martes, 12 de abril de 2022

National Gallery of Art

Paseando por Washington, desde el capitolio hasta la Casa Blanca, observo que por la acera derecha pude leer que se encontraba este museo. No sabía que dónde se encontraba. Sí sabía de la importancia del mismo y que él se encuentro una gran cantidad de cuadros celebres  del mundo entero. Me acerqué a él subiendo por las escaleras enormes que hay en la entrada y me asomo hacia donde se encuentra la habitación de de Información. También quería pagar. Pues ni lo uno ni los otro. No había ningún impreso en español y la entrada era gratis. La mujer que me atendió, maravillosamente en inglés, era muy mayor para estar trabajando. Ya hablaré de ello en otra crónica.

 

Disfruté lo máximo. Era un lugar único que creo que fue un regalo maravilloso que tuve en esta visita. Puedo decir que justificó el viaje a la capital y a EEUU. Junto con el Time Square y los Fuertes del Mississippi fue las tres patas del banco necesarias para que fuera un éxito mi viaje.

Viajé desde el hotel en Elkton (Maryland) hasta la capital federal en auto por  magníficas autopistas. Dejé el coche al lado de una estación de metro y tomé el metro que me dejó cerca del capitolio. Primero vi desde fuera la sede del congreso y del senado, bajé hacía el Monolito de cerca de ciento setenta metros. Y a mitad del camino, hice este hallazgo.


Los impresionistas

Se dice que lo que no se conoce no se ama. Gracias a mi profesora de la asignatura de Arte, asignatura voluntaria del ya lejano COU, conocí esta tendencia de arte. Desde entonces me ha cautivado. Ella dedicó el 90% de las clases a esta tendencia pictórica.

El arte en general, y ésta en particular, la he seguido estudiando desde entonces en la licenciatura de Historia, en los temas de oposición de  profesor de secundaria y las visitas que he realizado tanto a la casa de Claude Monet en Giverny donde se encuentra el estanque de las ninfas que pintó decenas de veces, y que llevé en una camiseta durante varios años, y al Museo de Orsay, pinacoteca ubicada en Paris que alberga la mayor colección de obras impresionistas del mundo, con obras maestras de la pintura. Esta la visite varias veces solo y acompañados con amigos a verme durante mi estancia en la Ciudad de la Luz.

Renoir

Cezanne


El impresionismo es una corriente artística surgida en el siglo XIX, principalmente vinculada a la pintura: los pintores impresionistas retrataban objetos de acuerdo a la impresión que la luz produce a la vista y no según la supuesta realidad objetiva.


Cezanne

   

Degar

Gauguin

Los impresionistas se enfocaban principalmente en el estudio de los modos de percepción óptica de la luz, cuyos efectos son, por demás, instantáneos. Esto los obligó a pintar al aire libre y a trabajar rápidamente.
La velocidad requerida favoreció que la mayor parte de los impresionistas prescindiera de la línea, abandonara el claroscuro (por lo que eliminaron el uso del negro) y descuidara el tratamiento de la perspectiva (profundidad de plano), tan valorada por la academia tradicional.
Degas

Degas


Renoir



Delacroix


Sisley

Pissarro

Monet

En contrapartida, fueron maestros de la coloración y la luminosidad. Pintaron directamente en el lienzo sin mezclar los colores en la paleta, aplicando pinceladas gruesas y fragmentadas bajo el principio de complementariedad de los colores. Así, al tomar distancia del lienzo, se podía percibir efectos verosímiles de iluminación.
Así las cosas, los impresionistas no representaban grandes temas históricos, religiosos o mitológicos, sino temas cotidianos como el paisaje urbano y la vida burguesa, que les permitieran explorar la luz y el movimiento.

Manet

He dedicado esta crónica a los impresionistas pero hay cuadros de muchísimos pintores, entre ellos los mejores españoles: Goya, Greco, Cervantes, Murillo, Zurbarán...
Delacroix

Boudin



Dar clases de estas obras de arte es de calidad para los alumnos y una satisfacción completa para los docentes.

