Con ocasión de la venida de la familia de Madrid nos reunimos Los González en una cena este viernes pasado. Éramos treinta y uno. Faltaban cuatro a los que les era imposile asistir. Una familia unida crea un legado de amor, donde cada generación hereda el valor de apoyarse y cuidarse mutuamente. En un momento determinado me señaló David, mi cuñado, cómo Candela y Olivia estaban jungando juntas. La primera de cinco años, hija de mi sobrino Alfredo, y Olivia de diez años, hija de mi sobrina Lorena. Y prácticamente no se han visto ya que viven una Madrid y otra en Sevilla. Y su cercanía es muestra de la alegría que en el ambiente se vivía en ese encuentro.
Si eso era el viernes por la noche, al día siguiente tenía una cita con mis amigos Manolo y Fátima en su casa de Conil de la Frontera. Hacía tiempo que esa visita estaba planeada. Ellos están muy presentes en mi vida. Conil es un municipio de la provincia de Cadiz situado en el litoral con unas playas magníficas. Y es uno de los pueblos dedicados a la pesca del atún, auténtico maravilla de la gastronomía local. ¡Hasta la próxima, primera Dios!


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