jueves, 24 de marzo de 2022

La Campana de la libertad

Ayer, en mi primer día en EEUU, al llegar me quedé en un hotel a unos ochenta kilómetros de Nueva York. Aunque el avión llegó a su hora, los trámites del control de entrada son demasiado largos. Después el encontrar el medio de llegar al punto de alquilar el coche, hacer las gestiones pertinente con una persona que no sabe castellano, ver cómo funciona éste, hizo que tardara más de dos horas en el aeropuerto. Pero todo se desarrolló de forma normal. ¡No hay que tener prisa! ¡Ya se sabe lo que hacen las prisas!

Casi no dormí. ¡Es lógico! Todo es nuevo, sobre todo el horario. El "décalage" es de cinco horas. Así que cuando me eché a dormir era casi tiempo de despertarme. Así que adelante el programa, hay que adaptarse a las circunstancias y así llegar a mi destino con menos prisa. Es admirable lo fácil que se acostumbra uno a conducir el coche automático. ¡Éste es inmenso!

Salía desde el camino que tenía proyectado: pasar por Filadelfia antes de llegar al próximo hotel. Lo había marcado en el móvil y me dirigí a ella. El motivo de esta visita era ver solo un objeto: la campana de la libertad.

La Campana de la Libertad (en  inglés: Liberty Bell), es una campana de gran importancia histórica. Es quizás uno de los símbolos más prominentes asociados a la guerra de la independencia de los EEUU. Esta campana es también uno de los grandes símbolos abolición de la esclavitud, carácter de la nación y libertad del país, y ha sido usada como un icono internacional de libertad.​
Con su toque más famoso, el ocho de julio de 1776 convocó a los ciudadanos de Filadelfia para la lectura de la Declaración de la Independencia. Antes, había sido tocada para anunciar la apertura del Primer Congreso Continental en 1774 y en otros acontecimientos previos a la independencia. 
Filadelfia dedica un gran espacio a la Independencia.
La Campana de la Libertad fue  adoptada por la Sociedad Americana Antiesclavitud como un símbolo del movimiento abolicionista. Había explicado esto muchas veces en mis clases de historia al hablar del nacimiento de ésta nación. ¡Así, que tenía que entrar en la ciudad a verla!
Era la primera vez, en este viaje que entraba en una gran ciudad (un millón y media de personas) y conducía por sus calles hasta llegar al centro histórico de la misma. Un gran logro poderla ver. 
Lugar donde se celebró el segundo Congreso Continental en el que cincuenta y seis delegados firmaron la Declaración de Independencia.
Y después ocurrió lo narrado ayer. Pero fue a peor. Al llegar el móvil no se abría, estaba "knock Out". ¿Y si no despertaba? ¿Cómo viajar? ¿Cómo ir a los hoteles? ¿Y al aeropuerto? A unas dos horas puede ser que se cargara. Después con el ajuste, !yo que no entiendo nada! Fue poco a poco abriéndose y tras cinco horas volvió a estar como antes del apagón, gracias a Dios. ¡Otra noche en blanco! Voy a acabar con las interjecciones del ordenador.
Así que casi a las ocho de la mañana termino esta crónica dispuesto a visitar Washington tras el desayuno.

Hasta la próxima, primero Dios!

miércoles, 23 de marzo de 2022

Un día de 29 horas

No es la primera vez que algunos de mis días tiene más horas de las veinticuatro. Lo mismo que hay otros que tienen menos. Cada vez que voy al continente americano pasa eso. Si vas para allá o si vienes pasa eso. Escribo esta narración  al día siguiente que llegué a Nueva York.

Y lo hago cuando acabo de pagar por una acción que no pensé demasiado al irme a comprar un enchufe americano, los que las espigas metálicas son planas. Traía uno y sirve, pero no para los enchufes con las varillas más gruesas, como las del ordenador; no entran. Fui al Walmart. Como siempre valiéndome del servicio que me presta el móvil. Traje también de España un cargador que funciona bien en el coche. Al salir esta tarde, ya madrugada en Sevilla, no lo traje conmigo. Y sucedió lo que en ese caso suele ocurrir. 

Después de la gran superficie, donde no encontré lo que buscaba, decidí pasarme por el centro del municipio donde está el motel. Al dejarme en el mismo, el localizador dejó de funcionar. ¡Pánico a bordo! ¿Cómo llegar al hotel? Es de noche, no hay muchos latinos por esta parte del País y si hay no están a esta hora en la calle... 


