Este blog quiere reflejar aquello que vivo en este momento. Quizás era necesario pues había que consolidar un nuevo escenario y una nueva forma de ser y de estar. Vivir en San Nicolás, establecer una nueva perspectiva de mi vida, ocuparme de lo ordinario para vivir, relacionarme con los otros desde aquí... es nuevo. Y todo ello siendo yo mismo con mis opciones y mis prioridades. Eso es lo que llena mi vida en este tiempo.
jueves, 18 de septiembre de 2025
domingo, 7 de septiembre de 2025
Las madres
Le escribía a ella esta mensaje hace unas horas: "Espero que hayas descansado. El funeral de tu madre ha sido un impresionante momento de fe. Creo que ha sido una eucaristía muy profunda: momento de fe, contenido extra de evangelización, catequesis sobre la vida de un cristiano, testimonio de una vida dedicada a la difusión de la vida de Jesús, liturgia como expresión de la esperanza en la Resurrección... Me ha llenado mucho. Gracias a tu madre, gracias a vosotros, gracias a Dios. Ni un minuto de tristeza. Gracias hermanos. Os quiero".
Ella me contesta: "Gracias Alfredo. Tu opinión es para mí de mucho peso, y me alegra muchísimo de que la hayas vividos así. Era esa la misión de mi madre en la vida, y la que queremos seguir llevando en la nuestra"
"Hasta la próxima, primero Dios!
domingo, 24 de agosto de 2025
de la Frontera
La casa alquilada está en el paseo de las Cobijadas. La ilustración nos explica qué era. La cobijada o traje de manto y saya es el traje típico de Vejer de la Frontera. Su origen, a pesar de lo que pudiéramos imaginar, es castellano, entre los siglos XVI y XVII. Estaba compuesto por unas enaguas blancas con tiras bordadas, blusa adornada con encajes, cuya composición dependía de la posición económica y social de la portadora, una saya negra sujeta a la cintura, a la cual le sobresalía el encaje bordado de las enaguas y un manto negro fruncido con un forro de seda, que cubría a la mujer completamente, excepto el ojo izquierdo que quedaba al descubierto, y que sin duda la envolvía en un halo de misterio. El uso del cobijado se recuperó, después de diversos intentos, definitivamente en el año 1976 y actualmente se utiliza de forma oficial en las fiestas patronales.
Tiene unos trece mil habitantes que se dedican a la agricultura y al sector servicio, importante este, dedicado a atender al gran número de turistas que visitan la ciudad.Vejer
El pueblo tiene cuestas hasta reventar. Dejé el coche a una distancia importante de la casa. No hay posibilidad de aparcar dentro del pueblo. Lo bueno es que mañana al irme todo es cuesta abajo y será más fácil con la maleta.
Al día siguiente había concretado almorzar con Antonio, hijo de mi prima hermana Pepita, y su mujer Irene. Habíamos quedado en un restaurante de El Puerto de Santa María. Llegué y no estaban ellos. Me senté en una mesa y al poco tiempo vinieron hacía mí dos mujeres y un hombre que estaban sentado en otra mesa de la terraza. Al acercarse le dije al hombre: "Yo te conozco". Era Rafael esposo de Pepi, hija de mi prima hermana Pepita, y nieta de Josefa la hermana de mi padre. Las dos mujeres eran su esposa y su cuñada Ana. Estaban allí, invitados también al almuerzo, algo que yo ignoraba, que me habían visto llegar, y que después de un rato de decidir si yo era yo, vinieron a mi encuentro. Al rato llegaron Antonio e Irene.
Una comida magnifica, no sólo por el menú, que también, sino por el encuentro con personas de la familia, en el sentido amplio, a los que conocía y que hacía tiempo que no veía. Cuando ya nos pusimos al día sobre cómo estaban la diferentes familia, la conversación estuvo muy animada e interesante. Estábamos presentes los descendientes de tres hermano: Pepa, Juan y Carlos. Ellos ya nietos de los primeros, y yo hijo del último. Aunque la diferencia de edad no era muy grande porque mi padre era el menor de ellos. Creo que Ana era mi edad más o menos. Los más jóvenes era Antonio e Irene, a la que no veía desde el día en el que celebré su matrimonio en Chiclana hace ya bastante años. Bonito momento que espero que se repita: "¡Yo sí espero que nos volvamos a ver!"
Y después llegué a Vejer. Pero será tema de otra crónica.