¡Hasta la próxima, primero Dios!





sábado, 9 de abril de 2022

Fuertes en el Mississippi

Claus Louis d'Espinchal, marqués de Massiac, ministro naval francés mandó construir el fuerte de Massac.

Más de setenta serían los fuertes que nos encontraríamos en las riberas del Mississippi si navegáramos desde el golfo de México hasta Sant Louis. Algunos se encuentran en ruinas. Otros han sido restaurados. Son pocos los que se encuentran en su estado original.

Tuve la curiosidad de visitar algunos en mi último viaje a EEUU. El que mi amigo Juan viviera en el Estado de Illinois me ayudó bastante. Después de visitar un paisaje totalmente distinto del país, como es Nueva York, pasear kilómetros y kilómetros por esta parte del país, me encantó. Es otra música esta parte del país.



El Mississippi río vertebral del país

Habíamos previsto para este viaje, ir hacia el sur del Estado para después ir subiendo. Primero veríamos el Fort de Massac y después el de Chartre. Al final íbamos a ver una construcción de los nativos que esta cerca de Sant Louis: Cahokia.

Fort de Massac


Es posible que el explorador español Hernando Soto y sus soldados hayan construido un fuerte cerca ya en 1540. Los mapas de principios del siglo XVIII muestran un "Ancien Fort" ("Fuerte viejo") cerca de este lugar. 
Fort Massac fue construido por los franceses en 1757, durante la guerra francesa e india. Los franceses abandonaron el fuerte al final de la guerra, y los indígenas locales lo destruyeron en algún momento después de 1763. El fuerte fue reconstruido en 1794,  durante la Guerra de los Indios del Noroeste.
En la actualidad observamos la reconstrucción realizada en 2002 del fuerte levantado en 1802. Hoy ha desaparecido la empalizada realizada ese año.

Fort de Chartre


El 1 de enero de 1718, el gobierno francés concedió un monopolio comercial a la Compañía del Oeste. Con la esperanza de hacer una fortuna extrayendo metales preciosos, la empresa construyó un fuerte para proteger sus intereses. El fuerte fue construido para ser la sede del gobierno y para controlar a los indios de la región. En cinco años, las inundaciones del Mississippi habían dejado el fuerte original en malas condiciones. La construcción de un segundo fuerte más lejos del río, pero aún en la llanura aluvial, comenzó en 1725. Este fuerte también estaba hecho de troncos y tenía un bastión en cada una de las cuatro esquinas.

Contiene una capilla católica amueblada al estilo
de la década de 1750

El gobierno francés decidió reconstruir un fuerte de piedra cerca de los primeros fuertes. La construcción comenzó en 1753 y se completó en su mayor parte en 1754.
En 1763 se firmó el Tratado de París y los franceses transfirieron el control del país de Illinois al este del Mississippi a Gran Bretaña. A España se le había otorgado la parte occidental del país de Illinois, también conocida como Alta Luisiana, en el Tratado de Fontainebleau de 1762. 
El fuerte de piedra había servido como centro de la administración francesa de la región durante solo veinte años. Los británicos abandonaron el puesto en mayo de 1776.

El Interior del Polvorín hoy reproduciendo como debería estar en el siglo XVIII
 
El Mississippi continuó cobrando su precio después de que se abandonó el fuerte. En 1772, el muro sur y el bastión cayeron al río. Los muros restantes se deterioraron y los visitantes notaron que los árboles crecían en ellos en la década de 1820. Los lugareños se llevaron piedras para la construcción a lo largo de los años. Para 1900 las paredes ya no estaban. La única parte del fuerte original que quedó fue el polvorín de mampostería de piedra.

           
El Polvorín antes (1906) y después de la restauración del fuerte realizada paulatinamente y terminada en 1989. Se cree que el polvorín del fuerte, aquí restaurado, es el edificio en pie más antiguo de Illinois.

Hizo un mal día mientras visitamos este fuerte. Sí insistimos en nuestro propósito y lo cumplimos. Nunca imaginé que existieron fuerte de piedra en EEUU. Sí que es normal ello si analizamos el origen. Los ingleses y sus colonos construían con madera. Los franceses, si querían que durará lo hacían en piedra. Y aunque es reconstruido en su totalidad se ha mantenido el material original. 
Pasear por él fue una experiencia muy agradable y un poco extraña: ¡Un castillo verdadero en EEUU! 


