viernes, 24 de octubre de 2025

En Canton

Fue a por mí Alex. El encontrarnos fue un poco difícil. Llegaba al aeropuerto con más tráfico de mundo. Su organización es de la más correcta que he visto. Ninguna complicación. Una espina dorsal, recorrida por un tren de ida y vuelta, y como vértebras siete terminales. Hay dos salidas la norte la internacional y la sur la nacional. Lo despisté porque creía que sólo el vestíbulo nacional tenía una cubierta en la calle de color rojo. No, tienen los dos. Me esperaba en el internacional y tardamos cuenta un poco de que estábamos en salidas diferentes.   

Eran sobre las 9 de la noche, hora local, en Atlanta. Había salido esa tarde del miércoles desde Los Ángeles sobre la una y media, hora local. El vuelo, en una aerolínea de bajo coste (Low cost). Malilla. Barata. Frontier. Se pasó éste sin pena ni gloria. Menos mal que me levante pronto y fui a un local enfrente de mi hotel en Los Ángeles a buscar algo para desayunar. Aunque no estoy habituado a entrar en ese tipo de sitio, con la ayuda de un salvadoreño que me hablaba y me hablaba de "Mágico" González, jugador excelente del Cádiz, pude comprar una botella de leche de medio litro, calentarla en un microondas en un vaso grande, más un croissant, salchichón y queso. La verdad que comí mucho y eso me mantuvo hasta la cena ya en compañía de Alex.

Ayer me levanté sobre las nueve de la mañana. No había nadie en casa. Tanto él, como la mujer, Jennifer, y el pequeño Marvin estarían en su respectivos trabajos y guardería. Encontré una llave de la puerta de la casa, que Alex me dijo que eran de su mujer, y salí a desayunar. 

Parece ser que es algo insólito que alguien que no conoce por donde andar salga a buscar un sitio donde desayunas. Ellos viven en un dominio, como una grupo residencial en medio de un lugar lleno de árboles. No me atrevo a llamarle bosque, pero sólo veía árboles. Llegué a la entrada haciendo fotos para recordar donde estaba. Tiré para la derecha, porque la carretera subía. Me dije es mejor ahora subir porque a la vuelta vendré para abajo. Lógico. 

Y tuve suerte. Pues a un kilómetro más o menos al doblar hacia la derecha encontré una especie de hospital y enfrente una gasolinera y al lado en, unos locales comerciales que la rodeaban, un restaurante, o mejor dicho esas tiendas que tienen de todo y sirven comida para llevar.

Allí compré algo de comer y una cerveza. Fue fácil porque el que vendía la comida era mexicano y había estado en España. Volví a la casa, almorcé. 

Sobre las cuatro de la tarde al despertarme descubrí que tanto Jennifer como Marvin habían estado todo el tiempo en su habitación. Después de haber estado tres años en Guatemala no me sorprendió en absoluto. Con ella fui a encontrarnos con Alex al lugar de la ceremonia.

Hoy veinticuatro de octubre, una muy señalada para mí, vamos a dedicarnos a preparar la iglesia pentecostal donde se celebrará la boda mañana. En un salón paralelo y abierto a la iglesia se celebrará el convite. ¡Todo el servicio incluido! La pastora Vitalia, mujer del pastor, organiza todo.

¡Hasta la próxima, primero Dios!


jueves, 23 de octubre de 2025

Este viaje esta movidito

 Perfecto el viaje en avión que me llevó a Los Ángeles. No se me hizo muy pesado, aunque de vez en cuando pensaba me quedan ocho horas, me quedan cuatro... En un momento fue especial ver por la ventanilla el paisaje, y sobre todo la sol, cuando íbamos pasando por la Bahía de Hudson. ¡Era espectacular! Intenté hacer fotos, pero como mi móvil no es de última generación, salieron regular. Creo que vi unas cuatros películas de dos horas de duración. Comí demasiado y dormí poco. Eso me valió para no cenar ese día, tarde, noche, mañana. 

Es un lío eso del horario. Y sobre todo para saber cuándo tomas las pastillas. Ahora cuando escribo esta crónica a las cinco y media de la mañana, hora local, creo que me he tomado las del almuerzo en España. 

Lo que pasó a mi llegada a Los Ángeles pensaba que podría ocurrir. Me llevaron en una sillita, el peor servicio desde que comencé este viaje, al control de policía. Sin problema me llevó Reina, una salvadoreña de más de sesenta y cinco años, por todo el aeropuerto, desde la zona internacional a la terminal uno. Esto me sirvió para hablar con ella y tener un trato cercano. Lleva en EEUU más de cuarenta años, con dos hijos y cuatro nietos, el menor de veinticinco años. Podría estar jubilada, pero como aquí ésta es muy baja está obligaba a trabajar. Sufría cuando tenía que empujar la silla por el aeropuerto. La distancia recorrida fue larga. Hay mucha distancia entre uno y otro punto. 

