domingo, 11 de octubre de 2026

Después de cuatro meses


En la crónica del uno de julio comenzaba diciendo que Mallorca me encanta. Hoy, cuando llevo dos días de nuevo en esta isla, me encanta porderlo repetir. Esta vez he venido con el Imserso, un plan del Estado para que lo mayores puedan viajar con unos precios más reducidos,  cuando la temporada de verano ha terminado. Así se consigue no sólo ese propósito sino que permite que el trabajo del personal de esos hoteles no sea estacional sino que sea permanente. Hoy he escuchado a un encargado del sercicio del restaurante decir que durante todo el invierno el hotel está lleno. En verano lleno de turistas, en especial de alemanes y, en menor medida, de británicos, franceses y holandeses.

La acogida y los servicios que disfrutamos es maravillosa tanto del personal del Imserso, como los del hotel. Tanto en el aeropuerto de partida, como en el de llegada, hay personal que nos atiende. No te tienes que preocupar de nada. El autobus al llegar, las habitaciones, el restaurante, los viajes previstos para el que quiera por la isla, las fiestas en el hotel... todo es, según mi experiencia, más que aceptable. El primer día estaba rodando un equipo de una televisión francesa nuestra llegada y estancia, pues este servicio para los mayores no exíste allí.

Es la segunda vez que vengo a Mallorca utilizando este servicio de vacaciones del Estado. Hago la vida por mi cuenta. Cada vez me encuentro más suelto, más agusto, utilizando el servicio de autobuses. Me arriesgo más a descubrir dónde van y vienen éstos. Ayer descubrí una línea que va desde el hotel directamente, sin paradas, al centro de Palma. Me monté sin saber muy bien dónde llegaba el 405. Ponía Palma, pero yo no sabía exactamente dónde en Palma. Pues al final llegaba a la Plaza de España, centro neurálgico de las comunicaciones de la isla. Lugar dónde las líneas convencionales, el 23 y el 25, me llevaban siempre. 

Pasear por Palma, perdeme en ella, me encanta.  Ayer, tras el cuentro con Lamal y Soufiane, me atreví a ir caminando desde donde estábamos hasta el hotel. Me llevo unos treinta y cinco minutos caminando por el paseo de El Arenal.  

Quedar con amigos, celebrar ese encuentro con un muy agradable recibimiento, quedar para vernos de nuevo durante mi estancia, es la "rutina" de cada día. Igual con Martín. Ya Tomak y su familia ha partido a su país. 

Aún me quedan cinco días aquí. Espero que todo vaya como hasta ahora. 

¡Para pensar!

¡Hasta la próxima, primero Dios!

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