viernes, 21 de julio de 2017

Y periodo cumplido.

"Yo quiero misericordia y no sacrificios"


Con motivo de la acusación de que sus discípulos no guardan el sábado, Jesús manifiesta un principio fundamental de su mensaje. La misericordia anula a los sacrificios de la Antigua Alianza, porque Dios es misericordia, es amor, antes que receptor de cultos u ofrendas. Esto nos habla de la gratuidad de la relación que Dios tiene con nosotros y del que parte toda relación con Él. 

Cumplido lo pretendido
Desde el mes de noviembre del dos mil trece en el que comencé en Ixmucané, en Huehuetenango, Guatemala, hasta este mes de junio en el que se acabó mi tarea en Ecuador, he estado realizando aquello que me propuse: dedicar un tiempo de mi vida en servicio a los demás, en especial a los empobrecidos. Siempre en tareas relacionadas con la educación he podido conocer unas sociedades diferente a la mía, aunque con mucha conexión a la vez dado que me he encontrado en países hispanoamericanos.
Independientemente de lo que he podido ofrecer, lo más importante de mi estancia es que me traigo la amistad de muchas personas. Todos y cada uno de ellos, de sus familias, han sido muy importante en estos años y se incorporan como riqueza inmaterial a mi persona.
Muchos han llegado a ser amigos del alma, del corazón, que permanecerán para siempre en el mío. 
Y creo que el segundo aspecto en el que he crecido es el  que me aporta el conocimiento de la sociedad de un país centroamericano, como Guatemala, que me hará tener un claro referente a la hora de analizar cualquier situación. 
Mi estancia en Guatemala de vuelta de Ecuador, la he aprovechado también para ver algunos lugares importantes que me deseaba verlos y estar con algunos amigos, pues el tiempo era poco y no pude ir a Huehuetenango. Les agradezco mucho el hecho de aquello que vinieron a verme.
Y aquí algunos momentos de esas visitas.
La ciudad de Chiquimula fue la base de la primera estancia en Guatemala, pues estaba en punto estratégico para realizar las visitas a los lugares que quería ir. 


Copan, en Honduras muy cerca de Guatemala, es uno de los sitios mayas más importante. Estaba situada en el extremo de esta civilización con contactos con otras culturas.

Tras el colapso (hundimiento) de la civilización maya sobre el siglo IX d. de C. casi desapareció la población. Cuando llegaron los españoles en el siglo XVI Copán era únicamente un poblado agrícola.

Ir a Esquipulas era un deseo claro para mí. Centro de peregrinación de toda Guatemala, si Cristo negro es una imagen con gran devoción en todo el país. 

La imagen es de finales del XVI y el templo se finalizó en 1759. El Cristo es venerado en la mayor parte de Centroamérica y el sur de México. 

Cerquita de Chiquimula mi querido amigo, e ahijado, Pether tiene una tienda. También con él pasé unos buenos días. 

No podía faltar Tilapa en este viaje de despedida. Esa playa me ha cautivado y en ella me encuentro muy feliz.

Estuve con Danilo, profesor de la Salle de Huehuetenango que tuvo la deferencia de aceptar mi invitación.

Xela es una ciudad que me atrae. En ella pasé unos días. Parecía Semana Santa pues una hermanda celebraba su centenario. Iban vestidos con las mismas túnicas que en Semana Santa.

Y como Pether tiene su tienda, mi amigo Rafael tiene su panadería en Xela. Una visita muy interesante.

Y aunque no están todos los amigos que vinieron a visitarme, que esta foto con Saraney en Xecul, sirva para agradecerles a todos el detalle de acercarse a saludarse a Xela.

Y ya en el vuelo de regreso a España.

¡Y HASTA LA PRÓXIMA PRIMERO DIOS!

Y en la última noche la sorpresa de la llegada de Pheter para despedirme. Gracias amigo.

jueves, 29 de junio de 2017

Cojimíes, playa “pacífica”

“Les preguntó, ¿quién dicen que soy?”
 Es importante la pregunta. ¿Quién decimos quien es Jesús? Y nos podemos llenar de definiciones a cuál más grande o más elaborada. Pero como se dice mejor quien es Jesús es intentando demostrárselo con la vida. Se dice quién es uno con las actitudes que demuestra, con los valores que intenta sean los que presidan tu vida. Y así procurar que Él sea el que diga que somos suyos.