Siempre me he situado bien. El centro estaba hacia el oeste de donde se encuentra el hotel, pues cuando llegaba por la carretera de doble carriles a éste, la indicación de Elkton señalaba seguir adelante.  Volví a la entrada de la ciudad por donde había entrado. La hallé, pues reconocía una iglesia episcopal muy bonita por la que pasé al entrar en el pueblo. Me acordaba que para ir al Walmart había cruzado la carretera y no la había vuelto a cruzar. Así que a encontrar esa carretera siguiendo la que me llevó a la Elkton. 

Seguí esa carretera y la crucé porque no la reconocí. Había mucha oscuridad. El cruce donde estaba el motel tenía varios establecimiento con muchas luces y en el que yo pasé estaba muy oscuro. Al seguir la carretera observé que entraba en otro municipio. Di la vuelta. Y efectivamente cuando llegué al cruce anterior giré a la izquierda y a unos kilómetros reconocí de lejos el cruce donde estaba el Motel. 

Este error ha sido lo que más me ha inquietado en estas veinticuatro horas que llevo en EEUU. Unos han sido debido al inglés: en el control de pasaporte, en la búsqueda del lugar donde se encontraba la empresa del alquiler del coche, en el autoservicio donde almorcé. Otros el de aprender en un segundo a conducir coches automáticos o cuando hay cinco o más carteles de tráfico inmediatamente a la salida de un peaje de la carretera y ni te ha dado tiempo de leer ninguno... Y todo, como digo, se resolvió sin ningún problema. Es muy peculiar el paisaje de la parte este de éste país.

¡Hasta la próxima, si Dios quieres!

Elkton tiene un puerto que le da vida a esta pequeña localidad del Estado de Maryland.


sábado, 12 de marzo de 2022

Afianza tu ser


Estoy ocupando mi tiempo en lo que alguien llamó parte de la vivencia de un acto que aún no se ha realizado. Experimento ya lo que será. Son los momentos previos de un viaje. Es una parte del mismo. Se trata de que hay un previo, una realidad y un post-viaje. Y que se disfruta en los tres momentos.

Se siente felicidad planificándolo aunque haya una pizquita de duda sobre si se realizará tal y como lo piensas al no saber muy bien cómo lograrás salir del aeropuerto o cómo encontrarás el mostrador de alquiler del coche que acabas de reservar. Te lo imaginas a partir de lo conocido, pero hay muchas posibilidades que no sea así. Como por ejemplo cuando llegamos a Atenas, en septiembre pasado, y no veíamos el logo de la agencia donde habíamos alquilado el coche. Tras encontrar a alguien que nos informara, supimos que había que salir al aparcamiento para encontrar a un microbús de esa empresa que te llevara a la agencia que habíamos contratado a unos kilómetros del aeropuerto.

 

Viajar es un momento de adquirir algo que no son cosas. Es ampliar la memoria a lo que haces cotidianamente. Te afianza tu fortaleza personal. Contemplas otros paisajes personalmente respirando y sintiendo lo que le rodea. Conoces otras costumbres probando sus comidas y bebidas. Descubres el colorido de sus trajes y cómo lo portan sus propietarios... No es lo mismo haberlos vistos, e incluso estudiados, que contemplarlos. Realizas algo que habías deseado con gran ilusión. He visto muchas veces la estatua de La libertad o la Quinta Avenida, pero no he sentido la brisa que aquella debe soportar ni me he comido un perrito caliente en ésta. Viajar te aporta algo nuevo en tu personalidad. Te hará descubrir y ampliar tu concepto de la sociedad mundial.

Me preguntan normalmente si viajo sólo. Y normalmente viajo sólo. Así he recorrido el mundo. Eso a veces me sitúa en situaciones difíciles, algunas de las cuales ya he narrado en estas crónicas. Y en determinados momentos me hago acompañar por amigos. Ahora tengo un hándicap. No hablo nada de inglés. Y como en otros viajes a países anglófonos, o países de lengua árabe, no he tenido grandes problemas. 

Hay que también que echar mano tu templanza, paciencia,  a valerte de todas las herramientas sociales y emocionales que has coleccionado en tu viva y aplicarlo. Incluso las malas experiencias que nos ocurren durante un viaje terminan siendo positivas. Recuerdo que viviendo en la casa de un amigo lo único que podía hacer al estar frente a su madre era sonreír igual que hizo ello. Hay un lenguaje universal que nos hace entender al otro sea quien sea.

