
Le contesté: dormir mucho, cabrearme lo mínimo y no tener reloj. Y le añadí: tener encuentro con los amigos como el que habíamos tenido hacía dos días.

También es verdad que valoro mucho el silencio que me ofrece el vivir aquí. Me encanta el silencio en el interior de la casa y el de las terrazas; el suave silencio de la ribera y de las ramas de los árboles del bosque de galería; el silencio de los campos, de los caminos...
El silencio me fortifica, ya que es una oración íntima en la que como creyente ofrezco a Dios lo que vivo. Con razón algunas comunidades monásticas lo viven como algo esencial en sus vidas. Y cuando se tienen retiros o ejercicios espirituales se pide que se vivan en silencio.
He encontrado unas frases sobre el silencio con las que me identifico:

* "El silencio es el único amigo que jamás traiciona." Esto lo dijo Confusio hace más 2500 años. Recuerdo que se suele decir que no rompas el silencio si lo que vas a decir no lo mejora. Saber mantenerse en silencio cuesta a veces más que utilizar la palabra. Se puede llamar a eso el "arte de mantener la boca cerrada".
Siempre recuerdo una frase que dicen que estaba escrita en las paredes de un monasterio en ruina en Irlanda: "Procura que tus palabras sean frescas y verdes por si al final de la jornada te las tuviera que tragar".

* "Los ríos más profundos son siempre lo más silenciosos". Es la reflexión que hacía a principio de nuestra era el historiador latino Quintus Curtius Rufus. Quizás el charlatán pierde toda su energía con sus peroratas. Y el contenido de sus mensaje no dejan de ser superficiales. Además, ¿cuantas veces rompemos el silencio para hablar de cosas y de otros que no sirven para nada ni ayuda a nadie?
* Hay tres cosas que no pueden volver atrás: la flecha lanzada, la palabra pronunciada y la oportunidad perdida. Permanecer en silencio, escuchar, pensar, es siempre una oportunidad para reaccionar. Por ello a veces hay que contar hasta diez para que no nos tengamos que arrepentir de lo que hemos dicho.
Admiro mucho, y creo que en general todo el mundo lo hace, a aquellas personas que, aún teniendo mucho que decir, mantienen una actitud de escucha y respeto hacia la opinión de los otros.

Sólo se debe romper el silencio cuando desde él se ha observado y sentido la injusticia contra uno u otras personas. Levantar la voz es en este caso ser un bienaventurado.
Con ocasión de mi cumpleaños he tenido la oportunidad de celebrarlos con amigos tanto de aquí de San Nicolás como de otros sitios. Las fotos que acompañan este escrito pertenecen a esos encuentros.
¡Gracias a todos los que asistieron!


Sólo se debe romper el silencio cuando desde él se ha observado y sentido la injusticia contra uno u otras personas. Levantar la voz es en este caso ser un bienaventurado.

¡Gracias a todos los que asistieron!

¡Hasta la próxima, si Dios quiere!