¡Hasta la próxima, primero Dios!

Parte central del fuerte desde dentro.

Time Square

Hay monumentos que no son de piedras. Hay monumentos vivo. Podríamos llamarles socioculturales. He visitado algunos en mi vida. Y no me refiero a las que se desarrollan con motivo de una fiesta como puede ser la Feria de Sevilla, el Carnaval de Río, o la Feria de la cerveza de Múnich; sino a los que se desarrollan en determinado espacio durante todo el año y que son fundamentales por las actividades que desarrollan en él las personas tanto del lugar como los foráneos. Me refiero a La Plaza de Tiananmén de Pekín, la Plaza Yamaa el Fna de MarraKech, la Fontana di Trevi en Roma. Todos los lectores podrían añadir más de este estilo. Yo señalo algunos de los que he visto en diferentes continentes. En este viaje he añadido otro, el Time Square de Nueva York.

¡Es preciosa! Por el decorado de pantallas gigantes en las fachadas de los edificios donde los rostros y productos que proyectan lo llena todo y, sobre todo, por personal que la hace y la vive. Hay todo tipo de personas, de todos los colores, edades, vestimentas, nacionalidades. 

Con sus miles de luces y enormes carteles publicitarios, Times Square se ha convertido en la imagen más conocida de Nueva York. El centro neurálgico de la zona es la plaza, en el cruce de Broadway con la 7ª Avenida. 

En Times Square se agolpan bares, restaurantes, teatros, museos y ambiente, mucho ambiente. Al caer la noche, las luces de Times Square lo iluminan todo, y no hay viajero ni neoyorkino que no se rinda al encanto de la plaza más famosa de la ciudad. Visitar Times Square es algo imprescindible en cualquier viaje a Nueva York. Escenario de numerosas películas y series, la plaza más bulliciosa de Manhattan conforma el centro de la ciudad. Si tenemos que poner una pega, en Times Square se agolpa tanta gente que a más de uno le podrá resultar agobiante pero, si lo pensamos detenidamente, ese es el propio encanto del lugar. 
No siempre fue así, pero hoy es un lugar único y recomendable el visitar.
Y una recomendación. Nos pasó a Saraney y a mí. Íbamos como catetos en una gran ciudad. Y al llegar al Time Square lo notaron, aquellos y ¡aquellas! que nos vieron llegar. Una foto basta para ver como caímos en sus manos. Pongo la foto de él. ¡Besitos, abrazos y... pasta! Las simpáticas nos pidieron 20 $ por cabeza. Yo pude librarme de pagar al señalar a mi amigo del alma como el que llevaba el dinero. Dijo que les dio quince. Una puñalada fraterna ¡qué son las peores!

¡Hasta la próxima, primero Dios!


