Cuándo antes se hablaba de El Salvador, a mí, se me venía a la memoria Moseñor Oscar Romero. Él en su tarea como arzobispo preciamente a que fuera asesinado, diciendo misa en una residencia de enfermos aquí en la capital de El Salvador, ya era una figura referente para muchos creyente que veían en él la defensa de la población más indefensa de este país ante la opresión de los poderosos.
Su asesinato sucedió cuando aún no llevaba un año en mi destino como profesor en Arahal. Era el año ochenta del siglo pasado. Aún no había pasado el golpe de Estado de Tejero. La situación política en España no era clara. La Constitución aún no hacía dos años que estaba en vigor. Personas como Oscar Romero era un claro referente. Yo había sido ordenado diácono a finales de diciembre. La ordenación sacerdotal estaba inminente, aunque no había fecha. Sucedio tres meses despúes.
Su asesinato me planteó muchas cuestiones sobre lo que conllevaba el ser fiel al Evangelio. Fue un hecho bestial. Y, aunque se venía venir por las amenazas contínua que recibía, el asesinato fue demasiado. Y su repercusión increíble en todo el mundo. Y el día del entierro cuarenta y cuatro personas murieron durante una estampida después que las fuerzas de la seguridad dispararan desde el Palacio Nacional contra los feligreses que formaban el cortejo fúnebre.
Hoy, Sefe y yo, habíamos decidido no viajar para poder estar en la catedral en la misa de la imposición de la ceniza. Estaba al completo. Y los que acudían a la misma era personas del pueblo. Ninguna hombre con corbata ni chaqueta, ni mujeres recien peinadas y con bonitos vestidos. Personas de la clase baja económicamente. Y de todas las edades, aunque manifiestamente con ausencia de niños y jóvenes ya que eran las diez de la mañana, hora de estar en los colegios.
La catedral es de reciente construcción, exactamente el día de San José del año mil novecientos noventa y nueve se inauguró. Son varias las catedrales que ha tenido San Salvador a lo largo de la historia, pero todas han desaparecido o derrumbadas por terremotos o por incendios.








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