domingo, 20 de octubre de 2024

Usurpadores de la palabra


En el día de hoy he tenido, por dos veces, la ocasión de contemplar cómo las personas con las que estaba, hablaban y hablaban sin parar. Uno de ellos no dejaba de dar su extensa opinión sobre cualquier asunto, y unía temas que se le venía a la mente y no paraba de hablar. En otra ocasión otra persona hablaba sobre sus convicciones en determinados temas en las que además de hablar sin dejar de dar puntada a los otros, encima alzaba la voz y sus gestos indicaban que se encrestaba hasta tal punto de le tuve que decir que se serenara, sobre todo porque yo no había dado mi opinión sobre el tema. En los dos casos mi actitud fue paciente hasta que en el segundo caso, después de un buen tiempo, le dije que parecía que me estaba dando una clase sin yo pedírselo. Como el día ha sido un poco espeso en este sentido, y la paciencia requería un descanso, el segundo se llevó esta respuesta un tanto seca. Pensar sobre sobre todo esto me ha llevado a escribir sobre el saber escuchar y dejar hablar al otro. 

Soy una persona que me considero que puedo manifestar mi opinión sobre determinados temas y hacerlo con convencimiento. Y que también he podido caer en lo que hoy juzgo. Sirva esta crónica para mejorar en este aspecto. No me gusta ir paseando o estar comiendo con alguien que mantiene un monólogo. 

Soy consciente que escuchar promueve la resolución de conflictos y permite desarrollar otras habilidades que se vinculan con nuestra inteligencia emocional como la empatía, lo que lleva a un mejor entendimiento y colaboración entre pares. Además, demuestra respeto, interés y confianza hacia el otro. También soy consciente que el que habla deber ser respetuoso con el que escucha y, en una conversación, el otro tiene algo que decir. Y que estar con otros no significa tener que estar hablando sin parar. El silencio no es malo.

Resulta incómodo intentar mantener una conversación con alguien que no te deja hablar; no te permite meter baza y, si lo haces, te interrumpe de inmediato. Hay personas que hacen esto, pero no con la intención de molestar, simplemente son malos conversadores y sobre todo, malos para escuchar a los demás. Se centran únicamente en lo que ellos quieren decir, y no solo no les interesa lo que puedan decir los demás, sino que ignoran totalmente los intentos de su interlocutor por tomar la palabra. En otros momentos al decir una opinión personal el otro interrumpe diciendo que el más y peor, o mejor. El tono con el que habla transmite autoridad y confianza para evitar que la gente le interrumpa. 

Otras personas en cambio, no te dejan hablar o te interrumpen, porque consideran que lo que ellos van a decir es más importante o interesante que lo que puedas decir tú en un intento de obtener el control de la conversación y afirmar que sus opiniones y conocimientos son más importantes que lo que dice el otro. Por lo tanto, te obligan a escucharles: no dejándote hablar a ti, e imponiendo su opinión qué es “la buena”. Me decía hoy uno de ellos que su opinión, sobre un hecho histórico, era la acertada y que otras respuestas era "ideológicas" y, por supuesto, incorrectas. En general, estas personas se consideran mejores que los demás; o por lo menos más listos. Todos ellos tienen algunas características comunes a la hora de interactuar con los demás.
Los usurpadores de la palabra suelen ser los que empiezan la conversación; aunque esto tampoco importa mucho, si la empiezas tú, te quitarán la palabra de inmediato. Y lo harán, para aportar alguna idea sobre ellos mismos, su experiencia, sus conocimientos, o su propia opinión, que siempre será la mejor. La conversación tuya no les interesa en absoluto.
Si haces el intento de hablar tu, levantarán la voz, sin perder el hilo de lo que están diciendo, para impedírtelo. Y por supuesto, seguirá hablando; así que mejor te callas porque no te escuchará. En el caso de que llegara a escuchar algo de lo que tú le has contado, te dará la solución y el consejo perfecto; aún sin que se lo hayas pedido.
Intentar saber escuchar al otro, analizarse el tanto por ciento que en determinada conversación has sido tú el que más ha hablado, creer que el otro tiene una voz y puede tener razón en lo que dice, callarse y preguntarle al otro: "¿Y tú que piensas?", y dejarle expresarse, es un buen ejercicio. 
Quizás la solución ante tales personas es llenarse de paciencia, mantener respeto a lo que habla, hacer una escucha activa incluyendo breves palabras para que sea consciente que hay otra persona en esa conversación, llamar la atención sobre algo que pasa o que está en el ambiente o la naturaleza... o simplemente mostrar tu aburrimiento. 

