Hay un refrán, o un dicho, que dice: "Se cambia antes de religión que de afición deportiva". Mi equipo dice en el himno del centenario; "Sevillista seré hasta la muerte". He aquí una reseña sacada de una revista religiosa: "Resulta que las tres cuartas partes de una población de 1.201 personas encuestadas en Inglaterra han confesado que cambiarían antes de religión que de equipo deportivo." Y esta comparación es así porque se supone que la religión es una opción para toda la vida. Es impresionante como se llenan los campos por una afición que le es completamente fiel llueva, haga frío o calor. Se juegue a las dos de la tarde o las nueves de la noche, sea viernes, sábado, domingo, lunes o entre semana. La afición tiene mucho de pasión.
Escribo esto porque esta semana que termina hoy, he vivido en mis propias carnes lo que es mi aficción hacia mi equipo: el Sevilla F.C. Estábamos hace ocho día en puestos de descenso desde la primera división a segunda. El domigo pasado el estadio estaba que rebosaba. Había una gran tensión. Si no se ganaba estábamos con seguridad en segunda. Al final ganamos y salimos de puestos de descenso. Un gran respiro al terminar el partido.
Ayer, sábado, pasó lo mismo. Teníamos que ganar ya que eran dos los partidos que, si lo hacíamos, nos pudiera dar un poco de respiro. ¡Fue muy difícil! Ellos marcaron su gol. El Sevilla es casi imposible que remonte un partido con un gol en contra. ¡Estábamos sentenciado! Era el minuto ochenta. Seguíamos perdiendo, pero hasta el final del partido metimos dos goles. ¡Incrible! Nos pusimos a tres puntos del descenso.
El ambiente que se vive dentro del estadio es embriagador. Esta es la palabra que me ha salido. ¡Todos a una! Abrazados con los vecinos unos a otros, saltando, cantando. Todo el estadio con las camiseta con el color que ha sido propuestos por los "biris". En algún momento creo que es un rito, preparado por un super director de orquesta, que sale a la perfección. Esto me sigue asombrando.
Unos de los aspectos más interesante es la relación que se mantiene con los de los asientos contiguos. Ví como Felipe traía, casi en brazos, a su hijo. Esta semana hace ya la primera comunión. Manuel tendría unos siete años cuando en el dos mil dicecisiete adquirí mi asiento, hoy me supera en estatura y viene con sus amigos al futbol cuando su padre y su hermano no asisten.
Ir al futbol es tener tiempo para realizar el prepartido en algún bar cercano al estadio. Y allí encontrame con mi hermano, con otros miembros de mi familia o con amigos. Esta es una muy buena razón para asistir al futbol.
¡Vamos a ver como termina la fiesta! Creo que no descenderemos después de una temporada malísima.
¡Hasta la próxima, primero Dios!