Empecé a escribir esta crónica camino de el Puerto de la Libertad el martes 17 de febrero. Hemos pasado por un pueblo llamado Zaragoza. Salimos de San Salvador sobre las diez de la mañana. Me acompaña Sefe y su móvil. Lo normal para una persona de umos veintitantos años. Queremos llegar a la playa Majahual.
Llegamos ayer sobre las dos de la tarde a El Salvador. El viaje normal. Desde Ciudad de Guatemala se tarda una seis horas, una de ella ocupada en recorrer distintos lugares de ella recogiendo pasajeros. Nunca había ido hacia el sur guatemalteco. Me pareció un paisaje un poco diferente y un clima más cálido Y un terreno más seco.
El paso de la frontera fue original. Bajamos todos del bus para sellar la salida del país. Todo normal y rápido. Al llegar al lado salvadoreño fue diferente. Nos dijo el conductor que no nos bajáramos que entraría un funcionario de emigración y él nos diría. Así fue. Entró una señorita y mirándo su movil dijo un nombre: "¡Alfredo González!" Levanté la mano y me dijo: "¡Baje a sellar el pasaporte!" La empresa del autobús debe comunicar a la frontera quienes viajamos.
¡Bajé sólo yo! El único que no era centroamericano. Todo los demás pasajeros no necesitan pasaporte para viajar entre los países de Centroamérica.
Llegaba a una ciudad totalmente desconocida. El taxista nos llevo al hotel. ¡Bueno! Así me pareció. Más tarde descubriría un defecto muy importante para mí. ¡No había, no existía, el agua caliente! Por lo demás bien.
Por la tarde salimos al "mero" centro de la ciudad: La Catedral, el Palacio Nacional.y la Biblioteca Nacional, a la que pudimos acceder.
¡Esas calles están preciosas! ¡Esos edificios, muy bien cuidados! El lugar es una isla muy bien cuidada y vigilada en la ciudad de San Salvador. Aunque no hemos sentido inseguridad alguna en el pais. Se da la circunstancia que una calle, Ramón Dario, ¡Espectacular! Las que le rodean, ¡De pena!
¡Y llegamos!
Ya esta parte la escribo por la noche del martes. Saldrá el miércoles 18. La playa es espectacular. ¡Inmensa! ¡Tranquila! ¡Límpia! Entramos en un parque acuático que tenía salida a la playa. ¡Buena elección!
Nos pudimos cambiar, dejar las cosas, pasear por la playa, bañarnos en el mar.
Almorzar, bañarnos en las piscinas, pasear por el pequeño pueblo y tomar otra vez el bus de regreso.
En el trayecto pudimos ver cómo se está construyendo una autovía desde la capital hasta la playa. Nada fácil pues es un terreno muy montañosos.
Mañana será un día dedicado a la capital y pasado ir a un pueblo típicamente colonial de El Salvador: Suchitoto.











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