se juega el que quedarse en la primera división de la Liga española. Tambien ya se sabe, por los resultados de los otros partidos, que está asegurada, por los pelos, su permanencia. Un fin de semana muy animado.

¡Hasta la próxima, primera Dios!


domingo, 10 de mayo de 2026

Una afición que hace sufrir

Hay un refrán, o un dicho, que dice: "Se cambia antes de religión que de afición deportiva". Mi equipo dice  en el himno del centenario; "Sevillista seré hasta la muerte". He aquí una reseña sacada de una revista religiosa: "Resulta que las tres cuartas partes de una población de 1.201 personas encuestadas en Inglaterra han confesado que cambiarían antes de religión que de equipo deportivo."  Y esta comparación es así porque se supone que la religión es una opción para toda la vida. Es impresionante como se llenan los campos por una afición que le es completamente fiel llueva, haga frío o calor. Se juegue a las dos de la tarde o las nueves de la noche, sea viernes, sábado, domingo, lunes o entre semana. La afición tiene mucho de pasión.

Escribo esto porque esta semana que termina hoy, he vivido en mis propias carnes lo que es mi  aficción hacia mi equipo: el Sevilla F.C. Estábamos hace ocho día en puestos de descenso desde la primera división a segunda. El domigo pasado el estadio estaba que rebosaba. Había una gran tensión. Si no se ganaba estábamos con seguridad en segunda. Al final ganamos y salimos de puestos de descenso. Un gran respiro al terminar  el partido.

Ayer, sábado, pasó lo mismo. Teníamos que ganar ya que eran dos los partidos que, si lo hacíamos, nos pudiera dar un poco de respiro. ¡Fue muy difícil! Ellos marcaron su gol. El Sevilla es casi imposible que remonte un partido con un gol en contra. ¡Estábamos sentenciado! Era el minuto ochenta. Seguíamos perdiendo, pero hasta el final del partido metimos dos goles. ¡Incrible! Nos pusimos a tres puntos del descenso.

El ambiente que se vive dentro del estadio es embriagador. Esta es la palabra que me ha salido. ¡Todos a una! Abrazados con los vecinos unos a otros, saltando, cantando. Todo el  estadio con las camiseta con el color que ha sido propuestos por los "biris". En algún momento creo que es un rito, preparado por un super director de orquesta, que sale a la perfección. Esto me sigue asombrando. 

Unos de los aspectos más interesante es la relación que se mantiene con los de los asientos contiguos. Ví como Felipe traía, casi en brazos, a su hijo. Esta semana hace ya la primera comunión. Manuel tendría unos siete años cuando en el dos mil dicecisiete adquirí mi asiento, hoy me supera en estatura y viene con sus amigos al futbol cuando su padre y su hermano no asisten. 

Ir al futbol es tener tiempo para realizar el prepartido en algún bar cercano al estadio. Y allí encontrame con mi hermano, con otros miembros de mi familia o con amigos. Esta es una muy buena razón para asistir al futbol.

¡Vamos a ver como termina la fiesta! Creo que no descenderemos después de una temporada malísima.

¡Hasta la próxima, primero Dios!


jueves, 23 de abril de 2026

En la feria

Esta semana es la Feria de Abril en Sevilla. Es una de las fiestas más hermosas de la ciudad. Se realiza en un espacio propio que durante el año permanece vacío. Allí se instala toda una ciudad efímera con una gran cantidad, mil  cincuenta y dos, de casetas. 

La caseta es el punto de reunión de familias y amigos, allí se come y bebe. La caseta es el alma de la feria. Es donde se realiza la convivencia, donde se baila y canta. También están las calles por donde se realiza el tradicional paseo de caballos, y se encuentra la iluminación típica tanto sobre las calles como sobre las aceras, los célebres farolillos. Como sevillano fui a la feria desde chiquitito. ¡Herencia familiar! Y continuo yendo. 
Dicho esto quiero subir esta crónica para expresar algunos momentos importante que viví ayer. Me reuní con mis amigos Manolo y Fátima, Silve y Paco con su hija y sobrina. Más tarde se añadió Antonio. 
En un momento, en la caseta de Ybarra, me sentí mal. Parece que fue otra bajada de tensión. Me senté, más tarde lo hice fuera de la caseta con la ayuda inestimable de Marta Erola, la guardia de seguridad que controla el acceso a la misma. Me sacó una silla, cosa difícil en ese momento pues estaba llena la caseta y estaban todas ocupadas. Se preocupó de cómo estaba, me dejó un abanico, me dió vasos de Coca Cola, quería secarme la frente... ¡Qué calidad de persona! ¡Gente buena de las que está llena el mundo! En la media hora que estaría sentado se acercaba a mí en todo momento. Al volver a la caseta nos dimos una abrazo sensacional. Siempre con una sonrisa maravillosa. Pasado unos días volví a verla para hacerme la foto con ella.

Al salir encontramos una pareja riñiendo. Como la calle estaba llenísima de gente, pasamos muy cerca de ellos. Y ella me mira y me dice; "¡Me está riñiendo!" Los miré y me dirigí a ellos diciéndoles: "¿Os queréis?" y ellos me dijeron que sí, pero de una manera normal, sin sentirse ofendidos por meterme en sus asuntos. Y continué diciéndoles que en dos personas que se aman no debe haber riñas de uno a otro. Debe haber diálogo, se hablan los problemas, pero desde el cariño que es incompatible con los gritos. Se miraron, se abrazaron y se despidieron con una sonrisa hablando entre ellos. Cuando me encontré con mis amigos les dije que les había dado un cursillo prematrimonial en plena feria.

Al instante un muchacho de dieciocho años, que iba junto a nosotros, al acercarse a la acera mete el pie en el agua que quedaba cerca del bordillo despues de que hubiera rociado el suelo la empresa de limpieza. Su zapato se había manchado. El chaval se inclina sobre mí jurando en hebreo. Yo lo rodeo con mi brazo para que no se cayera. Él me mira y me hace una expresión de fastidio. Yo le digo: "Estamos en la feria. ¡No te enfades! ¡Qué todo lo que te pase en la vida sea eso!" Me sonrió y se despidió con un saludo con el brazo.

Cuando volvimos a la caseta de Ybarra me encontré con un gran grupo de jóvenes de Madrid. Hablé con algunos de los muchachos un buen tiempo. Me acuerdo de tres nombres: Gabi, Juan y Jacobo. Encuentro muy agradable. 

Estando hablando con ellos viene una muchacha al grupito, me la presentan y ella me abraza. Le pregunté si también era de Madrid y noto que está algo bebida. Se me queda abrazada un tiempo y se va. Entonces le agarro y le dije al oído: "¡No bebas más!" Ella me miró y asintío. ¡Uno no puede dejar de ser como es, ni en la feria!

La fería es un lugar de encuentro, de alegría, de pasarlo bien comiendo, bebiendo, bailando, paseando, de charlar... con amigos, con amigos de amigos, con familiares, incluso con gente que no conoces de nada. Es un buen momento para la fiesta. 

¡Hasta la próxima, primero Dios!