Me gustan este tipo de playas
Llegar a Cojimíes, como ir a cualquier sitio que no has ido nunca, me llevó mi tiempo, me supuso mantenerme en vilo, me mostró nuevos paisajes, me cansó, me hizo estar en contacto visual con la población de ese camino. En fin me abrió a una parte del Ecuador que no conocía.
Salí de la terminal Carcelén desde Quito. Fui allí en taxi, en el que me dejé las gafas de sol. ¡Cuántas habré perdido, Señor! Salimos a la hora establecida, las 13,15, pero me llevé una sorpresa, íbamos a la terminal de Quitumbe a la que me hubiera resultado más fácil llegar al estar más cerca del hotel e
n el que vivo en Quito.
El viaje fue largo. Tuvimos que pasar la parte occidental de los Andes, lo que siempre es agradable ya que es un gozo para la vista. Pasamos por un bosque nuboso que me recordó algunos parajes de Guatemala, en concreto el que se pasa para ir a Colomba en Quetzaltenango.
Después la carretera discurre paralela a un río de montaña que desemboca en el pacífico. Ya casi de inmediato sentía el cambio de clima viendo a las personas de los lugares por los pasábamos que vestían con mangas cortas.
Como es normal en estos países son innumerables los vendedores que acceden al bus durante el trayecto para venderte todo tipo de mercancias, preferentemente bebidas y comidas típicas.
Llegamos a la capital de la provincia: Santo Domingo de los Tsáchilas.
Se ha ubicado el origen de Tsáchilas, en Centroamérica y el Caribe en especial con la etnia Siboney, por las características craneales y fisonómicas. Se entiende que los Siboney emigraron a Centroamérica desde el Caribe y desde ahí emigraron a Sudamérica, bordeando la costa de Panamá, Colombia y Ecuador, hasta llegar a las provincias de Esmeralda y Manabí.
Desde la época colonial, los extrajeros los han llamado colorados, por el color de sus peinados y decoraciones que ostentan durante sus festividades. Es hermosa la leyenda de “El tsáchila que se convirtió en Sol”

Y ya eran las cuatro de la tarde. Entonces comencé a controlar el tiempo que nos quedaba para llegar a Pedernales, porque sobre las siete dejan de funcionar los autobuses y yo aún debía recorrer más de treinta kilómetros para llegar a mi destino.
No sé por qué tardamos tanto. Lo que me dijeron que serían unas dos horas se convirtieron en cuatro y media. Hasta ese momento me había cambiado de asiento situándome en uno de la primera fila. Las personas no dejaban de subir y bajar. La oscuridad no me permitía ver nada del paisaje. Y las horas iban pasando. Ya me imaginaba que perdería una noche en el hotel de mi destino. Bueno no perdí la calma. No sirve para nada. Ya veríamos que hacíamos cuando llegáramos.
El destino del bus era Pedernales epicentro del gran terremoto de abril de 2016 que había destrozado la población y en la que habían muerto 175 personas.
Supe que estaba cerca de esa ciudad porque desapareció el asfalto de la carretera. La ciudad aún no se ha recuperado de ese desastre. Aunque ví algunas casas nuevas, tanto las calles, como la terminal de autobuses, se veían afectadas.
Llegué hacia las nueve de la noche. Un viaje de 283 kilómetros que debía hacerse entre cuatro horas y media a cinco lo había realizado en ocho y media. Ya no había buses para mi destino.
En eso un chico me dice: “¿Va para Cojimíes?” “Sí”. “Esas dos personas también van y hay un señor que tiene un coche que les puede llevar”. ¡Qué alegría! Nos pusimos de acuerdo sobre el precio y nos montamos los tres en el carro. El chófer llamó al chico, le dio un dólar y alabó la mediación de ese joven que no pasaría de 14 años: “Ese es un busca vida, llegará lejos”, comentó. Y me quedé pensado sobre ello un buen rato.
Me lo imaginé como un ángel que sin venir a cuento aparece en tu vida ayudándote. Y recordé la enfermera que se quedó un buen rato conmigo, en plena feria, en el andén del metro cuando me dio la lipotimia. Apareció cuando estaba prácticamente sólo tendido en el banco esperando las urgencias, y se fue un poco antes de que llegaran.
Llegué a Cojimíes hacia las nueve y media de la noche. Encontré pronto el hotel, me dieron habitación y me dispuse a encontrar un lugar abierto para cenar paseando por la calles embarradas y oscuras de un lugar que se me antojaba pequeño y casi sin población. Lo encontré. Bastante bien. Y así terminó este viaje de ida que me va a permitir conocer una parte de Ecuador que me faltaba visitar.
Cojimíes es una parroquia rural de Perdernales que sería la cabecera municipal. 
En realidad es que es un pueblecito de pescadores situados en la punta de una península estrecha y paralela a la costa en la que se ha ido introducido el turismo por la calidad de su larga playa cubierta por una larga hilera de palmeras de coco. 
Me pareció atrayente el hecho de estar en el extremo de la península. ¡Siempre lo más raro! Además de ser una playa con una población. No me gustan los hoteles aislados que sólo tienen turistas.
Así puedo conocer mejor el medio en el que me muevo. Ir a comer dónde comen la gente del pueblo es un placer para mí.      Aquí es muy apreciado el “Encocado”, lo que en Guatemala le llaman “tapado”, que es una sopa de mariscos y pescado con leche de coco. ¡Extraordinario! ¡Una delicia del paladar! O la magnífica tortilla de camarones (gambas) o las langosta que están realmente a muy bien precio.
Poder entablar contacto con su gente me encanta. Conocer como viven me ayuda a tomar conciencia de donde estoy. Las relaciones con los dos trabajadores del hotel Javier y Beti han sido muy buenas. El compartir con ellos: ¡Magnífico! Escucharles decir cuando me despedían: "¡No se vaya!" o "¡Vuela!" es muy reconfortante.
     