miércoles, 6 de abril de 2022

Amigos

La elección de los sitios a los que he ido a EEUU, ha sido porque en ellos viven  amigos míos. Amigos que hice en Huehuetenango mientras vivían en la Casa Miller, de la Salle, y que ahora están trabajando en el país del norte. Es increíble cómo ha emigrado tanta juventud guatemalteca a él. Un dato lo confirma. Es el segundo país, después de México, que recibe más remesas, señal de la cantidad de nacionales que viven en él. Ninguno está "legalmente" en él. 
El primero que visité, José, intentó por ¡seis veces! entrar en el país. Lo detenían y lo devolvían a México. La primera vez retornó a su casa. Está casado y tiene dos hijas. Las otras cinco veces lo intentó de forma reiterativa. Lo devolvían y volvía a intentarlo. Ya desistía cuando su hermana, que está en el país, le pidió que volviera a hacerlo. Y esa vez, pasándolo mal andando, de ellos dos días sin agua y sin comida, pudo pasar el desierto. Una vez lo persiguió la guardia fronteriza. Comenzaron a correr. De unos seis sólo llegaron dos.
Ahora está trabajando de jardinero en una empresa en la que trabajó su padre y trabajan hermano y cuñado. Tiene que pagar al coyote que lo pasó, enviar dinero a su familia, ahorrar, y vivir. 
Vive en un pequeño pueblo el sur del Estado de Pensilvania. En la casa, donde viven de alquiler, habitan 8 otros familiares. En total unos ocho sin contar otra familia que vive en el piso superior. Son la etnia Mam idioma que hablan entre ellos.
Pude estar con él tres días ya que le dieron permiso para no trabajar, y no ganar, el viernes y el sábado. Fuimos a Nueva York.
El domingo me invitó a almorzar con su hermana, su cuñado, su sobrino, su hermano y él. Una comida de familia cerca del pueblo donde vive. Los conocía a todos de la fiesta de graduación de él. Precioso ese momento. Precioso los momentos de intercambio de vivencias.
Desde Nueva York fui a Saint Louis. En el aeropuerto me esperaba Juan, sus hermanos Heriberto y Juan Carlos, y su primo Jorge.
En la casa viven los tres hermanos. Jorge vive con su esposa e hija en otra casa. Todos trabajan en el mismo restaurante mexicano. 
Con Juan he viajado varias veces durante mi estancia en Guatemala. Me une una fuerte amistad y nuestra relación es continua a través del wasap. Es muy del Barça.
Los tres llegaron por el desierto. Son "ilegales". ¡Una sociedad que necesita mano de obra, pero no le da legalidad! Los mantiene ocultos como el dinero negro. La única identidad legal se la da su consulado. Una especie de carnet de emigrantes. Y es la que muestran cada vez que les piden que se identifiquen. Pero ella no le permite sacar el carnet de conducir, tener cuentas bancarias, hacer contratos...
Estos hermanos, bajo la dirección de Juan, el mayor, tienen muy claro la razón de estar en EEUU. Juan, que dejó en su pueblo a su mujer,  lleva unos seis años y los otros menos. Juan Carlos llegó al terminar secundaria. Siempre recordaré las palabras que dijo como resumen de su paso por el desierto:
"Entré en él como un niño y salí como un hombre".
Ahorran como buenos emigrantes. Ya han construido en el pueblo en Guatemala la casa de sus padres, la de Juan, la de Juan Carlos y ahora van a comenzar la de Heriberto. Éste llego el último. ¡Y todo lo pagan entre los tres! Se nota mucha madurez en sus comportamiento.
Estaba junto con Juan y, en un momento de silencio, mirando algo, Juan me pregunta: "¡Te preocupa algo, Alfredo!". Me encantó ese detalle. Estuvimos dos días recorriendo el Estado de Illinois paralelamente al Mississippi.
Con ellos vive un mexicano, Fernando, que trabaja en el mismo restaurante. Algo que me llamó la atención es que entre los cuatro hablaban el mismo idioma maya: El Chuj. Y lo mismo pasó cuando fuimos al restaurante con otros amigos. Curioso. Al crearse los estados la frontera separó a las etnias. Ellos son antes Chuj que guatemaltecos o mexicanos. Curioso. Es más cuando la guerra civil los guatemaltecos cruzaron la frontera hacia donde vivían los chuj en México. La relación del Estado mexicano con los chuj ha sido siempre conflictiva.
El tercer amigo es Enrique. Vive en un pueblo de Georgia. Vino porque su mujer llegó con el hijo de ambos, pidió asilo y le concedieron la nacionalidad. Después llegó él. Más tarde se separaron. Ahora tiene otra mujer, hijas de guatemaltecos, nacida en EEUU, que está apunto de dar a luz una niña.
Enrique comenzó de pintor y ya tiene una pequeña empresa. Le va bien. También pasó lo suyo emocional y económicamente.
Aunque cobran relativamente suficiente, trabajan hasta doce horas. Vinieron a recogerme al hotel sobre la nueve de la noche del viernes al terminar de trabajar. Llegamos pasadas las diez al pueblo. Habían salido de sus casas a la seis de la mañana. Eran Sergio, Miguel, Manuel, Cristofer y Alexandro al que conocí hace cuatro años. Todos jóvenes. En la furgoneta llevaban una caja de cerveza. Al llegar al pueblo siguieron bebiendo sin parar.
Al día siguiente, con la mujer, fuimos los tres a Ruby Fallas,  unas cuevas preciosas que están al lado Chattanooga en Tennessee.
Por el estado de ella no pudimos estar más tiempo juntos. Pienso que Enrique se quedará ya para siempre en EEUU. (Cuando transcribo esta crónica ha nacido la niña). Él y algunos de sus empleados son de etnia Q'anjob'bal. Hace tres años lo vi jugar en un equipo de futbol en la que todos eran de su pueblo.
Aunque siempre es un placer viajar, hacerlo con el motivo de estar, acompañar, compartir, animar a personas ya adultas, pero que conocí cuando apenas tenían dieciocho años, añade un plus muy especial al viaje. Ser acogido como parte de su familia, invitarme a sus bodas, presentarme a sus amigos como el "amigo del alma"... te hace sentirte muy a gusto. Verlos que tienen un futuro más o menos claro es también motivo de felicidad a pesar que están lejos de su tierra, de sus gentes, e incluso de sus familias. ¡Gracias hermanos!
!Hasta la próxima, primero Dios!

