viernes, 27 de marzo de 2026

Diego Marquez


Cuando llegué de Guatemala, hace un mes, me reuní para cenar con Felix  y Conchi. En dicha cena me dieron dos noticas que me causaron una especial emoción. Una de ella era el estado de salud, casi terminal, de un amigo, Diego Márquez. Ayer, jueves 26 de marzo, falleció.

A Diego lo conocí cuando estaba en séptimo de  EGB en el colegio "Zurbaran" de su barrio de La Oliva donde me mandaron para realizar los tres meses de prácticas que haciamos los alumnos de tercero de la carrera de Profesorado de E.G.B. Después coincidimos en los movimientos de A.C.

Como a todos los que consideras amigo, y esa consideración es recíproca, no nos veíamos continuamente. ¡No es necesario! Pero cada vez que nos veíamos, junto con su esposa Mari, y ocasionalmente con sus hijas, estabamos a gusto. Cuando hoy llegué al tanario, en los abrazos que he tenido con sus hijas, Marta e Irena, y con su mujer, había algo más que un saludo, había cariño, renococimiento, sentimientos mutuos.
Diego era  un tanto carismático. Su presencia siempre se sentía. Era a la vez una persona profunda en sus reflexiones  e intervenciones, y alegre y divertido con sus interminables ocurrencias. 
¡Era un hombre feliz! Con una vivencia de la fe en Jesucristo inquebrantable. Durante su vida profesional fue militante de Comisiones Obreras, de la que fue delegado sindical en Correos. Además de ser responsable general de la HOAC, a la que dedicó toda su vida, fue, a su regreso a Sevilla, durante veinte años, Delegado Episcopal de Pastoral Obera de la Diócesis de Sevilla.
Dijo Mairena, en la preciosa y cercana homilia del responso, que Diego ya había resucitado en vida por la actitud que tuvo a lo largo de su vida, en la enfermedad y, sobre todo, ante lo inmediatez de  su muerte de la que era totalmente consciente.
Te  echaremos de menos Diego, aunque en nuestras vidas estarás siempre presente. "¡No esta muerto, sino que duerme!"  Lucas 8:52,
Y nuestro cariño rodeará en todo momento, como tu pedistes, a Mari, a Irene y a Marta. ¡Un beso al cielo!

¡Hasta la próxima, Primero Dios!

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