De tal manera que llegué a la facturación para Atlanta faltando media hora para el despegue, Estaba cerrado el vuelo. El tipo "americano" no pudo ser más grosero con la persona que tiraba de la silla que había sustituido a Reina al no estar ella en su terminal. Nos fuimos de la zona de facturación, pero mi insistencia volvimos a ella y esta vez la chica que nos atendió, de ascendencia hispana, nos dijo que la única posibilidad, después de buscar otra fórmula, era viajar mañana a Atlanta con otro boleto.

Me llevaron en la silla a Delta que era la compañía con la que tenía el vuelo desde Atlanta a Cleveland. También pregunté, con la ayuda de la chica que empujaba la silla, si podía llegar a Atlanta. Imposible. Lo que sí pude hacer es recuperar el coste del billete de ida y vuelta a Cleveland, ya que el vuelo salía seis horas después.

Así que me encontraba en Los Ángeles, con la posibilidad de vuelo del día siguiente, teniendo que encontrar un hotel y la forma de llegar a éste. Después de un tiempo vagando por el aeropuerto sin aún decidirme qué hacer, llegué a una tienda donde me Érica fue mi salvación. Supo como conectarme al Wifi del aeropuerto, me buscó el hotel de la empresa en la que había estaba otras veces en EEUU, me dijo dónde se encontraba el bus que llevaba a ese hotel. Toda una ayuda en esos momentos. De alguna manera ser hispano aquí es formar parte de una especie de familia. Por la genética a ellos me acercaba en todo momento. 

Todo funcionó, pero el lugar dónde me dijo que llegaba el bus al hotel en el aeropuerto no era ese. Tomé un taxi, llegue al hotel, me instale, llamé a un Uber, gracias a la ayuda inestimable de Yésica, la recepcionista del hotel, y fui a darme una vuelta por la ciudad. Enafete, el del UBE, de raza negra, no hablaba español. Hubo comunicación gestual y cierta "química".  Me llevó a conocer Santa Catalina, y de paso otros sitios de Los Ángeles, de la que decía que era "mucho grande". Peor hablo yo el inglés. Como tenía problema con el móvil el viaje fue de ida y vuelta.

Y ahora, subo esta crónica cuando he dormido unas seis horas, porque mi cuerpo recuerda que aunque sean las seis de la mañana, él siente que son las tres de la tarde. 

Gracias Érica, Yésica, Reina... ¡De todo corazón!

¡Hasta la próxima, primero Dios!

miércoles, 22 de octubre de 2025

Tendido en el suelo



Ahora ya he embarcado en el avión que me llevará de Ámsterdam a Los Ángeles. Estamos rodando por la pista. No hay nadie en el asiento de en medio lo que hará el vuelo un poco más cómodo. Llevo de viaje desde las siete de la tarde de ayer. El AVE llegó más o menos a su hora. Yo no tenía prisa. Sobre las nueve menos cuarto estaba en Madrid. Hice un buen viaje. En Madrid tomé dos cercanía. Uno me llevó a Chamartín, dónde paró, y al lado, cogí el del aeropuerto. Iba casi vacío. Allí me comí los croissant que traía de casa. Esa fue mi cena.
Llegué a la T2 en el bus interior que recorre todas las terminales, pues el cercanía te lleva a la T4, sobre las doce menos cuarto de la noche. Allí pasé tres hora y cuarto sentado y tirado en el suelo. Creo que dormí, en intervalos, una hora.
Sobre las tres se abrió el local de servicio de sillas de ruedas. La había solicitado para todos mis vuelos. Es un placer. Te recogen, te llevan a hacer la facturación, te acercan al control de equipaje, al de pasaporte, por caminos diferentes al resto, hasta la puerta de embarque. Si tengo que comparar, el de Holanda es mejor que el de España. Aunque ninguna queja. Además me libré que el perrito policía lamiera mi ordenador.
Pasear sentado por todo el aeropuerto de Ámsterdam durante veinte minuto es algo reconfortante.
No creo abusar de este servicio, mis deditos de los pies me lo agradecen y mi estabilidad también.
En el avión que me trajo a Ámsterdam, con el zumo de naranja que me dieron tomé las pastillas de las seis de la mañana. Ahora son las diez cuarenta y cinco y me he tomado las pastillas de cuando me levanto.
Me quedan diez hora de avión hasta Los Ángeles. No me supone ningún problema. Silencio, dormir, meditar, películas, comer... lo que hago normalmente en mi casa.

