Fue mi hermano Mateo quién recordó ayer los dos días de mi cumpleaños: "Date por felicitado hoy y mañana". De hecho hoy he seguido recibiendo felicitaciones. Es un gozo el que amigos de toda España, y algunos fuera de ella, me mandaran mensajes de felicitaciones por mi aniversario.
Las felicitaciones que he recibido son mucho más que las palabras “¡Feliz Cumpleaños!” Son mensajes llenos de cariño, reconocimiento y buenos. Esta tradición sirve para recordarme cuánto significa para quienes me rodean, sea desde la cercanía o la lejanía. A mí, me ayuda a fortalecer los lazos entre amigos, familiares y conocidos, y me permiten mostrar aprecio en un mundo que a veces parece frío o distante. Más que una rutina, felicitar demuestra interés por la otra persona y el deseo de felicidad en el año que empieza. En tiempos en los que muchas interacciones son rápidas o poco profundas, una felicitación sincera puede destacar como un hecho especial.
Tomarse el tiempo para desearme salud y alegría es una forma de mostrarme cariño y atención. Aunque no nos veamos o hablemos a diario, recordar el cumpleaños es una señal de que los lazos siguen ahí y siguen siendo importantes.
Dar una felicitación no es solo cumplir con un trámite social. Para el que cumple años, las palabras y el recuerdo dan alegría y fortalecen su autoestima. Estas muestras de cariño hacen que ese día sea especial y recuerdan que forma parte de un grupo, ya sea familiar, de amistad o profesional. Felicitar mantiene esas conexiones vivas y muestra que te acuerdas de las personas y los detalles importantes de sus vidas. ¡Doy gracias a Dios por mi familiares y amigos que se han acordado de mí! Fue ayer cuando tuve el encuentro en mi casa con algunos antiguos amigos de Sevilla capital y de algunos pueblos de la provincia.
¡Hasta la próxima, primero Dios!




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