¡Hasta la próxima, primero Dios!


jueves, 26 de septiembre de 2024

Invertir en los amigos

Este pasado fin de semana ya estuve en casa. Tanto el sábado como el domingo, recibí visita de amigos. Con estos dos grupo he tenido una relación muy cercana compartiendo parte de mi vida personal con ellos. Y a veces con una gran profundidad. Por ello son unos amigos muy especiales. Nos conocemos muy bien. Y con ellos mantengo una relación periódica. No hace falta verse cada semana para considerarnos amigos. 

He pensado mucho en que continuamente estoy rodeados de amigos, de aquí y de allá. De mi pueblo o de Conchinchina. Por eso me he planteado diversas preguntas: ¿Es esto normal?¿Necesito estar en contacto con mis amigos? ¿Qué me aporta encontrarme con ellos? Fui investigando sobre ello y encontré un articulo realizado por el personal de Mayo Clinic que me aportó respuesta a estas preguntas. Yo las he replanteado desde mi experiencia.

Las amistades me aporta bienestar que repercuten en mis sentimiento, en mis opciones y en mi salud mental y física. No se me hace difícil hacerlas. Y las hago continuamente. Tengo amistades desde hace más de cuarenta años y otras recientes. Tampoco se me hace difícil mantenerlas. 

Creo que los buenos amigos son buenos para mi salud. Los amigos pueden ayudarme a celebrar los buenos momentos y apoyarme en los malos. Los amigos pueden prevenir el aislamiento y la soledad y ofrecerme compañía si la necesito. Los amigos también aumentan la sensación de que formo parte de un grupo, o dicho de otra manera sentimiento de pertenencia, me dan felicidad, mejoran la confianza en mi mismo y mi autoestima. Por ello invierto mucho en mantenerlas y mantengo una actitud positiva ante nuevas personas. Recuerdo el lema de uno de los Encuentros por la Paz que realizábamos en mi Instituto: "El desconocido puede ser tu amigo". De hecho mi forma de ser es de acoger a aquellos que no conozco, sobre todo los que me presentan mis amigos. 
Soy consciente que formar y mantener amistades saludables implica dar y recibir. Algunas veces soy yo quien da apoyo, y otras veces soy quien lo recibe. Hacer saber a mis amigos que me importan y que los aprecio ayuda a fortalecer el vínculo. Es tan importante que yo sea un buen amigo, como que me rodee de buenos amigos.
La inversión realizada vale la pena por el placer y el confort que la amistad ofrece. Esta inversión puede ser de disponibilidad, de viajar a aquellos lugar donde los tengo, de ofrecer mi casa para los encuentros, invitación a aquellos que viven lejos para que utilicen mi casa, ofrecer los medios de los que dispongo.
En fin lo que sé es que ¡Soy feliz con ellos!

!Hasta la próxima, primero Dios!

Añadido unos días posteriores. Otras ocasiones en la que en esta misma semana he podido compartir mi vida con otros grupos de amigos: 
El viernes fue con amigos de San Nicolás. Nos reunimos una vez por trimestre para cenar o almorzar en mi casa. Esta ocasión fue por la despedida del verano. 
Y el sábado fue un pequeño viaje a Zafra, localidad de la región cercana de Extremadura, con ocasión de la conocida Feria de Ganado. 
Tras una vuelta por la misma nos dirigimos al centro de la ciudad. Me encantó. Prometo volver. A ella fui con vecinos de San Nicolás y Alanís. El grupo en el que participo llamado Amigos del Loli fue con el que compartí el almuerzo en la Plaza Mayor de Zafra. 