¡Hasta la próxima, primero Dios!

Esta crónica no la pude subir cuando la escribí porque no tenía Internet. La subo en el hotel 6 de Los Ángeles, cuando debía estar en Cleveland, a las catorce horas y quinces minutos, cinco de la mañana aquí, del día veintidós. 

lunes, 20 de octubre de 2025

Y dando tres pasos echó a andar.

Sigo ahogado al escribir esto. ¡Y sudando! Hace cinco minutos salía el AVE. Di tres paso por el pasillo y echó a andar. Hice la cola para entrar al andén en la estación de Sevilla. Pasé el control y llego a mi vagón, el ocho, y a mi asiento, el 10 D. Tengo los papeles del viaje un poco revueltos ya que la del control me decía que el boleto era del 5 de noviembre. ¡Ya me puse nervioso! Me  aparté. Y caí. ¡Claro era el de vuelta! 
Le di la vuelta al papel y estaba el de ida. Ufff!!!. Ya todos los papeles del viaje estaban revueltos.
Los echo a mi asiento, subo la mochila, pongo la otra pequeña en el asiento, me toco los bolsillos y... no siento mi cartera.
Vuelvo a revisar mis bolsillos y nada. Estoy dentro del vagón.
Como con el jaleo del billete dejé las mochilas y la chaqueta en el suelo pensé que estaría arriba, donde el jaleo del billete. Salgo. Les digo a los de la garita, el control que existe en el andén, que subo a ver si la encuentro y arriba no hay nada.
Pienso cuando la usé por última vez, y me acuerdo que viendo a la estación, saqué dinero en el cajero del Santander en Rochelambert. ¡Pues es posible que esté en el taxi! Había llamado a teletaxi y le pedí al taxista que parara allí.
Llame al operador de teletaxi, me identifiqué, expliqué lo que quería, y me puso en espera. Al rato me dice que ya había hablado con el taxista, que este la había buscado y encontrado, y que en 8 minutos estaba en la estación. ¡Qué alegría!
Veo mi reloj y eran 18,38. El tren salía a las 18,55, pero cierran el acceso al tren cinco minutos antes. Me quedo en la salida de Santa Justa a ver si viene. Y no llega. ¡No puedo irme sin carnet de conducir, sin tarjetas bancaria, sin DNI!
¡No puedo elegir! ¡Debo quedarme! ¡Y tengo que ir al vagón a recoger las cosas! ¡No pueden irse con el tren! Voy corriendo hacia el andén, recojo las cosas de mi asiento. Las dejo en la garita para poder correr más y ver si ha venido el taxista. Veo casi imposible comenzar el viaje. Y eso significa perder todo los vuelos. Otra vez ligero hacia arriba. Veo a las chicas que me pidieron el boleto y me dicen que van a cerrar el acceso. Les digo que voy a ver si está el taxista. Llego a la salida y veo un taxi con las ventanas abiertas, pero sin conductor. Me vuelto y él me hace señales viniendo hacia mi con la cartera en la mano. Veo mi reloj y ya quedan menos de tres minutos para salir.
La cojo, le doy las gracias y vuelvo corriendo. Recojo las mochilas y me dice la azafata de la garita que me meta por la primera puerta. Entré y dando tres pasos, por el pasillo, el tren comenzó a andar. Mi reloj, que no uso nunca, estaba adelantado cuatro minutos.
Ahora estamos pasando por los túneles de Sierra Morena. Hace una hora que comencé este viaje. Espero que continúe un poco mejor de lo que ha comenzado.
¡Hasta la próxima, primero Dios!

Subida sentado en el suelo de la terminal 2 a las 2,30 de la madrugada en Barajas.

miércoles, 15 de octubre de 2025

Mensajero de un deseo

A raíz de un video de Facebook, que se viralizó entre mis amigos, en el que una persona, al que no conozco, se planteaba por qué San Nicolás del Puerto no estaba hermanada con la ciudad de San Diego de California y le pedía al alcalde de esa población de EEUU que aceptara ese deseo, me planteé lo siguiente: llevar al ayuntamiento de esa ciudad norteamericana la solicitud de nuestro ayuntamiento de iniciar los tramites para se hiciera realidad. Y que esa solicitud estuviera acompañada del apoyo de nuestra hermandad matriz.