He estado pensando sobre todo ello y la razón de mi tendencia a viajar. He partido de mi experiencia en ellos. Han contribuido a forjarme tal y como yo soy hoy. 

Y concluyo:

* En todo viaje pueden existir imprevisto. Dejarse llevar y aceptar aquello que no es reversible de una manera razonable es lo más conveniente, pues de lo contrario puedes afectarte todo el viaje.

* Abrirte a los demás te ayudará a experimentar situaciones positivas. Mi compañero de asiento en el avión me proveyó, a pesar de una azafata que no hablaba ni español ni francés, de todo lo necesario al traducir al inglés todo lo que yo deseaba.

* Al viajar sólo puedes ser como tu eres. Nadie tiene referencia de ti. Esto de ayudará a afianzar el ser que tu quieres ser.

* También viajar solo puede hacer más flexible. Aunque hayas programado al máximo el viaje, puedes, perfectamente, cambiarlo si así lo decides.

* Siempre al viajar aumentas la confianza en ti mismo, pues las distintas decisiones que tomas van convenciéndote que puedes hacerlo. 

* He escrito que lo hago ahora que puedo. Mañana no sé si podré. Pues eso, ¡Hay que vivir el presente! Y también sirve para el futuro, pues de cada viaje vuelvo con más vida, que en los momentos de rutina me harán sentir también más vivo.



¡Hasta la próxima, primero Dios!


Fotos del viaje a Grecia.




miércoles, 2 de marzo de 2022

Lágrimas y rabia

Se me llena el corazón de lágrimas y rabia cuando veo las ciudades bombardeadas y los ucranianos huyendo de sus casas y ciudades para ponerse a salvo. 

Una invasión es una acción militar que consiste en la entrada de las fuerzas armadas de una entidad geopolítica en el territorio controlado por otra entidad semejante, normalmente con el objetivo de conquistar el territorio o cambiar el gobierno establecido.

¿Quién ha dicho o que ideología propugna que una nación puede ser agredida, invadida, por otra simplemente porque ésta ha decidido cuál debe ser la orientación de la primera? Hoy he leído que ya van dos mil personas muertas por esta agresión, y son incontables los ciudadanos que han perdido este nombre y lo han cambiado por el de refugiados. Además los destrozos de edificios son incontables. ¡Qué poco cuesta destruir y cuánto el construir!

El domingo estaba en el derbi gozando del desarrollo del mismo y mi mente me decía que algo no funcionaba bien. Había personas, en mi mismo continente, que vivía momentos de sufrimiento, que nunca se habían imaginado, afligido por extraños que interrumpieron en su vida normal por motivos que racionalmente no llego a admitir. ¡Y no dejo de pensar en ello! 

Y encima siento personalmente la amenaza de que si otros países intervienen esta a mano el botón de las armas nucleares. Así de simple y así de preocupante es la forma en la que se juega en el tablero de ajedrez de este mundo por parte de las grandes potencias. No deseo considerarme en ningún momento ficha manejada por otros, sea quien sea. La desesperación, la suerte de los ucranianos, la rebeldía de éstos me hacen estar unidos a ellos y sentir una rabia inmensa. 

                                 ¡Hasta la próxima, primero Dios!



domingo, 20 de febrero de 2022

La risa


Me pongo a escribir esta crónica cuando aún esta reciente el motivo de la misma. Esta mañana he asistido a un encuentro, que será objeto de una crónica posterior, en el que iba con tantas cosas sobre el rostro que mucha gente no llegaba a reconocerme. Boina sobre la cabeza que me ocultaba la calva. Gafas de sol que impedía ver mis ojos y los ojos son muy definitorio de la cara de una persona. Y la consabida mascarilla, también negra, que ocultada el bigote, la boca y la barba.

Creyendo que me reconocían me aproximé a saludar a unos y a otras. Una de ellas, que estaba en un grupo, me dijo: "Hola Pepe".  Mi carcajada, poco suave, hizo que todas dijeran mi nombre, manifestando que tampoco me habían reconocido.

¡Me reconocieron cuando me reí! Suelo reírme mucho. Lógicamente cuando puedo y debo hacerlo. Y es que me sale de una manera espontánea. Eso me encanta y creo que es algo que forma parte de mi ser.


Resaltaría, entre otros, tres aspectos de la risa con los que estoy de acuerdo.