Esta será mi última salida aquí en Ecuador. Con ella cerraré un periodo de mi vida inesperado, intenso, gratificante, lleno de nuevas tareas y experiencias. 

Y hasta siempre Ecuador
Y con el sentimiento de haber realizado un proyecto que me encomendó mi estimado amigo Rafael, y que tengo la sensación que ha sido útil a este país en el terreno de la educación, me despido del Ecuador y de mis amigos ecuatorianos. 
La tarea para la que vine ha sido realizada. La puesta en práctica depende de las nuevas autoridades educativas del país. Quizás tarde en concretarse. No puedo quedarme aquí para ver si se realiza o no. 
La opinión generalizada es que va a hacer pero aún no se ha concretado y quizás no sea exactamente como se había pensado o como yo me había imaginado. Por lo tanto no es cuestión de quedarse. Mi informe sé que ha sido valorado y que se tendrá en cuenta. Espero que los siguientes pasos en la formación  de rectores de las Unidades Educativas sean positivos.
 Ahora, por consiguiente va a cambiar este blog porque cambiará el lugar donde viviré, dónde continuará otro periodo de esta tercera etapa de mi vida, y por lo tanto los contenidos del blog que ha tenido hasta hoy más 39.000 visitas. Y más que nunca digo...

“Hasta la próxima, primero Dios”





miércoles, 28 de junio de 2017

Los danzantes de Pujilí

“Tengan cuidado de los falsos profetas”
Y continúa... "por sus frutos lo reconocerán". El árbol bueno da fruto bueno. ¡Siempre! Nosotros no somos un árbol. A veces damos frutos exquisitos, otras malos, otras sin sabor… Lo importante es querer dar frutos buenos y poner los medios para ello.
Entonces seremos buenos profetas del Amor de Dios.
Gracias a mi “pana” Yoni
Con Yoni y con alumnos de la U.E. del Milenio
de Zambahua.