Un poco de tensión

Estoy viajando desde Charlotte a Nueva York. Son las 11:16 del 4 de abril. Desperté a las 4,50 de la mañana. Llevo 7 horas vividas intensamente. Había preparado la maleta antes de dormirme. Con media hora tenía bastante. Recibo la factura del viaje que iba a realizar al aeropuerto en un coche UBER y que había contratado tres días antes. En la factura ponía el servicio desde el hotel hasta el aeropuerto. También la hora de recogida, las 5:20 am.
Voy a recepción con diez minuto de antelación. Pasan unos minutos y llega un coche. Le pregunto si era un UBER y me dice que sí. Voy a entrar, me pregunta algo que no entiendo, le digo mi nombre y me indica con los dedos que espere un poco. Otro señor se adelanta y se mete en el coche. Le pregunto cómo puedo conectar con el mío, y me dice en inglés que llega en un minuto.
¡Ya pasó la hora! En esto llega un taxi. ¿Un milagro? El hotel está en una zona cerca del aeropuerto pero muy aislado. No hay casas ni comercios. Por eso contratar al UBER. Las enseñanzas recibidas de mi amigo Yonathan. Son las 5,30. El avión a Charlotte sale a las 6,38. Le digo al taxista: ¿Uber? Y el me lo niega. Se me queda mirando. Yo también lo miro, y le digo: ¿Aeropuerto? Y me meto con la maleta en el taxi. Ya en marcha me dice "Tuenti dólar".  Le contesto "OK. Tuenti dólar".
Pienso que tenía que haber salido antes. Cuando veo en "Llegadas" la cantidad de coches y taxis que están delante nuestro le hago una señal al taxista de que me bajo. El me dice que América Air line está mas adelante. Lo intuyo.
Llego, hago el Che King en un ordenador. Veo algo raro. Uno de lo billetes no es tal. Hay algo escrito en inglés. Al doblar el pasillo que me han indicado, la cola en zigzag para pasar el control y el escáner es grandísima. Tardo unos 20 minutos en llegar al control de la policía. Perfecto. Meto la maleta, los zapatos, la correa, el costalito negro, la gorra, las bragas... en las bandejas y paso el control que parece una radiografía. Ese que te meten en un cilindro de cristal y tienes que poner las manos por encima de la cabeza. Perfecto.
Voy a recoger mis bandejas. Recojo todas pero la de la maleta es echada a parte en otra cinta. Hay más en esa cinta. Una policía las va revisando con toda la lentitud del mundo. Ella no tiene prisa. Saca botellas de agua, cebollas de flores para plantar, móviles... de las maletas anteriores a la mía.
"¡El ordenador!" Ya sé por qué me la han apartado. Exactamente. Abre la maleta. Pone el ordenador en otra bandeja y lo lleva otra vez a escanear las dos bandejas: la del ordenador y la de la maleta.
Son las 6:14. Pasa la del ordenador, pero la de la maleta no. Otra vez a la cola con tres maletas antes que la mía para revisar. "Los líquidos", pienso yo, aunque he tenido la precaución de que sean pequeños.
Ella busca otra cosa. Y va por un recuerdo de Nueva York, macizo, que me regaló Saraney. Lo ve y me da la maleta.
Corro a una pantalla donde veo las salidas. D 21. ¡Las prisas no son buenas!
Corro hacia el tren que une las terminales. Tarda, viene, me monto, pasa la T, la A, la B, la C y me bajo en la D. Subo a la puerta D 21. No hay nadie. Le pregunto a la azafata de la puerta de al lado. Mira el billete. Puerta T 12 me indica con el dedo y lo rodea con un bolígrafo. Lo miro otra vez. 