lunes, 16 de septiembre de 2024

Mis amigos ex alumnos

El sábado estuve en el bautismo de Gracia en la Parroquia de Santa María de Carmona. Ese nombre este pueblo es muy normal, ya que la Virgen de Gracia es la patrona, y el bautismo se celebró delante de esta imagen que estaba en su novena anual. Por cierto la parroquia de Santa María es imponente. Tuve la oportunidad de verla antes de la celebración del bautismo. .
Edificada en distintas fases entre los siglos XV y XIX. Es de estilo tardo-gótico andaluz. El templo tiene una planta rectangular. Tiene tres naves. En las naves laterales hay entradas a capillas. En un lateral se conserva el Patio de los Naranjos, que fue el patio de abluciones de la antigua mezquita mayor de la ciudad. 
Carmona, ciudad histórica y monumental, bien merece una visita.
El interior contempla un gran planta de salón formada por tres naves y capillas laterales. Destacan las bóveda de nervadura de las naves, de carácter estrellado en la cabecera y sexpartito en los pies del templo. La estructura de las nervaduras del cimborrio en la nave central, presenta mayor complejidad y se encuentra decorada con medallones que representan ángeles en las claves de los arcos. Sus columnas son el resultado de la unión del conjunto de nervaduras.
La razón por la que asistí al bautizo de Gracia es que la pequeña es hijo de Alejandro amigo mío desde que fue mi alumno en el curso 1999-2000 en el instituto Maese Rodrigo en Carmona. En la comida coincidí con otro gran amigo mío, José Antonio Escamilla, compañero de Alejandro. ¡Qué después de veinticuatro años podamos estar juntos, en este tipo de celebraciones, es una gran alegría!
Alegría que también tuve por la tarde del sábado anterior, cuando entre en la caseta de la Juventud de la feria de Alcolea del Río y me vi rodeado de antiguos alumnos que me abrazaban y me besaban. Ya hace más de once años que terminé mi estancia en el el Instituto que se prolongó durante catorce años. Fue una inmensa alegría para mí el recibimiento que me hicieron y a los que algunos hacía muchos años que no les veía. Por la calle del real me encontré con Rafael que iba con su pareja y su madre. También me dio un gran abrazo. Le dije: "¡Pero sin te expulsé del Instituto varias veces!". A los que él me respondió: "¡Me lo merecía, Alfredo, me lo merecía!". 
El tiempo ha pasado y puedo decir que algunos de mis alumnos hoy son buenos y queridísimos amigos. Me gané su respeto cuando los traté con cariño y consideración, cuando les enseñé con rigor y los evalué de manera exigente. Siempre quedó claro que estaba ahí para acompañarlos y que les exigía para que desarrollaran todo su potencial.
Los docentes podemos ser amigos, empáticos, cercanos, comprensivos, humanos y más. No hay nada malo en promover una relación amistosa. Quizás el aparente conflicto se presenta porque algunos docentes validan y sostienen una relación asimétrica de poder con los alumnos.
Pero todo esto se puede pensar desde otro ángulo. Nuestro trabajo como docentes es enseñar, promover y acompañar los aprendizajes. Ya no sirve el modelo decimonónico del docente que daba clases magistrales y al que había que rendirle pleitesía. Hoy los estudiantes pueden conseguir toda la información que quieran en libros y la Web, entonces el docente es quien explica y propone actividades para asimilar saberes y desarrollar habilidades. Así las cosas ¿Qué tiene de malo hacerse amigo?
Claro, algunos dirán: si somos amigos le tendré que aceptar descompromisos en el aula; vaya, hasta tendré que aprobarle incluso si no estudia. Tener una relación cercana con lo alumnos no significa que pierdas tus papales y mantengas tu misión y tu lugar. De no hacerlo, puede ser una forma nociva de ver la amistad.
Como docentes podemos ser amigos de nuestros estudiantes y dejar en claro que seguiremos honrando nuestras obligaciones. Y siempre con una sonrisa, porque el cariño, como el respeto no deben faltar. A mí me llamaron siempre de tu y sin el don, y en ningún momento me perdieron el respeto, igual que yo siempre procuré respetarlo a ellos. 
También hay que decir que uno no se hace amigo de todos. Como en la vida misma, uno entabla amistad con unos y tiene un buen trato con otros. Pero esta relación de confianza me ha permitido estar para mis alumnos cuando me han necesitado. Y recibir en mi casa a ellos y que me pueda quedar en sus casas, como hice esta feria en casa de Andrés.

