Estoy escribiendo esta crónica el día siguiente en el que España se convirtió, por segunda vez, en campeona del mundo de futbol. He ido siguiendo el desarollo de ese mundial. ¡Me gusta el futbol! Y he disfrutando viendo ganar al equipo nacional en los partidos que ha jugado. Y en concreto en la semifinal y en la final he sentido una gran emoción y felicidad. Y esto era conpartido con aquellos con los que estaba viendo los partidos.
Y como es normal en mí pensaba que eso no era racional. Nada iba a cambiar en mi vida al ida siguiente excepto algo interior. Ese sentimiento de felicidad que hacía que tuviera me hacía sentirme bien. Y me preguntaba sobre ello. Las emociones dan paso a los sentimientos.
Para entender la interrelación entre los sentimientos y las emociones, es vital conocer sus definiciones. Las emociones se pueden considerar como reacciones automáticas del organismo ante un estímulo, por ejemplo ganar un partido, ganar la copa. Estas reacciones pueden incluir respuestas físicas, como el aumento del ritmo cardíaco o el sudor. Por ejemplo, cuando estamos contentos, nuestra reacción emocional nos prepara para reir, abrir nuestros brazos para abrazar a los que nos rodean.
Por otro lado, los sentimientos son el resultado de procesar esas emociones. Mientras que una emoción puede durar solo unos segundos, los sentimientos son la interpretación consciente y prolongada de esas experiencias emocionales. Por ejemplo, después de experimentar esa alegría (una emoción), podemos sentir felicidad (un sentimiento) que persiste incluso después de haber dejado la situación de alegría.
En resumen, la felicidad es un estado emocional positivo que proporciona numerosos beneficios para el bienestar general. Y que es bueno sentirla en la vida en la que debemos encontrar un equilibrio y reconocer que la felicidad forma parte de una variedad de sentimientos en la vida. Entender la complejidad de los sentimientos y las emociones nos proporciona herramientas para una vida emocional más consciente y saludable, fortaleciendo así nuestras interacciones sociales y nuestra conexión con nosotros mismos y con los demás.
¡Hasta la próxima, primero Dios!

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