Volver desde Puerto San José, en el que se me hizo la estancia tan agradable, fue un poco amargo. No era solamente el fin de los días de playa, si no también la víspera de mi regreso. Los días se habían desarrollado, casi en su totalidad, como lo había previsto.
Danilo volvía a Huehuetenango y a mí me quedaba un día libre antes de tomar el avión de vuelta.
Ese día tenía una cita con Emanuel, amigo de la casa Miller de Huehue, para cenar. Normalmente es el día que quedo con él. Vive en la capital desde hace unos años y siempre lleva pensado dónde vamos a ir. Esta vez tampoco me defraudó. Me llevo a la zona nueva de la capital. No parecía que estábamos en ella, pues tanto las avenidas son anchas y los edificios modernos y altos. Parecidos a los de cualquier ciudad desarrollada. Acostumbrado a vivir en el centro histórico, casi destruido y oscuro, esto me causó una buena impresión.
Cenamos en un restaurante situado arriba de un edificio altísimo, que tiene la curiosidad que gira sobre el eje del mismo y te da la oportunidad de ver toda la ciudad. Para mí la primera vez que veía tal cosa. Además Emanuel es una persona muy interesante pues busca mucha información de cómo se vive en España. Una excelente cena.
Al día siguiente, temprano, Sergio me llevó en su taxi al aeropuerto.
En él, y haciendo la cola para la aduana, me encontré con Eddy. Estaba detrás mía y comenzó por preguntarme alguna cosa. Me quedé junto a él las dos horas siguientes. Iba hacía EEUU para traer autos desde allí a Guate. Casado con un hija, trabaja en una finca familiar de piña. Y como para ser amistad no hace falta más que coincidir en algunas cosas importantes, pues ahí lo tengo en mi lista de amigos a los que vería la próxima vez. Tan entusiasmado estábamos hablando que escuché mi nombre por los altavoces pidiéndome presentarme en la puerta embarque.
Atrás dejaba a Guatemala con el sentimiento de que quizás fuera la última vez que iría. Me sabe mal decirlo pues les prometí a muchos, y en concreto a los amigos que he hecho, que nos volveríamos a ver y dedicar más tiempo a algunos.
A Jaime lo veré, primero Dios, en España. Jaime estaba presente cuando me registraban al subir al autobús desde Xela hasta Guatemala. Al oírme hablar con el guardia de seguridad, me soltó: "De dónde eres". Le cogí el deje, y le dije: "Tú eres de Málaga". Exacto de Málaga es. Es Ingeniero que trabaja en una ONG instalando unos generadores en los cursos de agua para dar electricidad a pequeñas aldeas en lats zonas más recónditas del país. Estará allí unos seis meses. Prometimos vernos cuando vuelva.
Eso es lo bonito de los viajes. Conoces a gente magníficas con los que llegas a entablar unas conversaciones muy interesante.
¡Hasta la próxima, Primero Dios!
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