sábado, 31 de enero de 2026

Entre violín y sardina

Tocar el violin y que la sardina esté enamorada, en principio, no tiene una relación aparente. ¡Pues lo tengo dificil encontrar ésta! ¡Toco el violin y me parece excepcional!
Su suavidad, su dulzura, su limpieza.Tiene forma de cuerpo, es un cuerpo acostado apoyado en mi mejilla. ¡Todo en él es exquisito, todo es conmoción!
Me pregunto, ¿Se conmovera el violín? ¿Se estremecera cuando el arco insiste en sacar de él lo mejor de sí mismo? ¿Se arqueará con ese contacto tan suave, tan dulce? Me encataría saberlo. Algo me dice que sí.
Una sardina enamorada es una sardina con sentimiento, con capacidad de tener una vida añadida.
¿Perseguiŕa a su amada en ese cardumen? ¿Nadará a su lado? Aunque esté lejano en el banco el "sardino", siempre estará atento a ella.
Es su sardina aunque se vean de tiempo en tiempo. Y procurará lo mejor para ella.   Esta enamorado de ella y ella de él. Ambos se sienten próximos en la lejanía. No hablan entre ellos, pero saben que están ahí.
Entre el sonido tan extraordinario del violín y la danza tan preciosa de las sardinas hay una conexión, su sensibilidad, su superar sus barreras, su distancia, para percibir algo extraordinario: sus sentimientos.

¡Hasta la próxima, primero Dios!

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