  • La risa me ayuda a saber posicionarme antes los hechos. El aprender a reírnos de las cosas nos aporta una visión más amplia de los hechos cotidianos, de nuestro entorno y sus posibilidades. En este sentido, a largo plazo, el hábito de reír puede modificar la percepción subjetiva que tenemos sobre el mundo y las cosas, marcando una tendencia a tomarnos los problemas con más distancia, desdramatizándolos y así ayudándonos a encontrarles una solución más fácilmente. Esto a la vez nos aporta una actitud más optimista hacia la vida y nos hace sentir más capaces de afrontar los problemas.
  • La risa es en mí un signo de espontaneidad, autenticidad, dinamismo, positividad y cercanía, por lo que me ayuda a relacionarme y abrirme a los demás. Intento mantener a mi alrededor un ánimo positivo.
  • Dicen que nuestro cerebro contiene unas neuronas conocidas como “neuronas espejo” que se encargan de recoger las actitudes y comportamientos que observamos a nuestro alrededor, activando los circuitos neuronales relacionados con esa acción en nosotros mismos, como si también lo estuviésemos haciendo. Pues estas neuronas nos dotan de una capacidad muy importante, que es la empatía. Significa esto que cuando alguien se ríe hace en los demás  como si también estuviesen riendo para, muy probablemente, acabar haciéndolo. Y eso es un placer al observar que ello sucede.
Espero que siempre mantenga esta actitud que, como he dicho, me sale de forma espontánea. Creo que esto se mama, se transmite, pues desde la cuna he crecido en una casa en la se reía mucho, empezando por mi madre.

¡Hasta la próxima, primero Dios! 




miércoles, 16 de febrero de 2022

Hoy en la prensa

Hoy, día dieciséis de febrero, en el diario El País  aparece un artículo titulado: 
“La desnutrición en Guatemala es una estrategia política”. El título coincide con lo que yo he podido comprobar y con el que estoy, evidentemente, totalmente de acuerdo. 

No son  muchas las noticias que aparecen en los diarios españoles de Centroamérica salvo en épocas de elecciones y a veces ni por eso.  Y de Guatemala no se escribe nada. Y lo que digo de la prensa escrita lo digo también de la televisión.
Para comprender más el contenido de la información de El País hay que tener en cuenta que los indígenas siguen rezagados en materia de salud, educación, empleos e ingresos, respecto al conjunto de la sociedad guatemalteca, situación que es peor para las mujeres indígenas. Esto se debe al racismo estructural que se encuentra en la base de la desigualdad y la exclusión social, así como de las violaciones a los derechos fundamentales de los pueblos indígenas. Aunque la Constitución Política de la República de Guatemala reconoce la existencia de los pueblos indígenas y se asume como sociedad multicultural, y a pesar que el país ha ratificado los acuerdos internacionales sobre derechos de los pueblos indígenas; en la práctica, prevalece la brecha social, económica y política entre indígenas y no indígenas. 
Por ejemplo: el Estado invierte 0.4 USD diarios en cada indígena y 0.9 USD diarios en cada no indígena, la pobreza afecta al 75% de indígenas y al 36% de no indígenas, la desnutrición crónica al 58% de indígenas en comparación con el 38% de no indígenas, y en participación política, los indígenas no representan más del 15% de diputados y funcionarios públicos de alto rango. ( El Mundo Indígena 2021. Publicado el 18 de marzo de 3021).
Para Carlos Arriola (Ciudad de Guatemala, 54 años) el hambre es un sinsentido. Igual que las políticas guatemaltecas para atajarlo. Este doctor e investigador, con 31 años de experiencia en la zona Chortí de Guatemala, señala como raíz del problema la propia indiferencia social:
“Estamos acostumbrados a decir: ‘es que es chaparrito (bajo) como el papá' o ‘es flaquita como la mamá’, pero lo que suelen tener esos niños es desnutrición”. “Y el Gobierno solo toma medidas asistencialistas o paliativas. Para mí, hay un componente malicioso de política pública de no hacer nada para mantener a nuestra población en las mismas condiciones; es una estrategia política para mantener los círculos de pobreza”.