¡Hasta la próxima, si Dios quiere!
martes, 19 de agosto de 2025
A gusto
Unos llegaron el domingo diez y se fueron el día catorce. Otros llegaron el quince y se fueron el domingo. Estos son los que se han quedado en casa. Otros han venido entre semana. El sábado celebré la cuarta sesión de lo que llamo "Música en las tarrazas".
Si a esto se le suma la amplia oferta cultural y otras actividades que se realizan en verano en San Nicolás, este mes, como la bajada de la imagen de San Diego que estará en la iglesia parroquial hasta su fiesta en noviembre; la llegada de amigos circunstancialmente a la playa fluvial con los que comparto unas horas o la estancia continuada de mi familia aquí; no ha dado tiempo para relajarme y escribir en el blog.
Para completar esta situación, que sólo se da en estas fechas, mañana preparo el almuerzo para nuevos miembros de mi familia que vienen a casa. Y, como por la noche viajo hacia la costa gaditana, siento que esta crónica se ve acosada por la urgencia de preparar casa, comida y equipaje.
Los franceses ya vinieron el años pasado. A Laurent, Caroline, Abigail y Joaquim le agradezco mucho el desplazarse hacia el sur de España desde Versalles para pasar estos días conmigo. Conocí a Laurent durante mi estancia en Paris. ¡Hasta la próxima, primero Dios!
La imagen de San Diego bajando desde su ermita el pasado 13 de agosto.
viernes, 1 de agosto de 2025
Francisco y Carmen
Esta crónica es la continuación de la anterior y se desarrolla en el mismo día. La reunión familiar que se había convocado unos días antes era motivada por la posibilidad de conocer a Carmen la segunda hija de mi sobrino Alfredo, hijo de mi hermana María del Carmen, y Miriam, que nació en febrero. Ellos pasan unas semanas en la casa familiar de la playa de Matalascaña. Era algo muy importante para todos los miembros de la familia que estábamos en Sevilla conocer al nuevo miembro de la familia que lleva el nombre de mi hermana mayor. No podíamos fallar.
El fallecimiento de Francisco, como es natural, no estaba programado. El horario del entierro no lo sabíamos cuando, tanto mi hermana María José como yo, habíamos decidido ir a Ubrique. Juan Francisco, hijo de Francisco, al conocer el encuentro familiar de la noche, nos repetía que no fuéramos, sobre todo al saber que el entierro sería a las siete de la tarde. Valoramos la importancia de estar junto a él, su familia, y a u hermano Jesús David. Íbamos a ir a pesar de todo aunque no pudiéramos estar en el entierro. Y nos alegramos de hacerlo. Las relaciones con ellos se ha mantenido más o menos frecuente. Recuerdo ir a verlos en marzo. Su salud ha pasado por momentos muy difíciles desde hace años. Es de agradecer y valorar cómo sus dos hijos lo han cuidado todo ese tiempo. cada uno de sus hijos se había repartido las tareas para que él estuviera siempre atendido. Y era visible en Juan Francisco. Su estado físico, cuando lo vimos al llegar al tanatorio, demostraba que llevaba unos días prácticamente sin dormir. Estuvimos unas horas con ellos y con los nietos María y Pedro. Como siempre comprobamos que no hace falta verse para quererse. Para todos fue importante estar juntos. Así lo valorábamos en el viaje de regreso a Sevilla.
Mi llegada al restaurante, pasada las nueve de la noche, coincidió con la llegada de los de Madrid con Almudena y Manuel. Ya estaban todos allí. En total éramos veintitrés. Los que faltaban, siete, es que no estaban en Sevilla. Algo maravilloso que se da repetidamente a lo largo del año. En un momento nos acordamos de la alegría que sentiría mi hermana María Carmen y mis padres de vernos reunidos.
Las dos niñas de Alfredo y Miriam pasaron de brazos en brazos de todos. Carmen ni se inmutaba cuando la cogíamos y Candela, de cuatro años, pasado los primeros momentos de timidez, al ver tanta gente casi desconocida para ella, empezó a tener una actitud muy abierta con todos. La velada se alargó hasta la una de la madrugada y con ganas de poder repetirla, siendo consciente de que viven en Madrid, nos despedimos valorando la calidez del encuentro y el esfuerzo por estar todos juntos.
¡Hasta la próxima, primero Dios!