Mi última visita a una Unidad Educativa del Milenio la realicé a Zambahua, una de las parroquias rurales del Cantón Pujilí.
Allí conocí a al profesor Yoni. Ya hablé de él en otra crónica. Con Yoni conecté rápidamente pues se me acercó a preguntarme quién era y qué hacía allí. Esto habla de cómo es: una persona abierta y extrovertida, segura de sí misma.
El vive con su mujer en Latacunga la capital de la provincia de Cotopaxi donde yo tenía mi residencia durante esa visita.
En esta segunda estancia, y debido a que tuve prácticamente todo el tiempo libre, conecté con él y en seguida me invitó a las fiestas de la octava del Corpus Christi a Pujilí de donde él es oriundo. En Pujilí vive su padre y algunas de sus hermanas.
Y allí me encaminé. Siempre valoro muchísimo el conocer un país desde dentro. Pues así lo conoces en profundidad. Y vivir en una familia te permite esto.
La conexión con todos ellos fue fácil y gratificante. Inmediatamente me encontraba con en mi casa. Esto es mucho de agradecerles a todos y cada uno de ellos. Y con ellos pasé cuarenta y ocho horas magníficas. Y sin saberlo conocer unas fiestas sin igual en todo el Ecuador: el Danzante de Pujilí.
Pujilí se encuentra a unos diez kilómetros de Latacunga. Tienes unos setenta mil habitantes repartidos entre la cabecera del municipio y seis parroquias rurales, entre ellas Zambahua, dónde realicé la visita a la Unidad Educativa del Milenio que se encontraba como a cuarenta y cinco minutos de Pujilí. Debo de decir que me impresionó Pujilí por su urbanismo, su limpieza, su ornato, la iluminación…
De este municipio es de donde es el Danzante. Esta fiesta, de origen prehispánico, se incorporó a las fiestas coloniales en una mezcla maravillosa de tradiciones.
El personaje principal de las festividades del Corpus Christi, bailaba antiguamente de alegría por la cosecha del maíz, como parte de los ritos en honor del cacique principal. Esta unión de tradiciones cristinas y paganas, con valores culturales, ancestrales y folclóricos la han convertido en Patrimonio Cultural Intangible de la Nación.
El sábado anterior a la celebración de la fiesta litúrgica del Corpus Christi tiene lugar el gran desfile.
Esa noche del viernes con “mama”, la abuela materna de Yoni, su madre murió en un accidente de tráfico, y su tío, fuimos a poner sillas en el recorrido oficial para así asegurarnos tener un buen sitio para ver el desarrollo de pase de los danzantes. Curiosidades de la vida. Todas las aceras tenían sillas puestas por particulares a lo largo del recorrido. ¡Y allí estaban al día siguiente!
Y con toda su familia fuimos el sábado por la mañana a verlo: hermanas, tíos, primos, amigos… con sus respectivos y respectivas allí nos situamos dispuestos a disfrutar. No faltó ni la comida, aportada por las personas más sensatas, ni la cerveza comprada a escote entre todos.
Es curioso cómo los participantes llevan fruta, caramelos, bebida… que reparten entre los que están contemplando el discurrir de ese desfile.
El danzante es un condor. Su cadencia simula el vuelo del carroñero. Dos pasos aventados a la derecha, dos a la izquierda… Los brazos batientes. Las plumas de pavo real en la corona y una amplia cola que cae hasta los talones completan la figura del ave en el cuerpo del bailarín.
El desfile comenzó a las 10 de la mañana y se alargó  hasta más de las cuatro de la tarde.
Danzante no puede ser cualquiera. Llegar a serlo es un prestigio personal. Tiene que bailar, además de portar todo el traje, con una corona que puede pesar más 11 kilos. Tiene que danzar marcando bien el paso y además aguantar el traje durante seis horas.
El traje del danzante conjuga las distintas tradiciones de esta fiesta. La corona mide unos ochenta centímetros y está adornada con imágenes religiosas y figuras del sol.
El danzante está presente en la arqueología prehispánica, donde su traje estaba adornado con oro, piedras preciosas y espejos, para adorar el Taita Inti (Padre Sol).
El personaje lleva en la mano el tocto del maíz, que es la parte superior de la planta donde se encuentra la flor. El penacho convierte al danzante en hombre-maíz. Representa la fertilidad de la cosecha. 
En el resto del traje están representado el arcoíris y el condor. Los calzones son de encajes muy anchos, cascabeles en las piernas que les sirve también para mantener el compás de la danza, alpargatas y medias blancas.
A veces esos danzantes van precedidos por mujeres, o Mama Danzas, que representa a las sacerdotizas que enseñaron a bailar a los danzantes.
Con los cascabeles, que llevan suspendidos en sus pies, se quiere representar el generar la lluvia y es purificador del ambiente y de la fiesta.
Tras cada grupo de Danzantes o de compasar hay una orquesta o banda que va tocando el ritmo a los bailarines. Pues en el desfile no interviene sólo danzantes, mas de setenta comparsas de todo el país intervienen en él aportándole coloridos y músicas diferentes.
Además el desfile no es sólo el del sábado, tanto el viernes como el domingo hay desfiles. El del domingo, menos famoso, posiblemente sea más auténtico pues en él participan danzantes indígenas. Aquí unas fotos de esas comparsas.


  


 

No se puede hablar de estas fiestas sin hablar de los organizadores: los fiscales y los alcaldes que están al frente de los gastos y el control de las mismas. Son elegidos anualmente y son muy importantes en el desarrollo de la fiesta. Y, como en todas las comparsas, ellos también van distribuyendo algo de bebida durante el paso del desfile.
Y estaba decidido a hacerlo. No podía irme de Ecuador sin probarlo. Tenía el cuerpo hecho a ello. Y la experiencia fue de lo más agradable.
Me invitaron el domingo por la mañana a probar el Cuy. Y dije que sí. ¿Qué cuál fue mi impresión? Pues pedí la parte trasera por eso de no verle la carita. Cuando lo probé creí reconocer el sabor. No me fue extraño. Una mezcla entre pollo y cordero lechal. Esa sería mi definición. Me gustó. Y me alegro, pues me dijeron que me iba a gustar. Faltaba un poco de vino tinto que hubiera realzado el sabor. Conseguí hacerlo y no me arrepiento. Completa mi estancia en Pujilí. ¡Gracias mi pana!


“Hasta la próxima, primero Dios”