sábado, 17 de octubre de 2026

Mallorca tiene muchas caras

En el tiempo que dura la vuelta a Sevilla voy a intentar redactar esta crónica.
Después de esta semana mi balance es positivo. Me ha gustado muchas cosas: el hotel, el Imserso, la ciudad, la playa..., pero sobre todo las relaciones personales con los amigos ya conocidos y con los que he conocido en este viaje.
Me ha causado una gran satisfacción la pareja de mi gran amigo, mi hermano, que vive en Mallorca. Él es siempre el principal motivo por los que me hago presente en la isla. Por lo menos ha sido estos últimos años. Verlo motivado, en esta nueva relación, me llena de satisfacción y de tranquilidad, al verlo acompañado, querido e ilusionado. Así se lo he dicho.
Por otra parte el llegar al restaurante de Soufiane y que éste te reciba con un fuerte abrazo, al igual que Yamal, y de los otros camareros, me llena de alegría. Ha sido el lugar para mis cervezas vespertina.
Ver a Martín, de pocas palabras, que me mira ilusionado al verme mientras me estrecha las manos que me transmite todo el calor del encuentro deseado por ambos. No hemos tenido mucho tiempo para conocernos, pero es agradable estar con él.
Juntos a éste debo sumar esta vez a alguien con el que he conectado con facilidad: Marc. No estábamos destinados a conocernos, pero coincidimos en una visita y hemos quedado para vernos la próxima vez, si ha lugar. Voy a intentarlo.
Y hay otros personas que aunque la relación no ha sido como las anteriores me he sentido unidos a ellas. Una es Federico, mi compañero de habitación en este viaje. Al principio uno esta a la expectativa de como irá el compartir un mismo espacio durante una semana. Pues, desde el principio, estupendamente. ¡Magnífico! Eso suele darse si cada uno va manteniendo una actitud de respeto y de atención hacia el otro.
Y la otra persona es Bella, la limpiadora de mi piso. Como hablo con todas las personas, el primer día ya conocía su nombre. La saludaba cada vez que la veía. No vino el sábado, ni el domingo, ni el lunes, ni el martes. Ese día le pregunté por ella a las limpiadoras que estaban en su lugar. Me dijeron que se había tenido que ir a su país porque había fallecido su madre. Me sentía mal. No la conocía de nada, pero me impactó. Le dije a sus compañeras que la saludaran cuando la vieran. Una de ella tomó su movíl y en su wasap le decía por el micrófono que el huesped de la habitación 431 le mandaba recuerdo y las condolencias. ¿Hay una actuación más cariñosa, más cercana, más impresionante de esa compañera? Me quedé admirado. Se lo agradecí mucho.
Y además otras personas con las que intento comunicarme de una manera constructiva, con todo mi cariño. Aunque no he compartido el mismo tiempo con cada de ellos, como es lógico, he intentado verlos varias veces. Ma ha gustado bastante este viaje y encontrame con ellas. ¡Mallorca tiene muchas caras para mí!
¡Hasta la próxima, primero Dios!

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