“Les preguntó, ¿quién dicen que soy?”

Me gustan este tipo de playas
Llegar a Cojimíes, como ir a cualquier sitio que no has ido
nunca, me llevó mi tiempo, me supuso mantenerme en vilo, me mostró nuevos
paisajes, me cansó, me hizo estar en contacto visual con la población de ese
camino. En fin me abrió a una parte del Ecuador que no conocía.

n el que vivo en Quito.
El viaje fue largo. Tuvimos que pasar la parte occidental de
los Andes, lo que siempre es agradable ya que es un gozo para la vista. Pasamos
por un bosque nuboso que me recordó algunos parajes de Guatemala, en concreto
el que se pasa para ir a Colomba en Quetzaltenango.
Después la carretera discurre paralela a un río de montaña
que desemboca en el pacífico. Ya casi de inmediato sentía el cambio de clima
viendo a las personas de los lugares por los pasábamos que vestían con mangas
cortas.
Como es normal en estos países son innumerables los
vendedores que acceden al bus durante el trayecto para venderte todo tipo de
mercancias, preferentemente bebidas y comidas típicas.
Llegamos a la capital de la provincia: Santo Domingo
de los Tsáchilas.
Se ha ubicado el origen de Tsáchilas, en Centroamérica y el
Caribe en especial con la etnia Siboney, por las características craneales y
fisonómicas. Se entiende que los Siboney emigraron a Centroamérica desde el Caribe
y desde ahí emigraron a Sudamérica, bordeando la costa de Panamá, Colombia y
Ecuador, hasta llegar a las provincias de Esmeralda y Manabí.
Desde la época colonial, los extrajeros los han llamado colorados,
por el color de sus peinados y decoraciones que ostentan durante sus
festividades. Es hermosa la leyenda de “El tsáchila que se convirtió en Sol”
Y ya eran las cuatro de la tarde. Entonces comencé a
controlar el tiempo que nos quedaba para llegar a Pedernales, porque sobre las
siete dejan de funcionar los autobuses y yo aún debía recorrer más de treinta
kilómetros para llegar a mi destino.
No sé por qué tardamos tanto. Lo que me dijeron que serían
unas dos horas se convirtieron en cuatro y media. Hasta ese momento me había
cambiado de asiento situándome en uno de la primera fila. Las personas no
dejaban de subir y bajar. La oscuridad no me permitía ver nada del paisaje. Y
las horas iban pasando. Ya me imaginaba que perdería una noche en el hotel de
mi destino. Bueno no perdí la calma. No sirve para nada. Ya veríamos que
hacíamos cuando llegáramos.

Supe que estaba cerca de esa ciudad porque desapareció el
asfalto de la carretera. La ciudad aún no se ha recuperado de ese desastre.
Aunque ví algunas casas nuevas, tanto las calles, como la terminal de
autobuses, se veían afectadas.
Llegué hacia las nueve de la noche. Un viaje de 283
kilómetros que debía hacerse entre cuatro horas y media a cinco lo había
realizado en ocho y media. Ya no había buses para mi destino.
En eso un chico me dice: “¿Va
para Cojimíes?” “Sí”. “Esas dos personas también van y hay un señor que tiene
un coche que les puede llevar”. ¡Qué alegría! Nos pusimos de acuerdo sobre
el precio y nos montamos los tres en el carro. El chófer llamó al chico, le dio
un dólar y alabó la mediación de ese joven que no pasaría de 14 años: “Ese es un busca vida, llegará lejos”,
comentó. Y me quedé pensado sobre ello un buen rato.

Llegué a Cojimíes hacia las nueve y media de la noche.
Encontré pronto el hotel, me dieron habitación y me dispuse a encontrar un
lugar abierto para cenar paseando por la calles embarradas y oscuras de un
lugar que se me antojaba pequeño y casi sin población. Lo encontré. Bastante
bien. Y así terminó este viaje de ida que me va a permitir conocer una parte de
Ecuador que me faltaba visitar.
Cojimíes es una parroquia rural de Perdernales que sería la
cabecera municipal.
En realidad es que es un pueblecito de pescadores situados en
la punta de una península estrecha y paralela a la costa en la que se ha ido introducido
el turismo por la calidad de su larga playa cubierta por una larga hilera de
palmeras de coco.

Así puedo conocer mejor el medio en el que me muevo. Ir a
comer dónde comen la gente del pueblo es un placer para mí.
Aquí es muy apreciado
el “Encocado”, lo que en Guatemala le llaman “tapado”, que es una sopa de
mariscos y pescado con leche de coco. ¡Extraordinario! ¡Una delicia del
paladar! O la magnífica tortilla de camarones (gambas) o las langosta que están
realmente a muy bien precio.


Esta será mi última salida aquí en Ecuador. Con ella cerraré
un periodo de mi vida inesperado, intenso, gratificante, lleno de nuevas tareas
y experiencias.
Y hasta siempre Ecuador
La tarea para la que vine ha sido
realizada. La puesta en práctica depende de las nuevas autoridades educativas
del país. Quizás tarde en concretarse. No puedo quedarme aquí para ver si se
realiza o no.
La opinión generalizada es que va a hacer pero aún no se ha concretado y quizás no sea exactamente como se había
pensado o como yo me había imaginado. Por lo tanto no es cuestión de quedarse. Mi
informe sé que ha sido valorado y que se tendrá en cuenta. Espero que los
siguientes pasos en la formación de
rectores de las Unidades Educativas sean positivos.

“Hasta la próxima, primero Dios”