Estuve ayer en Las Navas en la novena a la Virgen de Belén. ¿Qué pueblo, qué población más cercana y cariñosa? Alguien me dijo qué recordaba con mucho cariño cuando acudía al pueblo desde San Nicolás para realizar las celebraciones con ocasión o bien de la marcha de un compañero o para cubrir las vacaciones de otros o para iniciar el Junior. Al salir del templo tenía más invitaciones a una cerveza de las que podía atender.
Me paré en la puerta trasera con Lolo, con Manu y con Amador. Tres de los muchos a los que considero amigo naveros. Ya todos casi rondando los cincuenta, casados, con hijos. Y hablando recordamos la cantidad de momentos que habíamos vividos juntos.
En esa conversación me recordaban cómo les gustaba verme en estos momentos, aunque sea de otra manera. Y yo les dije que a veces, para mantener el amor a lo esencial, hacía falta alejarse. Y después recordé que eso lo había hecho varias veces en mi vida. Y aunque lo había hecho consciente y con decisión, no dejaba de ser doloroso. Y era consciente también que eso también era amar. Querer mantener una amistad con un compañero, restar importancia a mantener una buena situación económica, ser fiel a mis convicciones más profundas, estar cómodo en un buen destino.
Hoy, mientras barría las hojas en las terrazas, escuché el título de esta crónica en una canción. Me ha servido para dar gracias y que poder haber sido consciente de ello me ha mantenido firme y seguro de quién soy y de quien quiero ser. Lo importante es seguir amando a tus convicciones.
¡Hasta la próxima, primero Dios!
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