Le pregunté a una señora, que vendía fruta, dónde se encontraba el comedor "Mi Casita" que me habían recomendado para comer.
Ella me dijo, señalando a la farmacia: "A la par de la farmacia". Y continuó: "Y cuando termine, traigame un mi almuerzo". La miré, ví que estaba con un bebe, y asentí con la cabeza.
Estaba sin saber qué hacer después del desayuno. Eran ya las diez y media. No iba a ir a la playa, pues ayer me quemé las piernas en el viaje a la barrita. Entonces pensé en ir a Coatepeque. Con los viajes de ida y vuelta podría estar dos horas. ¡Suficiente! Lancha y autobús serían unas tres horas para ir y otras para volver. Tendría que estar en el puerto antes de seis de la tarde, antes que se hiciera de noche para poder agarrar una lancha. ¡Y así lo hice!
Llegué a Coatepeque antes de la una de la tarde. Subí por la calle donde me dejó el bus, directo al parque central. Una vez, hace años, me quedé a dormir en un hotel cerca de él y recordaba donde estaba.
Observé unos símbolos israelitas en el parque, pienso que como consecuencia de la labor de los EEUU, a traves de sus iglesias evangelistas, en toda Guatemala. No se verá símbolos españoles, pero israelitas, por todo el país. Junto con la estrella de David, estaba la bandera del Estado de Israel y una gran biblia abierta en medio del parque.
A un lado del mismo está un inmenso templo católico.
Después, buscando donde comer, me orientaron hacia "Mi Casita". Tras las indicaciones de la señora de la frutería entré en el restaurante. Pedí un caldo de res y agua pura. Comí. El caldo de res era inmenso. ¡Y bueno! ¡Dos cuencos! Uno con caldo y otro con la carne de res y las verduras.
Comiendo no se me olvidaba la petición de la señora y decidí, en vez de comprarle un almuerzo, darle el dinero del mismo. ¡Y así lo hice! Me paré delante de ella, y me dijo: "¿Y mi almuerzo?". Le di el dinero. Y le pedí tres mangos. Y me los dió. ¡Así de simple! Aparecen en la bolsa de plástico con la botella de agua del almuerzo. No era cuestión de hacerle una foto a ella.Llegué a Tilapa y entré en la tienda de Tenchu. Debía dinero. Me senté con un parroquiano, Fernando. Y como si fuéramos conocidos de toda la vida nos invitamos a cervezas. ¡Así de simple!
¡Hasta la próxima, primero Dios!







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