“María… escuchaba su Palabra”

Interesante como Jesús alaba a María, que ha roto lo
establecido socialmente, y le dice, con cariño, a Marta que se preocupe sólo de
lo que sea imprescindible.
La belleza y la paz total
No vayas a Tilapa si lo que busca es diversión. Tampoco si
quieres elegantes hoteles o buenos restaurantes. Tampoco si quieres estar con
mucha gente y encontrar otras personas con las que relacionarte, o
instalaciones naúticas. En la Playa de Tilapa, o Tilapita, no vas a encontrar
eso.
Tilapita es una playa extensa, limpia, solitaria, con
palmeras y otra vegetación tropical, con toda la belleza que puede tener una playa
situada en un lugar al borde del océano pacífico. El agua de la misma no está
fría. Te puedes bañar a cualquier hora por la mañana temprano, durante todo el
día, incluso de noche.
A Tilipita se accede por lancha desde el puerto de Tilapa. Antes
se ha tenido que llegar a La Blanca, municipio al que pertenece y al que se
accede desde Coatepeque.
En lancha llega todo a ella: muebles, frigoríficos, motos, víveres,
carros… Las calles son de arena y hay casas de familias nativas que viven en
ella y otras casas, magníficos chalets ocupados en las temporadas de vacaciones,
pertenecientes a familias pudientes de todo el país.
Es una isla sobre un manglar. Ya hablé de ellos en otra
crónica. Esto le permite a la población dedicarse sobre todo a la pesca que es
muy rica tanto en los canales y esteros, como en el mar.
Ya he dicho que para mí lo importante de Tilapa es la extensísima
playa. Allí está el hotel Pacífico Mar
que lleva D. Alex y su familia. Tiene unas 15 sencillas habitaciones. Nada de
lujo. Ahora hay algunas que está remodelando. Si lo pides hay posibilidad de comer en el mismo. Cocina familiar de la que resaltaré el Caldo de
Mariscos.
Con Romeo, hijo de D. Alex. Cuando llegué la primera vez era un bebe. |
Tiene dos piscinas, lo que te permite estar siempre en el agua sea
dulce o salada. La temperatura suele ser un poco alta y se agradece esa
posibilidad de venir de la playa y meterte en el agua de las piscinas.
Y algo que hay que resaltar en Guatemala en la playa, en
Tilapa, se tiene sensación de seguridad. Puedes andar por las calles a
cualquier hora con total confianza. Así lo he sentido todas las veces que he
estado allí. Y esto hay que resaltarlo en este país.
Desde Tilapa se puede ir a conocer La Blanca en TuK TuK, o a Ocos
en lancha y desde allí, en bus a una media hora, a Tecúm Umán, ciudad
fronteriza con México. Tambien a quién le guste pasearse por el manglar se
puede llegar hasta la comunidad de El Chico, ya de Retalhuleu, que se encuentra
a más de una hora en lancha, y que pertenece
como Tilapa al Manchón Guamuchal, que es el humedal marino costero más grande
de la costa pacífica del país, en el que al menos setenta especies de aves lo
han convertido en su hábitat. También es un lugar protegido dónde pone sus
huevos la tortuga marina.
Todo Tilapa es precioso. Ir en lancha, para salir y entrar, entre
los manglares es algo fuera de lo normal. La presencia de aves es maravilloso. La
cercanía del hotel a la playa, a menos de cien pasos del hotel, comodísimo. La
relación con las personas que allí viven agradable. La acogida estupenda… Es
por ello por lo que he hecho de Tilapa el lugar dónde vuelvo cada vez que puedo.
Esta vez he ido con Pheter, amigo mío desde su estancia en la Casa Miller. Vive en Santa Lucía la Reforma del departamento de Totonicapan. Es una placer viajar con él, pues tiene muchas ideas de lo que hacer en un desplazamiento como este. Ha disfrutado mucho en la playa pues es la segunda vez que ha estado en ella.
No confundir esta playa con la que se encuentra en los
Almendrales y a la que se accede a través de un puente de madera, y que se
encuentra a menos de un kilómetro de Tilapita y que es un playa más popular
dándose, en periodos de vacaciones una verdadera concentración de personas.
Y una página, un poco atrasada, para poder saber más de
Tilapa. No confudir con un municipio de México del mismo nombre:
Acompañan a esta crónica estas fotos del atardecer del día primero de octubre, que son las que me han motivado el compartir a través, primero de facebook y después por este medio, lo que he vivido a pie de playa.
Observar el paisaje en el que el sol ilumina las nubes reflejándose y confundiéndose con el agua de las olas en la orilla teniendolo en el centro de este espectáculo visual a través de un aire transparente es algo único.
Aquí la sucesión de fotos del atardecer en Tilapa.
“Hasta la próxima, primero Dios”
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