La tierra del quetzal ya cargaba entonces con el título de ser el sexto país con mayores tasas de hambre del mundo y el primero en Latinoamérica. Una situación que, de acuerdo a los expertos, ha empeorado los últimos dos años por la pandemia y los huracanes Eta e Iota, que azotaron Centroamérica en noviembre de 2020. “Aunque la situación se agrave sigue siendo un problema invisible”, aseguró Arriola a principios de febrero en la presentación de la campaña de concienciación de Manos Unidas, "Nuestra indiferencia condena al olvido".
Los expertos hablan de 30 años para modificar estas tendencias, hace falta toda una generación. Pero esta, la nuestra, no ha hecho lo suficiente por ponerle punto y final. 
Parte de esta invisibilidad tiene mucho que ver con las personas a las que afecta. Guatemala es un país muy desigual y los indígenas son los peor parados en todas las estadísticas, a pesar de que son prácticamente la mitad de la población. En torno al 40% de estas comunidades vive en extrema pobreza y cerca del 80% está excluida socialmente. La vulnerabilidad y la marginalización es el día a día de quienes se acostumbraron, dice Arriola, al desprecio. El también catedrático de la Universidad San Carlos de Guatemala en Chiquimula recuerda con especial impotencia lo que le respondió un padre de familia al que le comentó que las tasas de hambre eran muy superiores entre los pueblos ancestrales:
“Me dijo: ‘Mire, doctor, usted no se preocupe si se le muere un niño desnutrido, de esos, de los indios. Ellos tienen muchos hijos y no sienten nada, les da lo mismo; si se les muere uno, tienen más. Ellos no son iguales a nosotros’”.
Desde esa “mala propaganda internacional”, las políticas de un gobierno tras otro han sido básicamente la entrega de alimentos. “Nada de medidas a largo plazo”, critica. Aquí, en el corazón del país, el médico fundó la Asociación Santiago Jocotán‐ASSAJO, organización socia de Manos Unidas en Guatemala, con el fin de cerrar estas brechas. 
Los recursos son la llave para poder elegir. Para los campesinos más vulnerables del país, la única opción de alimento durante el proceso de destete es café y pan. “Hay una generación entera de bebés que está alimentándose de eso. ¿Qué nutrientes aporta el café y el pan?”, se cuestiona.
Personalmente pude comprobar en casa de Enrique eso precisamente. Me dieron para cenar Café con un güisquil una verdura muy socorrida en Huehuetenango. El güisquil, llamada papa del aire, es el fruto de un árbol que es muy frecuente que estén en las casa de los indígenas del departamento. El güisquil hervido en un plato, una cuchara y un vaso de café. Y esto también cenaron ellos. El desayuno fue lo mismo.
Por eso, la tasa de retraso severo de crecimiento roza el 15%. La exclusión social acompaña la desnutrición, pues se traduce en baja disponibilidad y acceso a los alimentos, falta de medios para producirlos o comprarlos y malas condiciones sanitarias o hacinamiento.
“Al llegar a la escuela, los niños no tienen la capacidad de aprender como otros que sí han tenido buena alimentación. Este es un flagelo permanente, ya que los daños son irreversibles y los condenan a trabajos de carga, pesados, mal pagados, perpetuando así el círculo de la pobreza”. 
“A veces me pregunto qué pasarán en los próximos 30 años”, reflexiona el guatemalteco tras un largo suspiro. “No creo yo que haya mucho cambio si no se produce una intención diferente de elaborar estrategias. Los expertos hablan precisamente de 30 años para modificar estas tendencias, hace falta toda una generación. Pero esta, la nuestra, no ha hecho lo suficiente por ponerle punto y final”.
Personalmente creo que ni con una generación se arregla el desface que existe entre la élite de la población y la mayoría de los guatemaltecos, ese 80% de excluidos. Si a la desnutrición se le añade la falta de calidad de la escuela pública, o incluso la falta de ella misma, les lleva a la exclusión, y por lo tanto a la utilización política de esta realidad.
Carolina Vásquez Araya, en su blog y con el título "La amenaza de un pueblo educado" (ocho enero de dos mil dieciocho) indica que la calidad educativa en Guatemala ha experimentado los embates del más feroz sistema político-económico del que se tenga registro.

Los estudios de organismos internacionales y nacionales no pueden evitar poner en evidencia las deficiencias de este pilar fundamental para la calidad de vida y así aparecen los vergonzantes indicadores sobre baja escolaridad, abandono escolar, analfabetismo y pobres resultados en las pruebas del sector académico.

