miércoles, 11 de febrero de 2026

La Barrita

Ayer, y hoy, me ha dado por salir de mi área de permanencia. He aprovechado que estaban limpiando la piscina para hacerlo. A ver si mañana tendré que salir también. De la barrita ha bía escuchado como el lugar más lejano de Tilapa. La zona en la que yo me muevo es el comienzo de la isla. Dónde se encuentra el núcleo de la población. Los bares-restaurantes, las tiendas, los hoteles, el cuartel del ejército, los templos, el colegio... entendido esto en su justa medida.
Quería conocer más profundamente Tilapa. ¿Qué había más allá? Fui preguntando quién me podría llevar en cuatrimoto. El marido de Hosanna me dijo que D.   Alex, su cuñado, que tenía una.
D. Alex es mi persona de contacto en Tilapa. Antiguo dueño del hotel donde me quedo, con el  que puedo contar siempre. Este año pasado le tuvieron que cortar la pierna derecha. Por eso se mueve con un cuatrimoto.
Salimos a las diez, después del desayuno. Fuimos hacia el fondo de la calle segunda. Pasamos por los chalets que tienen la gente rica en la playa, por un gran restauarante del que no sabía de su existencia, por el cuartel, y nos adentramos, siempre por caminos de arena, por una inmensa propiedas plantada de palmeras cocoteras. No se acababa nunca.
D. Alex tenía que parar de vez en cuando, porque se cansaba de apretar el acelerador, una pequeña palanca en el manillar derecho, con su dedo pulgar.
Después de más de una hora llegamos a un caserio que se llama La Barrita. Está entre el mar y el río interior que va paralelo a la playa. ¡El paisaje es paradisiaco!
En él, en una pequeña tienda donde paramos, él se tomó una cocacola y yo una cerveza. Los dos necesitábamos esa parada.
Tras ello volvimos por la orilla del mar. El viaje de vuelta fué más cómodo por ir por la arena de la playa, más lisa que el carril por el que habíamos venido.
Cuando llegamos al hotel eran la una y media de la tarde. Habíamos empleado tres horas y media.
Me gustó mucho conocerlo, aunque el viaje de ida fue un poco largo y viajar en el cuatrimoto, dos personas, es un poco incómodo.

¡Hasta la próxima, primero Dios!

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