jueves, 8 de enero de 2026

Hormonas de felicidad


Desde la última crónica han pasado todas las fiestas y hemos estrenado un nuevo año. Inmensos los encuentros en los que he participado, muchos los viajes realizados, agradables los momentos vividos. 

He tenidos encuentros en Arahal con mi familia adoptiva, en Paradas con Antonio y Ana, en San Nicolás con mis hermanos de la vida, en Sevilla con mi hermano Fernando, familia y amigos, en Almensilla con mis hermanos. He viajado varias veces entre Sevilla y San Nicolas, he tenido que ir y venir varias veces al mismo lugar, una veces porque un encuentro propiciaba otro, y otras por culpa de olvidarme cosas imprescible. He dormido en este tiempo en varias casas aparte de las  que uso normalmente.

Lo principal es que todo lo anterior ha propiado momentos innolvidables. Este tiempo es propicio a ello. He disfrutado, hemos disfrutado, de una inolvidable Cabalgata de Reyes y su cena consiguiente, con los amigos de Mazagón en Triana, y del almuerzo y la fiesta posterior del cumpleaños de Maria Carmen en La Campana

Los encuentros con amigos son positivos. Compartir la vida con amigos ofrece consuelo e invita, en su caso, a cambiar la perspectiva. Crea un sentido de pertenencia y conexión mejorando el estado de ánimo. Las risas y la diversión liberan, dicen los entendidos, las "hormonas de la felicidad", que actúan como antidepresivos naturales. Sentirse aceptado y valorado por amigos genuinos eleva la confianza en el conjuntos de ellos.

Los amigos te exponen a nuevas ideas y experiencias, ayudando a desarrollarnos y a ser más resiliente. Son una red de seguridad en pérdidas, enfermedades o transiciones, ofreciendo apoyo incondicional. Pueden motivar a evitar conductas no saludables y animar al ejercicio o a mejores hábitos. Compartir actividades placenteras crea recuerdos positivos y añade alegría a la vida.
Las amistades contribuyen a un mayor sentido de propósito y conexión con el mundo. Son una fuente para obtener recomendaciones valiosas sobre la vida diaria (restaurantes, películas, etc.). La psicología dice que tener amistades es un capital simbólico. Con ellas se comparten alegrías y tristezas, creando una base de confianza y lealtad.
¡Hasta la próxima, primero Dios!

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