Estoy preparando mi viaje a EEUU con ocasión de la boda el día veinticinco de octubre de un amigo en Atlanta. Ese viaje lo he ampliado, por pura voluntad de conocer el oeste de ese país, a Los Ángeles, San Francisco y San Diego. Y por ello la posibilidad que vi de hacer llegar al ayuntamiento de esa ciudad de una solicitud formal de hermandad entra las dos ciudades. 
Ya están en mi poder esa solicitud que presentaré en el registro de la municipalidad de esa ciudad.
Continuaré subiendo crónicas de este viaje y de esa misión que me encanta.


¡Hasta la próxima, primero Dios!

Marrakech



Marrakech es, junto a Mequinez Fez y Rabat, una de las cuatro ciudades imperiales de Marruecos. La ciudad posee el mercado tradicional (Suk) más grande del país y una de las plazas más concurridas de África y del mundo, Djemaa el Fna. Cuando la visite en el año mil novecientos ochenta y siete, hace ya años, la vi muy diferente a esta vez. En la plaza habían acróbatas, cuenta-cuentos, vendedores de agua, bailarines y músicos, encantadores de serpientes.
Hoy la he visto diferente. Por la noche, la plaza se sigue llenando  de puestos de comida, convirtiéndose en un gran restaurante al aire libre.
He ido acompañado por amigos de Paradas y de La Campana. Llegamos el sábado por la mañana y salimos el lunes por la tarde aprovechando el puente del Día Nacional de España. Nos hemos quedado en un Riad en el ciudad vieja. La ciudad vieja, protegida por un cordón de bastiones hechos de tierra roja que encierran un laberinto de callejuelas y palacios, mercados y mezquitas, cúpulas y minaretes. 
La Medina de Marrakech ha sido declarada como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en el año 1985, siendo actualmente uno de los lugares de visita obligada. Su corazón es la gran plaza Jamaa el Fna, al norte de la cual se abre el laberinto de los Suks (mercados tradicionales, a menudo descubiertos). 
Siguiendo hacia el norte se encuentran la mezquita y madraza de Ben Youssef y el museo de Marrakech. Al sur de la plaza, en cambio, a lo largo de los siglos se han instalado los gobernantes de la ciudad. 
Hoy la zona está dominada por el Palacio Real, erigido sobre las ruinas de los precedentes palacios almohades, que ocupa una vastísima área rodeada de murallas (la llamada kasbah, que significa ciudadela fortificada) y no está abierto al público.
Pasear por medio de las infinidad de callejuelas llenas de tiendas dedicadas a la venta de productos típicos marroquíes, comer en restaurantes con comidas exquisitas y bien condimentadas, asistir a espectáculos típicos,  buscar terrazas donde vendieran cervezas, visitar algunos palacios y otros monumentos han ocupado nuestros días. 

¡Hasta la próxima, primero Dios!





miércoles, 1 de octubre de 2025

Un Dios hecho pequeño

Hoy es el día de Santa Teresa del niño Jesús. Y en la misa se ha recordado  un frase que explica muy bien quién es Dios. Dice más o menos así: "¡Yo no puedo tener miedo a un Dios que se ha hecho tan pequeño por mí… ¡Yo lo amo! ¡Pues él es solo amor y misericordia!" Expresa la idea de que el amor y la misericordia de Dios se manifestaron de forma tan humilde en su encarnación y vida que no hay lugar para el miedo. Al contrario ante Dios debemos tener valentía, calma, tranquilidad, confianza, fe, esperanza, amor.

¡Cómo tener miedo a un Dios que se ha hecho tan pequeño! ¡Qué tipo de Dios es este! Con el papa Francisco sabemos bien que Dios es Padre, y que nos ama y quiere nuestra salvación, y siempre perdona, siempre; por lo cual no hay motivo para tener miedo de Él. 

Para tener una fe que no se base en el miedo, sino en la confianza, en el amor y en la esperanza, es importante cultivarla a través de la vivencia en una comunidad que viva y transmita este Dios que es amor, de una presencia  personal ante Él ser constante en la cercanía a la palabra de Dios y, sobre todo, de la práctica de actos de amor hacia le prójimo, en especial, a los empobrecidos, buscando en todo momento la justicia y la verdad. Como nos recordó el papa Juan XXIII, la verdad requiere el reconocimiento de la dignidad y los derechos iguales de todas las personas y naciones, mientras que la justicia implica el respeto a los derechos ajenos y la equitativa distribución de recursos.

Recibimos un don del Espíritu que nos recuerda cuán pequeños somos ante Dios y su amor, y que nuestro bien está en abandonarnos con humildad, con respeto y confianza en sus manos. Esto nos hará entender que Dios esta en nosotros para ser su presencia en el mundo.

¡Hasta la próxima, primero Dios!