miércoles, 18 de febrero de 2026

Oscar Romero

Cuándo antes se hablaba de El Salvador, a mí, se me venía a la memoria Moseñor Oscar Romero. Él en su tarea como arzobispo preciamente a que fuera asesinado, diciendo misa en una residencia de enfermos aquí en la capital de El Salvador, ya era una figura referente para muchos creyente que veían en él la defensa de la población más indefensa de este país ante la opresión de los poderosos. 

Su asesinato sucedió cuando aún no llevaba un año en mi destino como profesor en Arahal. Era el año ochenta del siglo pasado. Aún no había pasado el golpe de Estado de Tejero. La situación política en España no era clara. La Constitución aún no hacía dos años que estaba en vigor. Personas como Oscar Romero era un claro referente. Yo había sido ordenado diácono a finales de diciembre. La ordenación sacerdotal estaba inminente, aunque no había fecha. Sucedio tres meses despúes.

Su asesinato me planteó muchas cuestiones sobre lo que conllevaba el ser fiel al Evangelio. Fue un hecho bestial. Y, aunque se venía venir por las amenazas contínua que recibía, el asesinato fue demasiado. Y su repercusión increíble en todo el mundo. Y el día del entierro cuarenta y cuatro personas murieron durante una estampida después que las fuerzas de la seguridad dispararan desde el Palacio Nacional contra los feligreses que formaban el cortejo fúnebre.

Hoy, Sefe y yo, habíamos decidido no viajar para poder estar en la catedral en la misa de la imposición de la ceniza.  Estaba al completo. Y los que acudían a la misma era personas del pueblo.  Ninguna hombre con corbata ni chaqueta, ni mujeres recien peinadas y con bonitos vestidos. Personas de la clase baja económicamente. Y de todas las edades, aunque manifiestamente con ausencia de niños y jóvenes ya que eran las diez de la mañana, hora de estar en los colegios. 

La catedral es de reciente construcción, exactamente el día de San José del año mil novecientos noventa y nueve se inauguró. Son varias las catedrales que ha tenido San Salvador a lo largo de la historia, pero todas han desaparecido o derrumbadas por terremotos o por incendios.

Bajo la planta de la catedral se encuentra un amplio espacio denominado como “la cripta”, en la que existen dos capillas. Justo debajo del altar del templo se encuentra el mausoleo del santo y martir Oscar Romero, detrás del cual se encuentran los nichos que contienen los restos de obispos y arzobispos de la Iglesia católica salvadoreña; y algunos laicos. 
Me impresionó su tumba. Era un momento importante de mi visita al país. Con muchos elementos simbolismos: palma de olivo, rama de  palmera, rosa, báculo... y una esfera de color rojo en el pecho en el sitio exacto por el que entró el proyectil que lo mató. En la esquina los cuatro evangelistas.
Y escribí en el cuaderno abierto cerca de su tumba.  Bueno lo que en ese momento sentía y me recordaba su persona.

¡Hasta la próxima, primero Dios!


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