Como si la escasez de material didáctico moderno, así como los obstáculos para la preparación profesional de maestros y catedráticos no fuera suficiente, también está la infraestructura ruinosa de escuelas e institutos públicos, carentes de lo más elemental para realizar una jornada digna y productiva. Algunos carecen de pupitres, otros de servicios sanitarios y las niñas, niños y adolescentes que acuden a ellos son obligados a soportar los rigores del clima y las malas condiciones de sus establecimientos educativos. 
El pequeño segmento de altos ingresos goza de todos los privilegios por ser heredero de la cúpula económica gobernante y, aunque cuenta con acceso abierto a una educación de primer nivel, esta rara vez se refleja en una modernización del quehacer público y mucho menos en una humanización de sus políticas. Más bien queda plasmado en una mayor concentración de la riqueza y la consiguiente profundización del abismo que lo separa del resto de la población. 

miércoles, 9 de febrero de 2022

Las raíces son lo importante

 

Esta mañana me impactó esta fotografía recibida por wasap. Es impresionante. Y, de algún modo, la esperaba cuando ayer leía y veía la playa formada en el litoral oeste de la isla de La Palma en Las Canarias (España). Tras ochenta y cuatro días activa la isla ha ganado cuarenta y dos hectáreas al mar arrasando todo lo que había a su paso, otras mil cuarenta hectáreas, produciendo más de novecientos millones de euros en daños. Estos datos pueden ser más o menos aproximados.
Pero volvamos a la foto. El tronco, y las hojas de se observan, parece ser de un pino canario de las que está lleno el Valle de Aridane unos de los municipio afectado por el volcán. Se observa a su alrededor tanto lava como cenizas. Podíamos decir que es un terreno yermo. Y sin embargo no es yermo. La tierra que lo destruyó le devuelve la vida. Los brotes verdes nos indica que ese tronco ha portado siempre la esperanza de florecer. Y esas hojas visualizan algo mas profundo que siempre ha estado ahí y que el volcán no ha podido con él y  por lo que ellas renacen. Esto es algo muy curioso y muy propio para poder reflexionar sobre ello.
En esos momentos de desolación. Cuando todo parece que se deshace, que se hace negro, sin futuro, sin posibilidad de seguir, que ha terminado todo... ¿Hay que seguir teniendo esperanza? Quizás habrá que hacerlo de una manera serena. Hay que confiar en lo profundo, en las raíces, en lo que sostiene y da vida. Hay que saber que actitud mantener ante tantas dificultades a nuestro alrededor, de tanta lava y cenizas que nos atacan.


Han habido momento en este mes pasado que me han hecho mirar muy atrás. Me han hablado, recordado, de aquello que hace mucho tiempo ayudó a forjó al hombre que soy yo. Creo que era domingo,  después de comer estaba sentado en la mesa camilla mirando una película. Y escucho a mi amigo Antonio, mi vecino, hablar en voz alta, como siempre, con alguien, diciendo: "Creo que está ahí porque el coche está ahí". Miro hacia la puerta y veo a un hombre de entre cuarenta a cincuenta años que está llamando a la misma. Viene acompañado de una mujer que intuyo es su mujer. 


Era Rafael García de Arahal. Dice que por fin ha logrado algo que deseaba realizar desde hace años: Encontrarme. ¡No salgo de mi asombro! Fue alumno mío en el CEIP "Manuel Sánchez Alonso". Y me recuerda perfectamente. Me decía cómo recordaba la forma tan agradable del trato con los alumnos, la de dar clase, las actividades que hacíamos, el viaje de dos días por los pueblos de los alrededores cuando nos tocó dar la lección de "La Comarca"  en 6º de EGB. Por este dato sé que se trataba del curso 86-87. Y el diálogo se prolongó durante un buen tiempo. Tienen hijos y me dicen que están desarrollando actividades deportivas, en concreto atletismo, con niños y jóvenes de la localidad. Nos despedimos con el deseo de no dejar otros treinta y cinco años sin vernos.
¿Qué supone esto para mi? No sólo la satisfacción del hecho de decirme que estaba muy contento y, por lo tanto, agradecido a mí después de treinta y cinco años; ni la alabanza por mi metodología de dar clases; ni lo que supone tener que buscarme en el pueblo, por otra parte muy fácil, lo que indica una intención clara de encontrarme. Es sencillamente darle mucho sentido a lo que he intentado hacer, de visualizar, en mi vida. De alguna manera significa parte de la verdad de mi vida. Ahora que tengo mucho tiempo para pensar y reflexionar sobre ella, con todas sus luces y lagunas, la visita de Rafael me lo confirma. ¡Gracias amigo! También habla mucho de ti, de una persona extraordinaria que tiene un corazón agradecido.



La vida sigue. Aquí, en lo que llamo mi retiro de San Nicolás del Puerto, recibí la visita de amigos del mismo pueblo de Rafael. A ellos los conocí también de niños y, ya en parejas y con hijos, venían a estar conmigo. Pasamos un día muy agradable.

¡Hasta la próxima, primero Dios!