domingo, 17 de mayo de 2026

Familia, playa, votaciones y permanencia.

 


Con ocasión de la venida de la familia de Madrid nos reunimos Los González en una cena este viernes pasado. Éramos treinta y uno. Faltaban cuatro a los que les era imposile asistir. Una familia unida crea un legado de amor, donde cada generación hereda el valor de apoyarse y cuidarse mutuamente. En un momento determinado me señaló David, mi cuñado, cómo Candela y Olivia estaban jungando juntas. La primera de cinco años, hija de mi sobrino Alfredo, y Olivia de diez años, hija de mi sobrina Lorena. Y prácticamente no se han visto ya que viven una Madrid y otra en Sevilla. Y su cercanía es muestra de la alegría que en el ambiente se vivía en ese encuentro. 

Si eso era el viernes por la noche, al día siguiente tenía una cita con mis amigos Manolo y Fátima en su casa de Conil de la Frontera. Hacía tiempo que esa visita estaba planeada. Ellos están muy presentes en mi vida. Conil es un municipio de la provincia de Cadiz situado en el litoral con unas playas magníficas. Y es uno de los pueblos dedicados a la pesca del atún, auténtico maravilla de la gastronomía local. 

Y al mediodía volví a San Nicolás del Puerto para participar en la votaciones para el Parlamento de Andalucía que es el que elige al presidene de Gobierno autónomo de Andalucía. Cuando estoy escribiendo esta crónica ya se conocen los resultados de estas elecciones. Donde no se asegura la mayoría absoluta del PP que disfruta con el 42% de los votos, sube un partido de izquierda andaluza, baja en dos diputados el partido socialista, partido del gobierno estatal, con el 23% de los votos. El partido de extrema derecha desacelera su crecimiento.

El tener que votar me impidió estar en el Estadio del Sevilla que se juega el que quedarse en la primera división de la Liga española. Tambien ya se sabe, por los resultados de los otros partidos, que está asegurada, por los pelos, su permanencia. Un fin de semana muy animado.

¡Hasta la próxima, primera Dios!


domingo, 10 de mayo de 2026

Una afición que hace sufrir

Hay un refrán, o un dicho, que dice: "Se cambia antes de religión que de afición deportiva". Mi equipo dice  en el himno del centenario; "Sevillista seré hasta la muerte". He aquí una reseña sacada de una revista religiosa: "Resulta que las tres cuartas partes de una población de 1.201 personas encuestadas en Inglaterra han confesado que cambiarían antes de religión que de equipo deportivo."  Y esta comparación es así porque se supone que la religión es una opción para toda la vida. Es impresionante como se llenan los campos por una afición que le es completamente fiel llueva, haga frío o calor. Se juegue a las dos de la tarde o las nueves de la noche, sea viernes, sábado, domingo, lunes o entre semana. La afición tiene mucho de pasión.

Escribo esto porque esta semana que termina hoy, he vivido en mis propias carnes lo que es mi  aficción hacia mi equipo: el Sevilla F.C. Estábamos hace ocho día en puestos de descenso desde la primera división a segunda. El domigo pasado el estadio estaba que rebosaba. Había una gran tensión. Si no se ganaba estábamos con seguridad en segunda. Al final ganamos y salimos de puestos de descenso. Un gran respiro al terminar  el partido.

Ayer, sábado, pasó lo mismo. Teníamos que ganar ya que eran dos los partidos que, si lo hacíamos, nos pudiera dar un poco de respiro. ¡Fue muy difícil! Ellos marcaron su gol. El Sevilla es casi imposible que remonte un partido con un gol en contra. ¡Estábamos sentenciado! Era el minuto ochenta. Seguíamos perdiendo, pero hasta el final del partido metimos dos goles. ¡Incrible! Nos pusimos a tres puntos del descenso.

El ambiente que se vive dentro del estadio es embriagador. Esta es la palabra que me ha salido. ¡Todos a una! Abrazados con los vecinos unos a otros, saltando, cantando. Todo el  estadio con las camiseta con el color que ha sido propuestos por los "biris". En algún momento creo que es un rito, preparado por un super director de orquesta, que sale a la perfección. Esto me sigue asombrando. 

Unos de los aspectos más interesante es la relación que se mantiene con los de los asientos contiguos. Ví como Felipe traía, casi en brazos, a su hijo. Esta semana hace ya la primera comunión. Manuel tendría unos siete años cuando en el dos mil dicecisiete adquirí mi asiento, hoy me supera en estatura y viene con sus amigos al futbol cuando su padre y su hermano no asisten. 

Ir al futbol es tener tiempo para realizar el prepartido en algún bar cercano al estadio. Y allí encontrame con mi hermano, con otros miembros de mi familia o con amigos. Esta es una muy buena razón para asistir al futbol.

¡Vamos a ver como termina la fiesta! Creo que no descenderemos después de una temporada malísima.

¡Hasta la próxima, primero Dios!