Desde el domingo día dieciocho hasta el sábado veinticuatro he estado en Huehuetenango con la salida de un día completo a la localidad de Chajul en el departamento de Quiché. ¡Me encanta estar del Huehuetenango! ¡Me encuentro como en casa! El Hotel Gobernador tiene ese eslogan: "¡Su hogar en Huehuetenango!". Y es cierto. Entro y salgo como si estuviera en ella. Además me reservan siempre la misma habitación lo que hace que me sienta en un lugar muy proxímo. Esta crónica la estoy escribiendo en el patio del mismo.
El hotel está situado en pleno centro histórico de Huehue. Y desde hace tiempo lo elijo como mi lugar para estar aquí. Es realmente motivador cómo el limpiabotas del parque central, muy próximo al hotel, cuando me vió emitió un sonido de alegría y me dió un fuerte abrazo. Él es sordomudo, no sé su nombre. Su rostro expresaba un sentimiento de verdadera felicidad al verme.
Lo mismo ocurre con Byron, el que vende salchichas en su carrito muy próximo al hotel. Su ¡"Don Alfredo"! es encantador. Me llena de alegría. Tengo que pasar delante de él cuando salgo y entro en el hotel.
Venir a Huehue es estar ocupado todo el tiempo entre almuerzos y cenas con amigos. Incluso he utilizado los desayunos para estar con ellos.
Me preguntan, cuando digo en Sevilla que vengo a Guatemala, qué es lo que se me ha perdido aquí. No se me ha perdido nada, al contrario, he encontrado una calidez y cercanía en el recibimiento que se convierte en una agradable relación de amistad.
Como mantengo la comunicación con ellos durante todo el año, lo que comenzó casi de una manera fortuita, al encontrarnos de nuevo, ha evolucionado en una mayor amistad. Es el caso de mi amigo Alán. La conversación que tuvimos, hace unos días, denotaba una relación muy estrecha, casi impropia de la relación que habíamos tenido en mi anterior estancia aquí, pues denotaba una confianza grande. Todo ello me satisface bastante.
Mi estancia en Chajul es continuación de la del año pasado. me sentía obligado a ir ya que me recibieron muy bien. Aunque estuve sólamente un día tuve la oportunidad de compartir con ellos, y parte de su familia, una excelente cena.
Ser recibido dentro de la comunidad Ixil de esa manera es una oportunidad única. No hay muchas personas que tengan la oportunidad de ser recibidas en familias originarias de la manera que me reciben a mí. Me siento muy afortunado viviendo entre ellos, siendo acogido por ellos.
Y ya, el día anterior a mi vuelta a Xela, en Huehue, tras la visita programada con los dentista Eunice y Carlos, me despedí de Juan Manuel y Rosana que me invitaron gentilmente a su casa. Todo ello hace muy grata mi visita a Huehuetenango a la que tendré que volver por motivos odontológicos los últimos días de mi estancia en este país.¡Hasta la próxima, primero Dios!


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