¡Hasta la próxima, primero Dios!


jueves, 5 de septiembre de 2024

Rastrojos



Salí de Arahal ya anocheciendo. Había estado con mis amigos Antonio, María Luisa, Nicolás y Gloria. Por la hora de salida sabía que llegaría a San Nicolás sobre las 10,30 de la noche. Estaba anocheciendo. Iba en dirección de Carmona en plena Campiña, por la Vega de Carmona. Una gran extensión de tierra llana. A unos kilómetros y tras pasar una pequeña elevación, al dar el rodeo que indicaba la carretera, vi la estampa que aparece en la primera foto: en la oscuridad una línea de fuego en el horizonte. 
Precioso espectáculo que hacía mucho tiempo que no veía. Inmediatamente me dije que era producido por la quema de rastrojo. Estos son los residuos del cultivo que quedan adherido a la tierra, después de cosechar, quedando parte del tallo unido a la raíz de la planta. Su quema implica la quema de la superficie total de la parcela. La quema puede ayudar a descomponer los rastrojos y devolver nutrientes valiosos al suelo, mejorando así la estructura del mismo. Además, la quema puede eliminar malezas y plagas potenciales, creando un ambiente más saludable para los nuevos cultivos.


Hay toda una legislación sobre cómo, cuándo y dónde se puede hacer este procedimiento. Antes la cantidad de incendios forestales que se han producido por culpa de esto, esta legislación es exhaustiva. Una de ella es el momento de la quema que debe ser después de la salida del sol y finalizar a la hora en que se fije en las condiciones de la autorización y puede realizarse cualquier día de la semana. En ocasiones extremas, los gobierno autonómicos pueden prohibir la quema por motivos justificados. Después de la línea de fuego un vehículo me confirmó de que la quema estaba vigilada. Me quedé maravillado por la plasticidad del momento. 

¡Hasta la próxima, primero Dios!






 

jueves, 29 de agosto de 2024

Mis amigos huehuetecos

Unos de los amigos que conocí en mi estancia en Huehuetenango fue la familia Sanz. La familia en sentido extensivo, pues son varios hermanos y primos. Son descendientes de españoles que le ha posibilitado tener doble nacionalidad. Las relaciones con ellos fueron continuas durante los tres años de mi estancia en Guatemala hasta el punto que, familiares y amigos que fueron a visitarme, también los conocían. Unos de los matrimonios de esa familia ha venido a España. Ellos son Manrique Sanz y su esposa Carmen González. Su hijo Santiago ya estuvo aquí aprovechando unos estudios de hostelería que realizaba en Bilbao. 

Fui a recogerlos a Madrid. Sabía por experiencia propia que no es fácil llegar a un país extranjero y moverse por él hasta  encontrar como llegar a la estación de tren que les trajera a Sevilla. En el camino de vuelta pasamos por Trujillo tan relacionado con Hispanoamérica. Allí nacieron Pizarro y Orellana. Es una ciudad con muchos edificios históricos. 


Han estado aquí desde el jueves hasta el lunes. Bueno aquí en San Nicolás y en la casa de Sevilla. Les había preparado visitar el Alcázar, la Catedral y la Alhambra de Granada. También ir a ver un espectáculo en un Tablao flamenco. Además paseos por Sevilla y comidas con amigos mutuos. Muchas cosas por hacer para tan poco tiempo. Ellos continúan su viaje por España y por Italia.

Me encanta atender a mis amigos de la mejor manera posible y, si de paso puedo compensar tanta atención que me depararon durante tres años, es como una obligación. Es agradable enseñar tu ciudad. Y contarles lo que has aprendido durante la vida de ella. Y eso que Sevilla no necesita mucho conocimiento, pues se da a conocer ella sola. Hace más falta observar, mirar con admiración, que escuchar alguna explicación. Sevilla se da a conocer ella sola. ¡Y es más sincera que ningún guía turístico!

