jueves, 15 de enero de 2026

Doce horas de avión

Después de 12 horas de avión, y 16 horas y media desde que salí de Sevilla, llegué a Guatemala el miércoles 14.
A las siete y media recogí a Félix que me acompañó al aeropuerto para quedarse con mi coche.
Todos normal hasta que, ya en Barajas, tenía que tomar el siguiente avión. Hay que recorrer la terminal nacional en la terminal cuatro, coger el tren que lleva a la internacional, hacer el trámite del control policial y acceder a la terminal.
El tiempo entre la llegada del vuelo de Sevilla y la salida hacia Guatemala es un poco justo para hacer todo eso. Cuando llegué a la puerta de embarque ya estaban entrando viajeros en el avión.
Y eso que el control de la policía para los viajeros de la Unión Europea fue rápido. Inmensa era la cola para los que no pertenecen. Allí iban los hispanos y los estadounidenses. No sé lo apinión que ello produciría a estos últimos no tratarlos de froma especial. En EEUU hacen lo mismo con su nacionales y el resto. El paso por el control de la frontera te puede llevar fácilmente una hora.
Las doce horas de vuelo las rellené viendo cinco películas y haciendo un Sudoku, comiendo en tres ocasiones y saliendo de mi asiento al baño. No sé me hizo demasiado pesado.
Tiempo nos llevó esperar las maletas en la Ciudad de Guatemala. El control de la policia fue rápido. Éramos el único vuelo que llegaba a esa hora. Y el personal muy agradable. Pero el rato a pie al lado de una cinta que no se movía fue absurdo.
A la salida me esperaba Sergio que me dijo que estaba preocupado por mi tardanza en salir.
Me llevó al hotel y de ahí fui a sacar dinero y a cenar con Emilio, su tía Eugenía y su hermana Pamela. Me esperaban en la Sexta Avenida, donde se encuentra el Centro Culturañ Español, ya que pensaba que íbamos a cenar
Para conocer quién es Emilio hay que ir a la crónica del diecisiete de febrero del año pasado.
Y ya  a pasar la noche casi en vela, en la cual escribí esta crónica, más por hacer algo que por narrar lo vivido. Pero ahí queda.
Ya el jueves hice lo que suelo hacer cuando llego a la capital. Además de sacar dinero que hice al llegar, suelo poner en servicio el móvil de Guatemala, ir a comprar a la Despensa Familiar e ir a la peluquería. Esto último me parece extraordinario. En la foto, detrás de las toallas estoy yo. ¡Increible! Un verdadero placer. 


Y ya paseé por esta parte de la capital, pues hoy, viernes ya estaré en Xela. Esta crónica la escribo cuando aquí es jueves, pero en España ya es viernes.
¡ Hasta la próxima, primero Dios! 


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