Vuelvo corriendo otra vez al tren. Allí veo la hora. 6: 35. Tarda. Llega. Corro. Llego. ¡Vuelo cerrado! 
Le doy a una de las azafatas, que aún están en la puerta, mi boleto. Sin decirme nada comienza a teclear, sin mirarme. Al cabo de un rato me da dos billetes, para Charlotte y para Nueva York, ya actualizado. Perfecto tengo tiempo para enlazar con el vuelo de Iberia a las cinco de la tarde.
Me tomo una super madalena con un jugo de manzana y voy a esperar en la puerta. Hay tiempo. Miro el billete y observo que no tiene impreso el asiento. Voy donde las azafatas, lo miran, y me hacen señal que después. No entiendo. Cuando comienzan a llamar por grupos, vuelvo a ir y una de ellas me dice "Estambay". Esa palabra aparece por la pantalla con una lista. La había visto durante la espera. La observo y no llego a comprenderla. Había cuatro letras mayúsculas y un número de orden.
Y al cabo de unos minutos lo entiendo. Yo estaba en ella en el puesto 11 con las letras: DELA. Ese era yo. En los billetes no aparece González, se creen que es mi segundo nombre, ya me pasó en el aeropuerto de Kuala Lumpur en el 1991, y aparece el segundo con la inicial de mi nombre.
Poco a poco comprendo que soy el undécimo de la lista de espera. Fue unos momentos increíbles. La azafata de las pestañas postizas empezó a contarnos en la fila de los que esperábamos. Yo entraba en el avión por el momento. Pero llegaban pasajeros con asiento e iban quitando gente de la cola de la lista de espera.
Ya se acercaba a mi. Pero otra azafata, la del chaleco amarillo, se acercó. Me dio el identificador de maleta, esas de las que bajan a la bodega del avión en el último momento. Ésta me dijo que me metiera en el pasillo que lleva al mismo. Cuando ya andaba, la de las pestañas me dijo que me parara. Me paré. Pero se dedicó a las que venían detrás de mi y seguí.
(Ahora hemos aterrizado en Nueva York. Son las 12:31. Aunque Nueva York tiene una hora más).
Ya en la puerta del avión estoy en la cola de los entran en él. Un trabajador me agarró la maleta. Llega la azafata susodicha y se pone entre la familia que estaba delante mía y yo. El trabajador me devuelve la maleta. Mi corazón late un poquito acelerado. En la puerta del avión y sin saber si iba a entrar.
Al momento la azafata del chaleco me hace el gesto de que pasara y le doy mi maleta al que debe ponerla en la bodega. Estoy dentro del avión. ¡Hurra!
He titulado esta crónica "un poco de tensión". Juzguen ustedes, amigos.
Pero no había terminado el día. Esto se ha repetido camino de Nueva York,  aunque más suave. Al llegar a la puerta para embarcar hacia Nueva York era el séptimo del la lista de espera. La maleta, me dijeron, iba ya en el avióna Nueva York desde Atlanta. Me han llamado por mi nombre cuando había entrado ya más de la mitad del pasaje. Me he puesto muy contento. No habrá problema para conectar con mi vuelo a Madrid. "¡Bien! Respira Alfredo que llegaras 
a tiempo". Esta situación ha sido un poquito más suave.
Lo único que he ganado es que me han puesto en butacas con más espacio. Una vez donde está las salidas de urgencias y otra en la separación entre turista y zona vip. 
Ya continuaré describiendo éste magnífico viaje.


¡Hasta la próxima, primero Dios!