¡Hasta la próxima, primero Dios!

miércoles, 14 de agosto de 2024

Punta Umbría

Hacía tiempo que no estaba en Punta Umbría. Me acuerdo que íba cuando niño toda la familia a pasar allí unos días. La primera vez que fui tendría unos siete u ocho años. Y eso duró unos cuantos años. Después he estado de paso. 
La semana pasada estuve pasando unos días en la residencia que tiene Hermandades de Trabajo de Sevilla. Quería ir a la residencia que tiene en Mazagón, pero está cerrada por reformas. En Mazagón he estado yendo más de treinta años. Era el lugar de vacaciones a los que iban mis padres. Desde el ochenta fui con ellos, después con mi madre y, más tarde, sólo.

Hermandades de Trabajo es una organización apostólica y social de trabajadores que lucha por la dignidad y los derechos de los mismos. Fundada en 1947 por Abundio García Román. En esa dimensión de estar procurando el bienestar de los trabajadores construyó una residencias donde estos pudieran gozar de unos días de vacaciones en residencias a un precio razonable. 

Hoy me he encontrado en la residencia personas mayores, en su generalidad mujeres, algunas con acompañantes a su cuidado. Ha perdido la dimensión de vacaciones familiares, padres con sus hijos, como los que conocí en Mazagón. Aún conservo buenos amigos de los jóvenes que iban todos los años con sus padres: Paco, Silve, Manolo, Fátima, José Manuel, Roberto y muchos más.
La residencia tiene sus normas que no va mucho con el estilo de los jóvenes actuales: comida igual para todos, horarios fijos, silencio en la siesta... ¡Y eso es lo que yo buscaba!

Pasar tiempo en una playa magnífica; visitar chiringuitos que aún están abierto desde mi infancia como el Miramar, el Terramar o Miami; pasear por la calle ancha; ver puestas del sol sobre el mar; comer unos frutos del mar exquisitos... 

Y recordar aquellas calles de arena, aquellos juegos en el mar, la venida en la canoa desde Huelva a la entonces Punta Umbría a la que no se podía acceder por carretera, ni era municipio independiente. 

Magníficos días que he pasado viviendo y reviviendo mi vida.



¡Hasta la próxima, primera Dios!


La alegría de los sencillos

Ayer por la tarde, cuando estaba a punto de cambiarme de ropa, llaman a la puerta de mi casa. Es raro que llamen. Oí voces de niños y creía que eran los de mi calle que a veces vienen a venderme una especie de lotería que ellos hacen para sacar algún dinero. No volvieron a llamar, pero oía sus voces en la puerta. Cuando terminé de vestirme abrí la puerta. Eran tres adolescente, dos niñas y un niño, de unos 12 años. ¡No los conocía! Eran de los que pasan el verano aquí, ya sean de familias originarias de San Nicolás o de los que vienen de turismo.

Me dicen: "Veníamos a ver si sus hijos quieren salir a pasear con nosotros". "Los vimos ayer y vimos que entraban en esta casa" Mis "hijos" eran  Abigael y Joaquín hijos de Caroline, pareja de Laurent sobrino de mi amigo Dominique. Estos han pasado dos días en mi casa. La chica tiene 13 años y al chico le faltan dos días para cumplir los 11. Cuando les comuniqué que ya se habían ido se sintieron decepcionados.  

No los conocían, no sabían que eran franceses. Y se pusieron de acuerdo a venir por ellos. A llamar a una casa extraña. A entablar contacto con gente desconocida. Me pareció algo precioso. ¡Qué alegría de los sencillos! De los que nada temen, de los que que no tienen prejuicios, de los que se abren a los demás de una manera tan generosa.

Cuando se lo he contado a Laurent, me ha escrito: ¡C'est adorable! Y yo, haciendo patria le dije: ¡Así somos los andaluces! ¡Qué nunca se pierda la sencillez!

¡Hasta la próxima, primero Dios!