Julio es uno de los meses en el que vivir en San Nicolas es un lujo. Hay una temperatura que se puede soportar en verano, en especial éste que ha sido uno de los más cálidos conocidos. Normalmente suelo pasar todo el mes aquí. Creo que he bajado a Sevilla solamente una vez y para acoger a la hija de un amigo de Guatemala, Vivian.
Estar en casa es mi opción preferida para este tiempo. Es una vivienda fresca. Por decir que por la noche duermo con la ventana cerrada, y en los días que hemos tenido temperaturas altas y la he dejado abierta, a media noche la he tenido que cerrarla. Lo mismo pasará en el mes de agosto. Creo que cada semana he tendio visitas y en algunas más de una. El chiringuito, a doscientos pasos, me permite refrescarme antes de almorzar.
Ha sido un mes en el que recibo en casa a muchos amigos, unos para almorzar o cenar y otros para quedarse en la casa. Participe en la cena que ofrece a los mayores de sesenta y tres años el ayuntamiento con motivo de la feria. He de añadir que también me he desplazado a Las Navas a cenar con amigos.
En otros aspectos me he sentido especialmente expectante por los grandes incendios que han tenido lugar en el país, por la cantidad de feminicidos y, en estos útimos días, por la llegada de tantos marroquies a la ciudad de Ceuta. Difíciles de afrontar los tres.
¡Hasta la próxima, primero Dios!

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