jueves, 29 de enero de 2026

Holbox


Mis viajes, últimamente, conllevan algo de suspense. El lunes veintiséis viajé a Cancún desde Guatemala. Al salir del hotel me dí cuenta que otra vez me había equivocado en la previsión del tiempo para llegar al aeropuerto. Salía con menos de dos horas pata que partiera el vuelo. La circulación estaba muy densa. ¡Qué presión sentía en el taxi y le transmitía al conductor! ¿Por qué me pasaba otra vez lo mismo? ¡No aprendo!
Llego al aeropuerto y en la puerta pregunto por el avión que partía hacia Cancún. Me señalan unos mostradores. La azafata que estaba al comienzo de la fila me pide el pasaporte. Lo pasa por una table una y otra vez. No aparezco. No suelo llevar fotocopia del boleto. Si no número de reserva. Se lo digo a ella y tampoco aparece. Ella va y viene. Yo le pregunto el horario. Las 8,55 am. Ella⁹ dice 9,05. Pienso que lo han retrasado diez minutos. Ella, realmente agradable, vuelve a los mostradores de aero México. Mientras, va pasando el tiempo. Yo, parado sin entrar en el pasillo que va al mostrador.
Viene y me dice que no estoy en la lista de pasajero. Le digo si puedo ahora comprar un pasaje. Me dice que va completo.
En un momento me dice:"Espere" y va a ver las pantalla de salidas. Vuelve hacia mí y me dice: " ¡Corra, el vuelo de las 8,55 am es de Volaris. No el nuestro!". Y me indica los mostradores del final. Corro lo que puedo y hay dos azafatas, solas, que me toman el pasaporte y con la cabeza me confirma que está ok.
Voy hacia el control de maletas, al de policía, corro hacia la sala siete. No hay nadie delante mía. Me piden la tarjeta de embarque. Paso al corredor que lleva al avión. Entro en él y estaba ya todo el mundo sentado. Detrás mía entrarían unas tres personas.
Pero no iba a quedar ahí. Aún faltaban más sorpresas. Llego al control de policía y una mujer me hace señas para que me aproxime a su puesto. Le doy el pasaporte y comienza la batería de preguntas. Cuánto días me voy a quedar, el billete de vuelta, hotel en el que me voy a quedar, dinero que llevo, tarjetas que tengo, cuál es el motivo del viaje, si voy solo, cuál es mi profesión, cómo que estoy jubilado, cuantas veces he entrado a México, con qué motivo...
A cada pregunta y a mi respuesta le seguía un diálogo de sordos. Me decía que debía llevar físicamente el boleto de vuelta. Le decía que todos se podía comprobar. Ella seguía en sus treces. Le dije que no veía normal tantas preguntas, que ni EEUU me las habían hecho, que si a todos los turistas le hacían tantas preguntas... y al final le pregunté su nombre. Pensó un poco y me lo dijo. Con ello se acabó el interrogatorio. Me señaló los días que podía quedarme en México. Tres días más a partir de cuando tenía que volver.
Al irme le dije:"¡Sea usted buena!". Al mirar no quedaba nadie para pasar el control. ¿Por qué me pasó eso? ¿Por ser español? ¿Sería una de las que esperan que pidamos perdón los españoles? ¡Qué momento más raro!

A Holbox iba a ir con Miguel, amigo de Huehue, que está trabajando en Playa del Carmen. Él iría a Chiquilá desde Playa y juntos tomaríamos el barco a Holbox.
Estando en la estación de autobuses en Cancún, a la que llegué con dos horas de antelación, me escribe que se ha quedado dormido y ha perdido el bus y que viene a Cancún. Le pregunto si llegará a tiempo. Dice que unos quince minutos antes de la salida del bus. Son más de hora y media de distancia entre Playa del Carmen y Cancún. Y he constatado en mi viaje desde el aeropuerto que hay mucho tráfico. Nos costó mucho llegar a la terminal.
Le pregunto si le saco el boleto del bus. Me dice que sí. Todo el tiempo lo pasamos escribiéndonos. Hasta que, quedando diez minutos, aparece en el hol de entrada. Ya está bien por hoy, me dije. ¡Eso creía!
Al llegar a Chiquilá hacia frío y viento. El mal tiempo, que asolaba la región, se notaba bastante. El mar estaba agitado. El ferry se movía de lado a lado.
En Holbox, con las calles de tierra, el viento arrastraba cortinas de arena. Nos costó encontrar el hotel. No nos esperaban. Mostré mi reserva y no había ninguna a mi nombre. ¡Me mostró qu estaba anulada! ¡Increible! ¡Y creía que llevaba bine programado el viajé! Pero como siempre me encuentro con buena gente, Moises me buscó una habitación, en otro hotel, que no estaba arreglada, por lo que pudimos ir a cenar, y allí no pudimos quedar. ¡Alguien da más!
Los tres días que pasamos fueron buenos. Lástima que hacía mal tiempo. Esta isla es preciosa y está llena de turistas. Será, pienso yo, la Ibiza de los próximos años de México. Y se come unas gambas, camarones, buenísimos.



¡Hasta la próxima, siempre, primero Dios!

No hay comentarios.:

Publicar un comentario